lunes, junio 25, 2007

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

Desde 1999, casualmente, existen los artículos 57 y 58 en la Constitución Nacional. Ocho años después, se mantienen inasibles, casi abstractos, porque los honorables diputados de la Asamblea Nacional, muchos de ellos consumados periodistas, no le han dado pista de aterrizaje a algo que, a juzgar por los hechos, no tiene la menor importancia para ellos (y por representatividad supondrán que no la tiene para el país).

Así que Venezuela sigue dependiendo de una Ley de Periodismo anacrónica en todas sus formas y anti revolucionaria en su filosofía excluyente, elitesca.

Comenzando por el propio enunciado de la Ley (Ley de Periodismo), que obvia una realidad tan ineludible como que en Venezuela no hay Escuelas de Periodismo sino de Comunicación Social (situación también contradictoria, pues los periodistas no comunican sino que informan). De modo que si quisiéramos dejar la actual ley tal como es, al menos deberíamos llamarla Ley de la Comunicación Social. La Ley de Periodismo excluye a aquellos que siendo egresados de las universidades, no ofician el periodismo. No tiene, pues, anclaje constitucional lo que hoy conocemos como Ley de Periodismo, lo que sería el primer detalle a corregir y excusa potente para que redactemos una nueva que sean tan, pero tan amplia, que gracias a Dios.

La actual Ley de Periodismo tiene las mismas nociones represivas que el demolido Código Orgánico Procesal Penal (COPP), es decir, el agresor es inocente hasta que el inocente demuestre que es inocente y que el otro es el verdadero culpable.

Es una ley discrecional. El periodista y el empresario de medios están completamente facultados para facilitar a su libre albedrío y entendimiento de su ética cómo, cuándo, de qué manera (y si acaso) el derecho a réplica, que entendido así es un derecho relativo: existe pero no existe.

Por eso fue que el legislador redactó el artículo 58 de la Constitución Nacional del 99, para ponerle coto a los desmanes. Pero nuestros periodistas, expertos redactores, no han redactado una ley que instrumente tanto el 58 como el 57, con lo cual incumplen el mandato constitucional, dicho sea de paso. El derecho a réplica de la Ley de Periodismo que tenemos, es un concepto individual que cada periodista venezolano tiene guardado en un cofre.

El artículo 57 se redactó e incluyó en la Carta Magna del 99 como para darle pista a los asambleístas, en el sentido de garantizarle a la población una protección que siempre es vital, pero hoy más que nunca: la libertad de expresión no es un derecho reducido a los periodistas, implica a toda la ciudadanía. Da pena estar recordando esto, pero hay que hacerlo. Libertad de opinar también aplica para todo el mundo. La Ley de Periodismo vigente confisca para sí estos valores tan esenciales para la sociedad, más si está en revolución.

Se suponía que el 57 y 58 constituían las líneas maestras a partir de las cuales se pondría coto al endiosamiento de los periodistas. Así, el presidente Chávez dejaba el balón en el terreno de unos gladiadores con nombre y apellido: Willian Lara, Desirée Santos Amaral, Earle Herrera, Frasco, etc., quienes seguramente debían liderar la redacción de un proyecto de ley del ejercicio del “periodismo”. Parece que estos gladiadores no solamente incumplieron esta misión, sino que José Roberto Duque los denuncia como conspicuos defensores de la actual ley del ejercicio. Dicho de la manera más diáfana: estos legisladores nunca han creído en esos artículos que seguramente defendieron cuando se estructuraba la actual Constitución Nacional. Así de desolador está el panorama. El non plus ultra del chavismo no sólo ha dejado de promover una nueva ley, sino que, por contrario, defiende la actual. Por lo menos deberíamos debatir tales diferencias…¿debate? Palabra innombrable en el patio.

Tanta es la desolación, que nadie puede entender cabalmente hoy qué es libertad de expresión. Incluso los dignos estudiantes de la oposición la entienden como el hecho de que haya medios de comunicación privados al servicio de ellos. ¿No está en deuda el diputado Lara, el ideólogo Lara, el ministro Lara, el revolucionario Lara de proponer que el país debata y llegue a consenso sobre qué carrizos es por fin la libertad de expresión, y que si no es mucho pedir también se aclare qué es el derecho de información y el derecho de opinión? Pero que se conceptualice claramente, no que cada quien lo interprete a su gusto y manera.

Si los artículos 57 y 58 hubieran cobrado vida mediante una ley, a cada rato veríamos hermosas escenas de unos tribunales llenos de periodistas defendiendo sus “verdades”. Dicho sea de paso, las escuelas de periodismo, junto a sus estudiantes, autoridades y profesores, entenderán mejor al mundo cuando digieran una verdad fenomenal: los periodistas no están para ofrecerle a sus lectores sacrosantas verdades, sino para ofrecer simples y verificables versiones de los hechos. Así de simple es el oficio. Así nos evitaríamos ver a reporteros desgañitados al decir que a ellos los quieren joder porque dicen la verdad. Dios se queda pendejo. Un dilema universal resuelto con un lagrimeo lastimero.

Defender una verdad debe ser la cosa más sabrosa de hacer. Debe ser como pelar una mandarina madura. ¿Quién no se atreve a defender la verdad en un tribunal? Por eso es que los tribunales deberían estar colmados de causas en las que los reporteros estén señalados de mentir. Pobres mortales, rebatirle la verdad a un periodista. ¿A cuenta de qué puede un ciudadano corriente y vulgar ir a un tribunal y pretender descalificar la verdad del periodista?

Claro que si de verdad se asumiera que nuestra sociedad está inmersa en un proceso de transformación, nuestros legisladores, incluso, no deberían limitarse a darle cuerpo al derecho a réplica, que dejado en papel puede ser un simple saludo a la bandera.

Si fuera una revolución auténtica, el derecho a réplica debería ser una garantía hasta sus últimas consecuencias: hasta ir al tribunal y hacer el ridículo tratando de demostrar que es mentira la verdad del periodista.

A este respecto, ¿en la misma ley donde venga metido el artículo 57 no debería venir acompañado por una Defensoría Pública de Usuarios de Medios? Sí, sí, un organismo más o menos con el mismo perfil de la Defensoría Pública, mejorando lo presente.

Mira, que el periodista fulano dijo algo de mí que no es verdad, o informó algo sobre mi comunidad o de mi trabajo que tampoco es verdad. Listo, señor, se le ayuda redactar una réplica y con acuse de recibo se le manda al periodista, quien según el 57 debería darle la misma extensión y ubicación, además de disponer de un plazo perentorio para hacerlo.

Que se incumplió una o todas estas condiciones. Ni más faltaba: la Defensoría Pública de Usuarios de Medios tiene abogados que en nombre del ciudadano lesionado hará el respectivo reclamo en tribunales. Lo demás es sencillo: el periodista va y presenta su verdad ante el juez. Con la verdad uno va hasta el infierno a meársele en la cara al diablo.

Una nueva ley, para finalizar, adicionalmente serviría para descrimilanizar a los criminalizados: a los miles de periodistas alternativos que andan batiendo el cobre por todos los espacios del país.

