jueves, mayo 21, 2009

La oligarquía colombiana mira hacia el precipicio


La oligarquía colombiana está a un pasito de cometer un error histórico: designar a Juan Manuel Santos como candidato y eventual sucesor de Uribe.

Si termina de darlo, su indiscutible y mejor oponente será la emblemática senadora Piedad Córdoba, quien ante Santos irá estrechando día a día sus posibilidades hasta desplazarlo y ganar la presidencia de Colombia, para asombro mundial.

Porque con Santos, la oligarquía estará fecundando el ambiente óptimo para Córdoba: una polarización incendiaria.

Santos, un belicista confeso y practicante, enemigo abierto de Chávez y Venezuela y por inevitable extensión de Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Cuba, Honduras, ahora El Salvador, no muy amigable con Uruguay y Paraguay e incluso tampoco con Brasil y Argentina, quedará expuesto en su dimensión exacta ante el pueblo colombiano, es decir, un obcecado rival de los procesos de cambios que se vienen reproduciendo en América Latina, diferente de Uribe, un delfín del imperio que se cuida de las formas y hasta sabe camuflarse de chavista y de ¡fidelista! Santos no podrá hacer algo semejante, y un discurso demagógico y oportunista hacia los pobres resultará simplemente indigerible.

Por la propia dinámica, su contendora más formidable será Piedad Córdoba, sin duda la voz más consistente que se ha manifestado contra Uribe, pero al mismo tiempo quien mejor se ha identificado con Chávez y con lo que ha venido ocurriendo en estos diez años en el territorio latinoamericano. Con Santos y Piedad no habrá matices: blanco o negro (literalmente, así que el racismo también recrudecerá en una sociedad cuyo cogollo últimamente ha venido creyéndose sueco).

Y la opción de victoria de la senadora está fundamentada en el hecho de que Uribe ha reclamado para su gobierno logros de diversas índoles, principalmente de orden político en su combate con la FARC, pero nunca se la ha oído esgrimir la disminución de la enorme pobreza, que como arma secreta operará como un monstruo salido de la entrañas de una sociedad abatida por el capitalismo salvaje. Piedad, a diferencia, es una hija y genuina representativa de la pobreza colombiana y a ella encarna.

Así como Uribe se escondió siempre en recovecos para no reconocerse de derecha, lo propio ocurrió en la izquierda, que frustró ilusiones en las personas de Antonio Navarro Wolf y Gustavo Petro (ambos del M-19), quienes fueron tragados por un sistema con el que pretendieron convivir para sobrevivir. Así que un portazo del anquilosado Polo Democrático a Piedad, es conveniente para ella y para los pueblos latinos, porque ella tiene que significar lo inaudito.

No dejará la reacción, en todo momento, de asociarla a Chávez y acusarla de estar financiada por Venezuela. Peor para ellos, pues la misma oligarquía introducirá a Chávez en el sentir de un pueblo hermano que, transcurridos diez años, ya está suficientemente enterado de los beneficios de la Revolución Bolivariana.

Pero la victoria de Piedad no ocurrirá el día de la elección, probablemente ocurra antes, cuando la oligarquía colombiana asocie indiscriminada a Piedad con la FARC, organización de la que cabe suponer un aporte memorable: en plena campaña electoral anunciar su desmovilización y el fin de la guerra colombiana en homenaje a la candidatura de Piedad, acción que dejaría sin bandera al guerrerista Santos. Porque Piedad es una extensión política de los propósitos de las FARC, en más de 50 años de resistencia.

Con Colombia, quedará también sellado el destino de un México con Manuel López Obrador como presidente –siempre que se alinee mejor con lo que ocurre en América Latina- y ni se diga en Perú, donde Ollanta Humala arribará al poder en forma automática. Luego el continente quedará preparado para surcar el atlántico.

(Chile es una burbuja de acero forjada en dictadura y por tanto los chilenos han de enfrentarse solos al demonio. Quizá les convenga de cara al porvenir escoger a Piñera).

jueves, mayo 14, 2009

Mensajitos del tipo 256


Ustedes habrán notado que desde hace un tiempito en la parte inferior de la pantalla de Venezolana de Televisión ruedan mensajitos que el pueblo envía durante la programación del canal. El número al que debe comprarse el derecho a la opinión siempre es el mismo, en el caso de VTV el 256, y la palabra a enviar dependerá de la hora y del programa de turno. Por ejemplo, cuando es Tania Díaz quien lleva la voz cantante, entonces usted antecede la palabra “dando” a su opinión y listo, siéntase realizado después de haber pagado 0,50 más básico, más iva. Como si VTV no tuviera presupuesto nacional para darse este lujo de traficar la opinión.

Entiendo, en todo caso, que quienes se lucran no son los periodistas de turno. Es decir, no me imagino a Tania pasando por caja a ver cuánto le toca por la cantidad de mensajes que se recibieron mientras ella se abnegaba frente a la pantalla. Y así con todos: tampoco creo que María Teresa se meta ni medio con ese sistema ni mucho menos Vanessa (a lo mejor Nolia sí). Los reales del pueblo entonces quedan en las arcas del canal. ¿Hay necesidad de pechar al soberano por decir algo?

En fin, que no es de VTV y de sus prácticas mercantiles de quienes quiero hablar. Esta tarde he sido enterado por un amigo que trabaja en la emisora juvenil Activa, del circuito Radio Nacional de Venezuela, de que allí también practican este capitalista oficio de cobrar por derecho a la opinión.