La propia ley, al tiempo que los licencia, también los compromete, porque mucho se me hace que gran parte del periodismo alternativo se está practicando irresponsablemente porque, precisamente, no se sienten determinados por una ley, en tanto todo les está dado y permitido.

Los periodistas alternativos tienen que ser legitimados en una nueva ley que los saque del limbo, que los exponga en sus responsabilidades sociales (el periodismo equilibrado es una responsabilidad social, digo yo).

domingo, junio 24, 2007

¿Alguien ha visto por ahí a la libertad de expresión de Mingo?

Ahora que está de moda que todos aboguemos por la libertad de expresión, ¿alguno de ustedes ha visto por ahí a la libertad de expresión del periodista Mingo? Está perdida desde una triste mañana en que el periodista hizo uso de ella y todo el país lo supo por una grabación ilegal en la que expresaba dos solemnes pendejadas contra Ramos Allup y el propio concesionario de esa libertad: Alberto Federico Ravell. Es una desaparición atípica. Desapareció y nadie se percató. Nadie la reportó. Nadie la denunció. Nadie salió a reclamar por esa libertad de expresión extraviada. De hecho, ni Mingo pegó lecos de reclamo ni el gremio periodístico venezolano dijo esta boca es mía. Mingo no convocó ninguna solidaridad y ni a una piche marchita hizo. Ningún estudiante lanzó un epitafio por tan penosa desaparición que el tiempo ha convertido en muerte, más bien en asesinato.

Y eso que Mingo es un furibundo antichavista. Le mutilaron no solamente su libertad de expresión, que ejercía en su programa mañanero, sino incluso la libertad de opinión, pues fueron precisamente las opiniones contra Ramos Allup y Ravell lo que le mereció la expatriación, ¿o no era Globovisión su patria, razón de ser de todas sus batallas mediáticas?). Ahora resulta que el autor intelectual de ese asesinato anda pegándose golpes en el pecho y arengando a los estudiantes a tomar las calles, situación verdaderamente patética, porque esta clase de estudiantes no tiene experiencia ni necesidad de este tipo de luchas. Necesitan un buen rato de más calle.

Entre todo, aquí quienes más se exponen al ridículo son los periodistas. Lo hacen cuando se rasgan las vestiduras por una libertad de expresión de la que en la realidad están lejos de ser propietarios.
Los periodistas no son más que títeres de los verdaderos dueños de la libertad de expresión. Confunden, además, libertad de informar con libertad de expresión. Para expresarse no es necesaria una planta televisiva. Para informar tampoco. Y mucho menos en estos tiempos de revolución tecnológica.
Es una pena que la crisis desatada por el caso RCTV no haya sido más bien utilizada por los periodistas (quienes han podido asumir la batuta del liderazgo de la crisis en provecho del gremio y del país) para sincerar las cosas: que los periodistas, que los ciudadanos sean los auténticos propietarios de esas libertades que se reclaman (con la debida paradoja de denunciar la falta de libertades por medio de todas las pantallas). Con el caso de Mingo, se perdió una magnífica oportunidad para eternizar un slogan protector: "Mingo somos todos".

Lo menos que hubieran podido lograr los periodistas, era capitalizar este sentimiento para crear un movimiento que se consolidara en el tiempo y que impidiera los despidos alegres e injustificados.
¿Que botaron a un periodista sin justificación, apenas porque no era políticamente correcto? Bueno, enseguida se producen marchas estupendas que restituyan el daño causado. Enseguida Globovisión se encadena y los estudiantes de la UCAB y la Metropolitana inician vertiginosas y espectaculares guarimbas. La SIP se pronuncia y el parlamento europeo pega el grito en el cielo. Pero no.
Los periodistas, como siempre, alzan su voz para defender a los amos, nunca para defender a un colega. ¿Alguna vez reseñó Globovisión la crisis registrada en el diario El Globo? Pero qué pregunta.
Lo mínimo que han podido lograr los periodistas venezolanos de esta hora, es reclamarle enérgicamente, incluso con huelga masiva e indefinida de por medio, tanto a los periodistas chavistas y antichavistas, que se dediquen a intentar hacer periodismo y cero militancia. Con que se lograra un poco más de anonimato en el ejercicio de la profesión sería suficiente.

lunes, abril 23, 2007

La tragedia de San Fernando de Atabapo

En 1998, quizás en 1999 (no preciso el año, pudo tal vez ser en 2001 ó 2002), ocurrió una tragedia área en San Fernando de Atabapo, región del estado Amazonas habitada esencialmente por indígenas venezolanos.

Un avión que movilizaba a lugareños de San Fernando de Atabapo hasta la capital Puerto Ayacucho, se precipitó contra un tepuy. Las primeras versiones de las autoridades de Aeronáutica Civil, como es norma, se limitaban a reportar la desaparición de la aeronave y a acuñar que se había emprendido la búsqueda.

Por entonces, yo era un desorientado reportero de sucesos, y como quiera que la Fuerza Armada ofreciera trasladar a los periodistas desde Caracas para darle cobertura a la búsqueda afanosa que se hacía de la avioneta, junto al fotógrafo con el que por entonces hacía yunta, me enrumbé hacia San Fernando de Atabapo.

Aterrizamos en un auténtico peladero de chivo y nos adentramos en el pueblito indígena, donde la percepción de la muerte no es la misma que se tiene en otras civilizaciones. Había mucha normalidad en la zona, como que si estuvieran seguros de que los pasajeros aparecerían vivos en cualquier momento. Al final de la tarde debíamos decidir si regresar en el mismo avión o quedarnos y meternos a exploradores en aquella infinita selva amazonense en la que se estaba buscando a la avioneta y a los pasajeros.

Cobardes ante toda incertidumbre, como buenos periodistas, decidimos regresar esa misma tarde a Caracas. Traíamos testimonios y contactos de casi todos los familiares y amigos de los pasajeros desaparecidos.

A los tres o cuatro días, las autoridades informaron sobre la localización de los restos de la avioneta y de los pasajeros. Una adolescente de 12 ó 13 años fue la única sobreviviente. Pensando con la mezquinad que caracteriza al reportero policial, se nos hinchó el hígado de la rabia por la falta de voluntad al regresarnos el mismo día aquel de San Fernando de Atabapo, en lugar de quedarnos y darle cobertura exclusiva a la versión de la niña sobreviviente.

Por teléfono, un familiar de la adolescente me informó que inicialmente se había salvado un niño de algunos 10 años, pero murió a los dos días, pues la niña debió forzar el desplazamiento del lugar del accidente porque el niño le tenía pánico a los cadáveres y en las noches le entraban ataques de histerias porque, presumiblemente y según se infería de la narración de la adolescente, era acosado por los fantasmas. El haberse movilizado, por decisión de la joven, le costó la vida, porque no aguantó la fatiga y la falta de alimentación y murió. Dos días de después de ubicar la avioneta hecha trizas, los helicópteros de búsqueda detectaron sobre una gran roca pulida a la jovencita que se había distanciado más de 50 kilómetros del sitio.

No recuerdo las razones, pero una vez que la localizaron, la niña fue trasladada al hospital Pérez Carreño, en Caracas. Estaba deshidratada y con lesiones en los brazos y piernas, producto del ataque de insectos carnívoros.

Mi por entonces jefa quería que yo le sacara el hueso a la muchachita, y me ladillaba decididamente para que instalara una carpa en el Pérez Carreño y reportara todo de la jovencita. Me trasladé, pero me dediqué a merodear por las instalaciones del hospital sin pretender de verdad morbosear con el caso. Y así llegaba a la redacción, con las fábulas colosales de cómo los vigilantes se habían dedicado como perros sabuesos a impedir mi acercamiento al hospital.

Hasta que un día El Universal amaneció con rolo e primicia de una entrevista que una periodista anciana le había hecho a la muchachita. Era verdad que estaba restringido todo acceso a la sobreviviente, pero la sexagenaria le mojó la mano a una enfermera y así logró cinco minutos de conversación insustancial. En verdad la nota era escueta, no aportaba nada. Pero constituyó un tubazo.

Un familiar de la adolescente me había dejado saber días antes que ella, al saber que se aproximaba la desgracia de la avioneta, se aferró a la Biblia que llevaba consigo. Una vez estrellada la avioneta, lo único que ella no soltó sino que por el contrario a la aferró a su pecho fue la Biblia. Al ser rescatada, lo único que llevaba consigo era la Biblia. Yo, novato hasta los huesos, no había detectado en ello el diamante que sin duda era.

Como el primer día me resultó imposible colarme hasta la habitación de la paciente, porque ese día había sido sometida a una pequeña cirugía reconstructiva en una mano, regresé a la redacción sin saber qué excusas poner sobre la mesa de mi jefa. Con una desesperación contenida, expuse que la mamá de la niña me había relatado lo de la Biblia. Los ojos de mi jefa adquirieron el mismo brillo de un diamante trabajado. En el periódico todos comimos bien durante al menos tres días con aquella anécdota celestial.

Pero el hambre es imperecedera y al cuarto día regresé a la habitación acompañado del fotógrafo con el que había viajado a San Fernando de Atabapo.

Desde el pasillo detecté la habitación donde se alojaba la paciente, pero como yo no era tan audaz me paralizaba y no intentaba acercarme hasta la jovencita, diferente al fotógrafo, que entró como si nada y le hizo cuanta foto quiso y la puso a posar. Ello me comprometía, porque no podía regresar a la redacción con fotos pero sin testimonios.

Dale, está ahí papita, me hostiga el fotógrafo. Yo ponía cara de tranquilidad y le decía que sí, que yo sabía, que entraría cuando quisiera, pero que estaba en el pasillo esperando a un familiar que me había pedido que lo esperara porque me tenía que contar algo. Yo veía entrar enfermeras y médicos a la habitación y me entraba un frío al hígado. Me hacía la figuración visual del médico sosteniéndome por el cuello de la camisa y echándome de una patada en el culo. Yo era un reportero policial excepcional que cuidaba el pundonor.

Por teléfono, un tío de la muchacha me había dicho que su sobrina cumplía año al día siguiente. Naturalmente que yo en ello no detectaba ningún filón. Paralizado como estaba en el pasillo del hospital, me llamó mi jefa contentísima porque el fotógrafo la había llamado para decirle que tenía unas fotos arrechísimas, y que confiaba en que yo llevaría una crónica del coño.

O entraba o me botaban. Le hice señas al fotógrafo para que se me acercara y le pregunté que si me podía escoltar mientras yo entrevistaba a Noris (¡carajo, hasta que me acuerdo del nombre de la chiquilla!). Pasó conmigo a la habitación y no sudaba como yo. La mamá, cómplice en solidaridad por el viaje a San Fernando de Atabapo y la cobertura continua del caso, me dijo que no tardara más de cinco minutos, que era el tiempo que ella tenía calculado para el regreso del médico. Alelado ante la adolescente que me miraba entre extrañada y sonriente, sólo pude prender mi pequeño grabador y recordarle que mañana cumplía año. “¿Qué te gustaría que te regalaran?”, pregunté yo, esperando una frase que sin haberla siquiera oído, ya me la imaginaba en la posición estelar de la portada del periódico.

Como ella interpretó que yo era amigo de su mamá y de su familia antes que reportero, activó el pensamiento y en unos quince segundos soltó una ocurrencia que nos dejó a mí y al fotógrafo en trance de carraspear.
-¡Yo quiero que USTEDES me regalen una computadora para hacer mis tareas y escribir mis cuentos!

La mamá, tías y tíos y parientes enfocaron hacia mi rostro y el del fotógrafo en un primer plano cerradísimo. No estaban dispuestos a transigir, estaban esperando una respuesta de nosotros, pero no una respuesta cualquiera, estaban esperando que sacáramos la chequera o al menos que dijéramos espérame aquí un momentico mientras la voy a comprar.

-¿Una computadora, Noris?-, acoté yo, como dándole pista para que continuara con su testimonial.

Incólume, como si hubiera estado entrenando junto a su familia para afrontar el momento, dijo llenando de emoción su monosílabo: “Sí”. Todas las miradas sobre nosotros esperando una solución.

“Yo te la voy a conseguir”, se me salió sola la promesa. Y el júbilo desatado en la habitación no hay manera de describirlo. Sólo entonces siguió Noris relatando su odisea y de su creencia en Dios y la Biblia. Tenía buen material para una semana, pero una carga sobre las espaldas que no sabía cómo iba a resolver, porque sobra decir que los periodistas son los profesionales peor pagados de Venezuela y ni al cine tienen para llevar a sus jevas.

Llamé a mi jefa y luego de agotarle todo el relato del buen material que había logrado conseguir, le dije que si el periódico no podía hacer algo para ayudar a Noris a conseguir… “Tú sí eres marico”, me reclamó mi buena jefa.

Me despedí apesadumbrado de Noris y los suyos. Escribí páginas enteras durante dos días y me estaba haciendo el loco con la promesa. Pero el tío de Noris me llamó y me la puso y ella me preguntó por su bendita computadora. La saludé amigablemente y le dije que el día siguiente iría con buenas noticias.

Me planté ante mi jefa y le dije que ya no podía más con esa carga de conciencia. Ella, pragmática como la más grande hija de puta del periodismo nacional, puso cara de fastidiada y dijo que le pidiera a la mamá de la niña un número de cuenta bancario para que los lectores del periódico hicieran un gesto de buena voluntad y me sacaran a mí del apuro.

Ese día llegué al hospital con una sonrisa de largo a largo. Fui franco diciéndoles que yo no tenía ni dónde caerme muerto, pero que había convencido a los dueños del periódico para hacer una colecta pública que diera para comprar la computadora de Noris.

Ninguna algarabía, caras desconcertadas era lo había tras mi noticia. Los indígenas no se relacionan con la banca comercial y por eso no entendían las bondades del plan. Les expliqué detalladamente y me hicieron entender que sí, que entendían mi buena voluntad, pero que igual ellos no habían entrado a un banco nunca.