A diferencia de VTV, donde las anclas no se llevan medio del festín en tanto que figuran en una nómina que les asigna el canal, está bien que en Activa de Radio Nacional se cobre por el fulanito mensaje, pero está muy mal que la radio se embolsille el botín.

Por una humilde razón: la programación de Activa está conformada en su mayoría por productores independientes, gente pujante que no está en la nómina y a la que no le dan ni para pagar la camionetica. No, si quieren ganarse algo, los productores independientes deben irse a las instituciones públicas a rogar una pauta antes de que les tiren las puertas en las narices.

Y así ha estado mucha gente: años esperando que la emisora les pase un bolívar. A mí se me ocurre que sería tremendamente justo si Radio Nacional llega y dice que quienes sean productores independientes y no tengan cuñas, pues que sus ingresos estén constituidos por la facturación en mensajitos que se produzca en el tiempo en que dura el programa de cada uno. Esto no solamente es justo, sino que tampoco arruina a una emisora subsidiada por el Estado.

A todas estas, no entiendo cómo los productores independientes comecables no han hecho una causa común en esto de reclamar los reales que ingresan a la radio producto de sus esfuerzos y talentos.

Productores que pelan bolas en las emisoras del Estado, uníos.

Dense el gusto de al menos escuchar a nuestros jerarcas radiales decir que no es posible distribuir el cobro que realizan al pueblo por opinar, que dónde se ha visto eso.

Bueno, y aquellas emisoras comunitarias y/o alternativas que no reciben pasta del Gobierno, hijos, implementen tales mensajerías para que quienes trabajan con ustedes al micrófono se ganen al menos dos lochas. Quizá las comunidades respectivas se solidaricen y diezmen a favor de quienes sostienen la programación.

domingo, mayo 03, 2009

BANDA SONORA


Como a ustedes, me va mejor cuando escribo con mi propia banda sonora como fondo cerebral.

Escribir mientras escucho mi selección musical me concede una sensación de agonía, de quiebre, de quema de nave, de entrada a una dimensión alejada de toda realidad.Escribir con musiquita, casi siempre nos traslada a un mundo cósmico.

Me ha vuelto a suceder esta tarde, mientras por el chat converso con el juglar Rubén Blandes tratando de hacer un viaje de su alma política. Mientras discurre la cháchara –cháchara a la que Rubén le hurta el cuerpo- hago que se repita sin cansancio el número “El padre Antonio y su monaguillo Andrés”, una canción que desde la primera vez me ha causado instintiva indignación por ser una historia que si bien en las primeras no supe que era basada en hechos reales, me bastaba saber que un cura bueno había sido asesinado para llorar internamente de la arrechera.

Hoy mientras la escucho insistentemente al tiempo que con Rubén jugamos al gato y al ratón, me percató de una consigna soltada por el poeta como epílogo de su denuncia: “Aquí matan a la gente, pero no a la idea”.

Este desgarre de Rubén me remontó al justo instante en que sentí que la rebeldía podía ser una buena causa. Comenzaban los 90 y en la Universidad de Carabobo, en la pared de entrada que daba hacia las aulas de Educación poco después de traspasar el arco universitario, me topé con un graffiti cuyo mensaje estribaba en un espeluznante canto de lucha: “Podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera”.

Leí aquella vaina y me quedé un rato contemplándola. Me sentí importante y que me quedé con la frase y la plagié tantísimas veces en tantísimos intentos de amoríos. Eran aquellos tiempos no tan remotos en que las policías mataban impunemente a los estudiantes y poquísimas las sotanas que salían a batirse en defensa de la juventud masacrada.

Así que trataba infructuosamente de que Rubén me dijera si todavía él se consideraba un hombre de izquierda, o que si luego de cinco años de servicio público consideraba que había servido a un proyecto reivindicador de los escoñetados de América Latina y el mundo (tiene en marcha su cuenta regresiva de los días que le faltan para deshacerse del compromiso patrio).

Se va por las ramas ante la inquisición. No piso acelerador, de puro comprensivo, pues Rubén emprendió gira y hará parada en Venezuela (está confirmada Barquisimeto) y es algo lógico que quiera evitar los pantanos.

Si me hubiera dado el dedo, le agarro todo el brazo y lo encallejono pretendiendo saber si aquel alegre cantante de los 80 que fustigaba al tiburón que se acercaba a una orilla en la que solo se hablaba español; si el poeta que se lamentaba que en lugar del sol amaneciera un dólar; nada menos que el cantante de "Plantación Adentro"… de haberse presentado la ocasión yo le hubiera preguntado si aquel muchacho insolente había muerto devenido en esquirol del salvaje capitalismo. Pero supo aguantar el swing ante las curvitas afuera. Se guarda su opinión sobre la Revolución Bolivariana (hace rato que tira piedras hacia Cuba).

Busqué otros atajos para sostener la cordialidad. Hace unos cuatro o cinco años que ando asido del acertijo que habita la canción “Amor y control”. Allí está la clave de un ejercicio narrativo que me tengo prometido. La pista está en lamento que parece decir algo así como you, nuuu, un falsete, un quiebre de voz que quiere transmitir dolor del alma. Sigo en esta cacería, algún día se sabrá de la jornada.

Mientras me distraigo en elucubraciones, Rubén se me ha escapado del chat. Se desapareció metiendo las mismas zancadas del mítico Pedro Navaja. Por cierto, ¿en qué país andará hoy prófugo Pedro Navaja? ¿O se habrá metido a paramilitar?