Les propuse que autorizaran colocar el número de cuenta del fotógrafo, y que escribiría que era tío de Noris. Hecho.

En las siguientes tres crónicas me esmero para estremecer a los lectores de principio a fin, y al final apelaba al buen corazón de ellos invitándolos a colaborar con el sueño de Noris depositando lo que el corazón les dictara en la cuenta corriente tal y tal.

Se necesitaba un millón de bolívares, pero en una semana en la cuenta del fotógrafo habían depositado diez millones de bolívares. Acordé asociarme con el fotógrafo en la división de esos ingresos y así hicimos: compramos la computadora de Noris y muchos libros y ropa para ella. Un mes después de su llegada a Caracas, la estábamos despidiendo en el aeropuerto de Maiquetía junto a todos sus familiares. Ya por entonces los ingresos superaran los 30 millones. El fotógrafo alquiló un apartamento y yo también. El fotógrafo compró un carro de agencia y yo también. El fotógrafo comenzó a darse vida y yo a imitarlo.

Dos años después la cuenta del fotógrafo seguía recibiendo ingresos. Se mudó a España a hacer los mejores cursos de fotografía. Le había perdido la pista, pero la semana pasada me escribió un email diciéndome que acaba de chequear por internet su número de cuenta que daba por cancelado por falta de movilidad. Tiene muchos depósitos que alcanzan los 10 millones de bolívares.

Pedí mi parte. Aceptó dármela. Acordamos que yo llamara a la familia de Noris para mandarle una laptop con señal satelital a San Fernando de Atabapo.

lunes, abril 16, 2007

Al diablo las mujeres

¿Por qué tiene que celebrarse un Día Internacional de la Mujer y no del perro Dálmata, por ejemplo?

¿Quién ha inventado esta novedosa feminidad que debe ser recordada cual bandera o fecha patria al menos una vez al año? O dicho de manera más precisa ¿qué es lo que se rememora? ¿qué tienen de particular las mujeres, a la hora de festejar algo, como no sea la muy específica y adecuada conformación de su aparato reproductivo, alguna anchura pectoral más o menos característica y cierta manera convexa de sentir el mundo, según se desprende de lo que han elaborado, escrito, compuesto, pintado y esculpido a lo largo de la historia?

Muy otra cosa sería si los autores de semejante retórica nos convocasen a celebrar con la dignidad del caso el Día Internacional de la Mujer mal pagada, el Día Internacional de la Mujer torturada o subestimada o envilecida o pateada como tantas en el mundo, vale decir, algo que acompañe y convierta en reclamo o en justa causa una simple definición sexual que por sí sola no significa nada ni en ella ni en el macho de la especie ni el transido a mitad de camino ni en los camellos. De otra manera estaríamos destinando nada menos que un día de los indispensables trescientos sesenta y cinco a recordar lo que no es más que corrientísimo estado biológico tan frecuente como el agua, algo así como el día internacional de las tetas o el cumpleaños de las trompas de Falopio, siempre allí, gracias al cielo.

Si alguna reyerta me anima con ese engendro cultural denominado feminismo, casi tan ridículo como el machismo, es esta continua y humillante recordadera de la mujer convertida en entidad digna de asombro por causas tan insensatas como ejercer el deporte, la literatura, el deporte, la política o la gerencia administrativa. ¡Ellas también lo hacen! parece ser la consigna milagrosa Es como si Virginia Wolf o la señora Yourcennar merecieran una loa no tanto por el formidable genio que revelan en sus libros, sino porque además de talentosísimas, carecen de barba y piripicho. Es al mismo tiempo, el asombro del sapiens ante el homo capaz de redactar una línea de honrada escritura: no tanto lo que escrito que puede ser cualquier basura, sino la particular escala zoológica desde donde esa basura es concebida. Así cuando una mujer salta o corre o patea en cualquier cancha, se escucha infalible la voz del comentarista deportivo que nos recuerda casi de inmediato la condición milagrosa de tales hazañas ya no medidas en términos de cronómetro o marca sino desde la perspectiva de un útero mental capaz de hacerlas especiales o insólitas. ¡Miren a Gail Devers, como corre los cien metros en 10 segundos y 82 décimas, a pesar de que nada le cuelga entre las piernas! ¡Allí está Maritza Marten que acaba de lanzar el disco, nada menos que a 70 metros y 6 centímetros, tetas aparte! ¡Observen la fuerza y increíble fiereza de Almudena Muñoz cuando ha ganado en este preciso instante la medalla de oro en Judo Olímpico, con todo y que cada veintiocho días renueva sus óvulos la pobrecilla! Y sin embargo valdría la pena decir que quien esto escribe ha recibido sin la menor excusa olímpica, algunos puñetazos en su vida antes de que le digan maestro, pero ninguno como lo que me atizó una rubicunda dama por cierto inconveniente melancólico que deseo olvidar, no vaya a repetirse.

La sociedad en su afán clasificador ha reservado espacios específicamente femeninos que tienen que ver generalmente con lo caritativo maternal y con lo difusivo artístico. Son las instancias que aburrieron hasta el hartazgo a la emblemática Lady D, mientras estuvo ejerciendo funciones de esposa a cincuenta yardas de la corona: niños hindúes, botulismos africanos, cheques dadivosos y cuartetos de cuerda, pero son al mismo tiempo, conductas casi rituales que suelen identificar a decenas de miles de mujeres cuando participan en tareas ejercidas por los machos dispuestos a reconocer algunos derechos democráticos, como quien dice ¡que vengan también las chicas!

¿Se ha visto algo más desgarrador y fuera de toda noción de estima personal que esas “comisiones femeninas” tan frecuentes en nuestros partidos? ¿Comisiones Femeninas de qué?, me he preguntado siempre. ¿Por qué insólita razón tienen que reunirse unas mujeres y no unas mujeres y unos hombres a comisionar algo capaz de afectar la vida de un partido político donde ambos sexos deberían ejercer las mismas funciones? ¿Qué es lo que debe ser comisionado de manera tan aberrante y contranatural que admite machos bigotudos en las cercanías?

El mito de la inferioridad femenina es el único fundamento que mueve a estos tenaces organizadores del Día Internacional de la Mujer, que es como si dijéramos del enano albino. Son formas de expresar siniestra e hipócritamente todo un catálogo de impedimentos destinados a provocar nada menos que una simple conmiseración genética, como si lo femenino fuese en sí mismo desgracia atávica o hecatombe familiar. En realidad estamos celebrando el Día Internacional del Impedido Hembra, pero no por razones de un brazo que falta o una pierna menos, dignas tal vez de encomio, sino por la simple y rutinaria organización de unos cromosomas que parecen afectar el mismísimo fundamento de la especie humana, según brote un pipí o se extienda una totona.

Así entonces, aparecen los Festivales de Mujeres Cineastas, ¡al diablo con ellos y toquemos madera!, o los Congresos de Mujeres Arquitectos, la Sociedad de Colchones Catastróficos o la fracción femenina de o la Asociación de Damas Católicas, formas grupales que obedecen a dos calamidades, lo primero a lo reporteril per se como agua para el chocolate, vale decir, la mujer hacendosa de la cual se esperan pasteles, mayonesa y precisiones culinarias propias de su sexo siempre y cuando se trate de rutinas y la segunda, a lo espectacular femenino, como esas señoras que hacen películas y se vuelven a la cámara diciéndonos: ¡Mira! ¡Sin manos! ¡Sin pies! ¡Con un ojo menos! ¡Cabeza abajo! ¡Y a pesar de que soy mujer!
Conservo en la memoria un telegrama nada menos que de Lina Wertmuller, deliciosamente comentado por Margot Benacerraf, en ocasión de un Festival de mujeres cineastas a celebrarse en Caracas durante la década de los sesenta y mediante el cual esta laureadísima creadora rechazaba su inclusión en acontecimiento de tan mal agüero. ¿Por qué un Festival de Mujeres Cineastas? Stop. ¿Por qué no celebrar primero un Festival de gorilas cineastas? Stop.

Muy otra cosa es que determinadas mujeres se asocien a la hora de resolver específicos problemas culturales capaces de lesionar, ya no la dignidad de la mujer parcelada, sino la dignidad humana integral, como por ejemplo los infelices pañuelitos islámicos, la escala de remuneración laborales o el uso de pantalones en ciertas comunidades sicilianas donde los machazos suelen dedicarse a pellizcar culos redondos.

Muy distinto, también, a esta reminiscencia de lo femenino notable es el serísimo planteamiento de una honorable teóloga alemana, denunciando el perverso machismo de la iglesia católica que impide a una mujer ser obispo, cura o cardenal o papa como si nada hubiese ocurrido desde los albores de Occidente, allá cuando San Buenaventura confundía pezones con serpientes por razones que vaya usted a saber. Semejante disparate se apoya según nuestra dama, en una especie de pánico menstrual, absolutamente pre-tampax, que ha afectado al Vaticano y la teología desde Tarso hasta el cura párroco de Urachiche, como si esta singular función orgánica fuese obra de maliciosos diablos, porque no otra razón puede derivarse de injusticia tan clamorosa. Tengo para mí y más de una vez lo he expresado que la doctora Alicia Álamo Bartolomé, mujer de mi más alta consideración, habría podido ser un excelente obispo de esos que por méritos van directo al cardenalato y cuidado si al papado, de no existir esta tiniebla que en la iglesia católica confunde lo femenino con lo asistencial monjil. Pero en todo caso, encuentro aquí, como en las ya mencionadas reivindicaciones del salario femenino o en el pago obligatorio de esa ignominia que se llama el ama de casa, esclava sin Monagas que se vislumbre, o esa monstruosa fórmula de nuestros tribunales que identifican el trabajo de la mujer sierva con el eufemismo de “oficios propios de su sexo”, el motivo de una lucha apremiante e indispensable, no contra los hombres, sino en contra de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, machos y hembra, en contra del gobierno fálico o vaginal, en contra de los sindicatos establecidos, Armendáriz o Dolores del Río. Para ello no hace ninguna falta conmemorar el cursilísimo Día Internacional de la Mujer Primate, sino actualizar de manera casi elemental el pensamiento, desde el 1 de Enero hasta el 31 de Diciembre. De no ser así, incurríamos en una coquetería fatua o en la apoteosis fogóos leídos, como si no se hubiese inventado el cortagrasa Brisol.

Para mí y si son esos los derechos que hay que reivindicar, estoy dispuesto a comer en bandejitas de aluminio.

*José Ignacio Cabrujas
El Nacional, 12 de marzo de 1994

miércoles, marzo 14, 2007

El presupuesto no alcanza para Miami

Tengo una amiga maracucha a través de quien le seguía la pista a una amiga suya que, por último, había quedado embarazada del eterno novio al que, finalmente, logró ponerle el lazo después de muchos años de loables empeños.

La amiga de mi amiga tendrá sus 25 años (con una mente adolescente), y tiene una profesión alcanzada pero no ejercida. Ama de casa es su fuerte. Esta amiga tiene una ideología no muy de moda.

La llegada del embarazo fue noticia estelar en su momento. El posterior matrimonio no mucho menos. Primicia nacional cuando hizo saber que, llegada la hora del parto, marcharía a Miami porque primero muerta y gusana que un primigenio adoctrinado. Folclórica la situación, como tantas otras de la contemporaneidad nacional.

Pero lo que sí no tiene lugar en el firmamento es con la que nos vino ahora: ya no parirás en Miami. El niño verá la luz de la vida por primera vez en Panamá. Ajá. ¿Tributo a Rubén Blades?, quise yo jugar al adivinador frente a mi mediadora. Me jugué esa carta pensando en que tal vez nos hallábamos frente a un ser humano exquisito, sublime al límite de la cursilería. Digamos, una historia de Blades con la que se identificó de tal modo que…

No, me ataja rápidamente quien me abastece de la materia prima de esta historia. La verdad verdadera –la que sólo han de conocer los más íntimos- es que al solicitar el presupuesto en las clínicas de Miami, la cotización resultó insufragable para esta chica y este matrimonio clase media (ahora que digo esto último, no sé por qué me acaba de venir al recuerdo la canción Chica Plástico). ¿Se dan cuenta que alguna afinidad tenía que haber?

Y descartado Miami, ¿qué razones operativas, mercantilistas, divinas o celestiales privaron para que Panamá resultara más barato que en Argentina, Brasil o Chile? Ninguna. Suficiente es que el niño no nazca en Venezuela, al menos no en la Venezuela de hoy.

lunes, febrero 12, 2007

Sabana Grande, diez años después (anti.memorias)



A pesar de que vivo prácticamente en el bulevar de Sabana Grande, no había tenido ocasión de irlo a visitar para sentirlo despejado, como hace tantos años, o hace una década, para ser exactos, cuando solía recorrerlo diariamente de punta a punta.

El viernes pasado me dispuse a hacerlo, y arranqué desde Chacaíto con La Previsora como meta. Apenas había caminado algunos metros, cuando frente a Recorland, cerca de la prefectura de El Recreo, lo vi. A pocos metros era prácticamente el mismo, pero la cercanía daba cuenta de un rostro mallugado por los años y la mala vida. Warry She. Así se llama.

Estaba a la entrada de un pequeño centro comercial llamado Metro. Relajado, con cuatro sillas para la clientela, rodeado de matas y con una pared llena de fotos. Sobre una mesa varios libros de Ghandi y Sai Baba. Al momento de mi abordaje estaba atendiendo a un cliente al que le quitó 20 mil bolívares. Esperé que culminara y me acerqué al riguroso saludo de hermanos. Pero mientras yo procuraba ponerle seriedad al reencuentro, Warry She me hablaba absortó sobre su nueva visión de la parasicología. No hubo manera de que contestara cómo estaba su mamá, hermanos y demás parientes y amigos. Seguía hablándome incoherencias astrológicas. Estaba ensayando conmigo, lo sé. Tarotista tracalero que se respete tiene que ensayar recursos y poses de desquiciado, y en este caso Warry se estaba valiendo de su hermano del alma para tirarse una práctica relámpago. Emplazado a la cordura, dijo la locura de que tenía una hija en no sé qué país, y mostró una fotografía de una adolescente que, ciertamente, en nada se le parecía. Estaba relajado, con los pies cruzados sobre la silla y con su indumentaria clásica pero descatalogada. Al cabo de quince infructuosos minutos, hube de irme gracias a que dos mujeres preguntaron cuánto valía el show.

En el año 96, Warry She se llamaba Shazam y estafaba incautos en el callejón La Puñalada (Shazam no sólo porque el nombre tenía pegada para los fines consiguientes, sino porque se apegada algo a la realidad: cada vez que se abría una botella, él aparecía. Más en confianza le mentábamos Chapita, virtud de que cuando no estaba pegado del pico de una botella, estaba en el piso).

A finales de ese año lo conocí, un día que me acerqué el periódico Letras (que operada desde el mismo callejón) para retirar una paca de 100 ejemplares de cuya venta debía quedarme con la mitad y devolver la otra, habiendo cumplido impecablemente el artículo uno del acuerdo, pero hasta el sol de hoy en completa deuda con el artículo dos del buen producto que tuve a bien pregonar a la entrada del metro de Ciudad Universitaria.

Con la curiosidad de gato que tengo para todo acto tumultuario (a partir de dos personas es bueno), me acerqué al loco que le leía las cartas a una mujer frente al hotel Royal.

Ese fue el flechazo de nuestra amistad, que empezó a robustecerse por un hecho de la política. A principios del 98 se produjo la última gran huelga universitaria, lo que puso en peligro la subsistencia de quienes religiosamente hacíamos la cola en el comedor de la UCV. La ausencia del comedor empezó a ser mitigada por Shazam, quien desde las nueve de la mañana llegaba a La Puñalada a levantar los billeticos que permitían la compra de las empanadas que me ayudaban a no convertirme en esqueleto. Y así, la rutina se cumplía incluso los domingos. Las empanadas se repetían en la cena, y eventualmente un buen día alcanzaba hasta para medio pollo.

Creo que las clases de reanudaron después de la Semana Santa del 97, pero yo seguía asistiendo a La Puñalada, con tal fidelidad que algunos compañeros de clases empezaron a regar la bola según la cual yo me la pasaba leyendo las cartas en Sabana Grande (dicho con burlita, claro). Con la llegada del comedor empecé a esparcir mis visitas a Sabana Grande, lo que no desdecía de mi amistad con Shazam, truhán nacido en Trujillo y víctima cotidiana de Policaracas, que por entonces vacunaban sin piedad. Yo hacía de espía, pues mientras Shazam estaba ocupado en La Puñalada estafando a un cliente, yo visteaba por el bulevar a la caza de la cercanía de algún Policaracas hijo de puta.

A finales del 98, cuando ya no iba todos los días al bulevar, dado que me había convertido en el asistente de Leonce, graduando de ese diciembre que había sido designado por sus compañeros para organizar la rumba de graduación, que esa vez se realizó en el C.C.C.T. (estuvo a punto de terminar en tragedia porque en el camino se descubrió que Leonce –niño bien nacido en Terrazas del Club Hípico e hijo dizque de una eminente profesora de la Escuela de Medicina de la UCV- estaba tratando de ganarse cualquier cantidad de real pretendiendo no pagarle a Guaco con el ardid de que la fiesta era de la Escuela de Comunicación Social y no privada, como en realidad era).

Cierta mañana me había correspondido ir a la imprenta Negrín (en la Solano López) a buscar las entradas de la fiesta. No estaban listas y me regresaba a pie a la UCV por el bulevar. Al pasar frente a La Puñalada no vi a Shazam, pero no me preocupé y seguí mi camino. Pero al cruzar frente al Metro (donde hoy se está construyendo el nuevo edificio sede de Cametro), lo encontré esposado, agachado y contra una pared, a merced de un coñitoesumadre de Policaracas de apellido Guariguata, quien a cada rato hacía ademán de darle un pescozá (igualito que cuando Ron Damón, después de darle mamarro e’ coquito a El Chavo, le enseñaba el brazo y le decía “no te doy otro nomás porque…).

Yo no pude hacer menos que sembrarme en el sitio a unos diez metros, creyendo ingenuamente que así adquiría la condición de testigo y que eso me serviría para impedir que a Shazam le cayeran a coñazos.

Guariguata se percató de mi presencia y de mi estrategia y me invitó a circular. Me negué. Insistió. Insistí. Abrió más la boca y entonces inventé que estaba esperando a alguien. La cosa se puse realmente tensa, porque ignorante de la ignorancia de los policías, no creía que una cosa tan caricaturesca como aquella llegara a mayores. Llegó.

Shazam desde luego que se aferró a mi presencia, y le decía a Guariguata que me dejara tranquilo, que yo era estudiante de la UCV (Shazam era de los que creía que eso era una gran vaina, que esa condición infundía respeto. Qué ignorante era Shazam). Guariguata (a quien en el recuerdo jamás he dejado de asociar a un gorila en su fisonomía) agotó la paciencia y ordenó a dos subalternos que me pusieran los ganchos. Yo no podía creerlo y forcejee. Menos podía creer que llamara a una patrulla y que me encaletara junto a Shazam, con rumbo totalmente incierto. Antes de que me metieran en la jaula, le rogué a un chamo con cara de estudiante que pasara por Comunicación Social y dijera que se habían llevado preso a Douglas Bolívar. Me llevé esa ilusión. Me aferré a esa ilusión.

Llegamos a un sitio que por entonces no conocía (muchos años después descubrí que era el cuartel general de Policaracas en la Cota 905). Pensé que la arbitrariedad de Guariguata llegaría hasta allí, que nos reseñarían, nos aleccionarían y calabaza.

En efecto, nos reseñaron, pero nos volvieron a meter en la patrulla y yo llegué a creer que nos devolverían a Sabana Grande. Ingenuo. Terminamos en la prefectura de El Valle (también lo determiné algunos años después).

Ahí nos dejó la patrulla, a la orden del policía de guardia que nos ordenó quitarnos las trenzas de los zapatos y fue entonces cuando entré en conciencia de que estaba preso.

Y raptado por el espíritu del preso, lleno de terror le dije al oficial que si podía hacer una llamada (hice esta petición inspirado en las películas gringas donde a todo detenido hasta le recuerdan que tiene derecho a realizar una llamada). Pienso que lo hice a conciencia de que se reiría en mi cara, lo que me serviría para anotar otra violación de mis derechos humanos. Amable hasta la pared del frente, el policía dijo que cómo no, faltaba más, tómese el tiempo que requiera (de todo el cuento que llevo echado, ya sé que ésta última parte es la que más difícil de creer).

No se me ocurrió mejor fórmula que llamar a la casa a Leonce (ya eran como las 5 de la tarde), cuyo número tenía memorizado porque como era su asistente de la fiesta, manteníamos contacto permanente. Leonce tomó debida nota de mi situación y dijo que informaría del caso a los muchachos del Centro de Estudiantes.

Pasaron tres horas desde la llamada a Leonce, una eternidad para un preso, como se sabe. Me sentí una piltrafa humana. Nadie había dado medio por mí. Qué popularidad tan desgraciada.

Nos colocaron a Shazam y a mí en una celda amplia como con veintes presos más. Shazam y yo hacia la pared del fondo con la puerta al frente, él vigilando hacia la izquierda y yo la hacia la derecha, y ambos mirando al frente, donde se encontraba un delincuente juvenil que con ojos vidriosos nos miraba, al acecho. Estaba escrito que esa noche íbamos a tener que rifarnos el pellejo y el honor. Como a las nueve ocurrió un milagro.

Llegó el celador con una hamburguesa que me habían mandado mis amigos del Centro de Estudiantes, quienes se habían trasladado al sitio con la profesora Luisa Villamizar para rescatarme. Me hicieron saber que esa noche no podía hacerse nada por mi liberación, pues el desgraciado de Leonce les avisó tarde. La profesora Villamizar apenas se enteró llamó al rector de la UCV, quien a su vez le pegó un telefonazo al gobernador de Caracas, quien apenado ordenó mi liberación. Pero el prefecto ya se había ido a su casa y no hubo manera de localizarlo para que firmara mi ex carcelación. Todo eso me mandó a decir la adorada profesora con el celador. Me mandó otras palabras de aliento y me hizo saber que al día siguiente ella misma volvería para garantizarse que yo saliera. A los lejos, las voces de Carlos Andrés Pérez (pana con el que perdimos la presidencia del Centro de Estudiantes, y de quien por cociente electoral apoyamos desde la secretaría general), Norka López, Noel Ríos… me ofrecían gritos de solidaridad.

El celador era inteligente y se percató que yo ya no era un preso cualquiera. Así que a los minutos de irse mi hinchada me movió junto a Shazam hacia otra celda de igual dimensión, pero de uso exclusivo. En el techo había una ventaba de hierro que dejaba colar la luz de una luna clara y el frío decembrino insoportable. Shazam y yo dormimos abrazados luchando contra el frío.

A las siete de la mañana estaban de nuevo los muchachos con la profesora Villamizar, más contentos que yo, acaso porque siempre he lucido la cara de culo que Dios me puso.

Toda esta evocación me vino al tropezarse en estos días con Warry She, antes Shazam.

Al descubrir a Warry en Sabana Grande y recordar todo aquello, rápidamente me brotó en la memoria un inesperado y anecdótico encuentro que tuve en octubre pasado con la profesora Luisa Villamizar en la UCV.

Nos topamos y alcancé a dudar de que pudiera recordarme. Pero ella no vaciló un instante en preguntarme si no era yo aquel que estuvo preso en El Valle y que ella… Me impresionó tal memoria. Le dije que sí, claro, y no dejé de consignarle mi asombro de que se hubiera acordado. Ella, sin más, aseguró que cómo no, que tal vez ahora podía tener unos 25 kilos extras, pero que la cara estaba igualita.


*Cada vez que evoco a Norka López, no dejo rememorar la lejana y pegostosa tarde cuando, mientras almorzábamos en un tugurio, que me dijo con piadosa sinceridad que admiraba el valor que yo tenía de ir al periódico con aquella camisa de cuadros de diversos colores con preferencia del verde completamente chillona.

lunes, diciembre 25, 2006

La vuelta a Venezuela en Navidad

Por tercera vez en mi vida me encuentro pedaleando en La Grande Sabana. A los efectos de este instante, de hecho estoy en la población llamada La Línea, a pocos metros una vez cruzada la frontera internacional entre Santa Elena de Ûairén y Brasil. Me devaneo los sesos entre jalar para atrás o seguir hasta Boa Vista (a unas dos horas). Me decido por lo primero.
En La Línea hay el venezolano a montón. La Línea es una ciudad sincrética. El bolívar lo aceptan encantados de la vida. Toda comida se reduce a una buena carne. Venden las hamacas y chinchorros más baratos de mi vida (hasta en 20 mil lucas los dejan).
El viajecito me lo pegué desde Caracas atravesando todo el Guárico (lógica parada en Valle de La Pascua) hasta llegar a El Tigre (Anzoátegui) y finalmente hasta Puerto Ordaz, donde habita la familia Lanz-Fernández en la urbanización Santa Bárbara. Ochocientos kilómetros, e igual cantidad de kilometraje hasta Santa Elena.
Lo que viene es mejor: de Santa Elena ruletearé hasta San Fernano de Apure y después a Guadualito (vaya usted a saber los 2 mil y pico de kilómetros que ello supone).
Segunda semana de enero de vuelta a Caracas en recorrido que comprende Barinas, Portuguesa, Cojedes, Carabobo y Aragua. Ando armado con una bicha de 8 megapixel y una portátil en la que voy descargando.
Nos vemos en la vía

viernes, junio 30, 2006

Pásense el lunes

El cuento es que me metí en el parto de un periódico bautizado Noticias Inéditas y bien saben ustedes que este oficio no tiene paz con la miseria. Esa verga de ser editor (revisor de textos) y miembro del Consejo Editorial (ofrecer ideas) no se la deseo ni a mi peor enemigo (modestia aparte). Una edición entra a rotativa y uno termina con un dolorón de cabeza, que se va extinguiendo cuando ya comienza el parto de la siguiente edición. He pedido un sustituto.
Pero lo que realmente quería compartir con la dos chicas que sé exploran esta página de cuando en cuando, es que hay otra cosa que entró en imprenta: un libraco de mi autoría modestamente titulado: "La falla tectónica de la Revolución Bolivariana: propuesta de un Sistema Comunicacional transformador". Ahí les dejo esa; para lo demás, pásense el lunes.

martes, abril 25, 2006

Cuarteles de invierno

Cosa de dos meses estuve dándole reposo al cuerpecito y a la mente, pero ya estoy de vuelta de mis cuarteles de invierno, oteando el horizonte a la caza de nuevas aventuras profesionales a ver en qué nuevo puerto desembarco este año. Por lo pronto, por hoy -luego de comprar y ver la película Capote-, me devoró la novelita A sangre fría, hasta que por fin. Lo cual me lleva a afirmar: admirable la interpretación de Phillip Seymour Hoffman.
De lo demás, nada, puliendo el rifle viendo a ver dónde echo mis plomos.
Si se me permite, apenas incursionaré diciendo que no deja de sonarme ridículo Petkoff haciendo malabarismos para decir que la Misión Barrio Adentro en su santo lugar. Sin que a lo mejor haya razones para ello, me desconcierta ver al eternamente dueño del 6% histórico de la izquierda mencionar la palabra "cestaticket". Lo mismo que si viéramos a Marcel Granier declararse conmovido por la pobreza, ¿se capta la idea? Más petulancia no puede suponerse cuando se oye a Petkoff asegurar que él representa la izquierda moderna, renglón en el que èl mete a Lula, Bachelet (cada vez más excluye a Kirtner).
A los únicos que la candidatura de Petkoff parece haber afectado es a los batichicos de Primero Justicia, que al día siguiente salieron diciendo que sólo los jóvenes podrían generar un cambio en el país, que ellos y tan sólo ellos habían exigido condiciones al CNE para ir a las presidenciales (en este sentido, Petkoff no ha dicho mucho y es claro que si los números no les son tan catastróficos aguantaría hasta diciembre, con lo cual, automáticamente y aún perdiendo como cabe esperar, quedaría erigido como genuino interlocutor de Chávez).
De otra suerte, el Petkoff respondón y altanero fue guardado en este comienzo de campaña. Ante los ataques más alevosos que he visto en televisión, actúa como si antes de arrancar el programa se hubiese tragado una prozac. No se sale de sus casillas. Está haciéndole caso al equipo que lo asesora. En ese sentido, también se la están jugando claramenete a establecerse como la contraparte de Chávez (y el imbécil político que es Borges grita cada día más fuerte). No puede negarse como exitosa la estrategia antagónica que está desarrollando Petkoff.
En su fuero interno, Petkoff está convencido de la invencibilidad circunstancial de Chávez (precios del petróleo en ascenso hace casi imposible una derrota en el contexto del desempeño social de Chávez). Sin contar con que cada día es más fuerte la adhesión al proyecto revolucionario venezolano en América y el Mundo.
La única ganancia de Petkoff (y también gana muchísimo Chávez) es compartir el país con Chávez. Petkoff pierde 60 a 40 y legitima su interlocución y desplaza de la arena al sinfín de patanes políticos llenos de las más insólitas inconsistencias, al estilo del joven Cipriano Heredia, abogado constitucionalista que siempre anda por ahí tirándoselas del tipo más recto que tiene el país. Y hay que verle la cara de embeleso, la aplanadora de sus manos aplaudiendo uno a uno los decretos de Carmona leídos por Daniel Romero. Cipriano estuvo en primera fila, fíjense bien en los paneos de cámara de ese día... ya está bueno por esta ocasión, ya vendrán nuevo balines.

miércoles, abril 05, 2006

Carta de una madre a los secuestradores de sus tres hijos

Este martes en la noche se confirmó el asesinato de los hermanos Faddoul y del chofer de la familia. Una noticia que, como pocas, descompone el cuerpo, vuelve trizas el ánimo, destroza a la Nación. El ministro Chacón refrenda lo que ya venía siendo una desgarradora sospecha en el día y ocurre la penumbra en el país. Un dolor colectivo se cuela en todos los hogares venezolanos. Son momentos en los que el espíritu individual se pone reflexivo tratando de hallar el porqué de esa miseria humana.
Y esta mañana, revisando las páginas de El Universal, descubrimos la carta que hace una semana le mandó la madre de los niños a los secuestradores. Destila e inocula un drama realmente insoportable, enloquecedor. No hay una sola manera de leer ese escrito sin reventar en llanto solidario, de rabia compartida.

"Ustedes no se imaginan el daño tan grande que produce un secuestro en una familia, y, por ende, en una sociedad tan hermosa como la de Venezuela. Bajo el nombre de Dios y con el nombre de miles de madres en todo el mundo, les quiero decir: los perdono. No soy nadie en este mundo. Todos somos extranjeros en la Tierra de Dios. Sólo Dios y los representantes de El, perdonan. Pero yo soy el mundo para Bryan, Kevin y Jason, y tengo la suficiente autoridad de perdonarlos. No sé quiénes son y no sé dónde están o en qué trabajan, cómo viven o cuál su religión, pero sí sé que ustedes tienen padres, hermanos, familia o hijos... bajo esta relación familiar que cada uno de ustedes tienen con sus seres queridos, les imploro misericordia. Les imploro misericordia por Bryan, que como ustedes deben saber es un muchacho excepcional y buen alumno; excelente hermano mayor y un buen hijo. Aparte de todo, se va a graduar dentro de poco con sus amigos del alma. Misericordia por Kevin que nació tristemente con una cruz, que con todo el dinero del mundo no pudimos eliminar la parálisis de su vida, pero con mucho amor, fe en Dios, pudimos compartir su carga y hacerla más liviana. Misericordia por Jason, quien fue un enviado por Dios para ayudarnos con la fuerte labor de Kevin y créanme que sí nos está ayudando muchísimo desde que nació. Misericordia por Miguel que es un excelente amigo y gran padre de dos hermosas criaturas, luchador día a día... No estoy destruida como muchos lo piensan. No he tomado ningún tipo de calmante. Sólo he tomado el calmante de la oración y de la fe. Ahora es que tengo suficientes fuerzas para sacar adelante a esas criaturas que hasta ahora no se preguntan por qué fueron arrancadas de nuestras vidas camino a su colegio... Ya ustedes señores secuestradores conocen a mis hijos. Saben que no son malos y saben que nacieron para no ser negociados... Si Dios los escogió para finalizar con la misión de esas criaturas, no puedo hacer nada para evitarlo. No soy nadie delante de ustedes ni delante de Dios. Sólo les suplico que lo hagan rápido y mientras ellos duermen, les suplico que le den una foto de cualquier santo para que no se sientan solos. Lo único que puedo yo hacer de mi parte es rezarle a sus ángeles para que la subida al cielo, sea rápida y hermosa...".

Enviada por Gladys Diab, el 22 de marzo

martes, febrero 14, 2006

Guerrilla Semiológica

Marcel Granier exige excusas públicas a Ibsen Martínez para poder emplearlo


A ver, sirva la presente para evocar un no muy añejo episodio de la televisión venezolana que ya cruza la década. Era principio de los 90 y en Radio Caracas Televisión destrozaban la liga con el culebrón llamado “Por estas calles”, cuya autoría se le endilgaba a Ibsen Martínez, por mucho que un batallón de dialoguistas eran los verdaderos creadores.

Llegó el momento en que la telenovela debía cerrarse, pero como reventaba los índices de audiencia, los ejecutivos decidieron prologarla, a lo que se negó Martínez, quien, naturalmente, fue apartado del juego y así la truculenta historia continuó.

Pero no sin que Ibsen Martínez atacara inmisericordemente a los patronos de RCTV. Célebre aquella pieza de opinión en El Nacional en la que Martínez (por entonces ya no tan joven) destajaba a Marcel Granier. Y así consuetudinariamente: Granier fue retratado como un hombre sin escrúpulos capaz (literalmente) de asesinar a su madre con tal de conseguir los propósitos de la industria.

Granier se convirtió en el comodín de las mofas de Martínez. No había peor hombre en esta vida, se obtenía de los encendidos artículos del escritor de telenovelas.

Tan escaso de escrúpulo era Granier, que el propio Martínez habría de confesarlo (sin pudor): Para que se quedara tranquilo cuando lo apartaron de “Por estas calles”, la Fundación 1BC –que así esbozó el chiste- lo “becó” con el puntual y abundante depósito mensual de dólares. Martínez nunca rechazó la compra que de él hacía Granier. Al contrario, admitió que aprovechó la circunstancia para dedicarse a escribir una novela a la postre autobiográfica con la cual tuvo la aspiración de ganar el Rómulo Gallegos.

Un ejecutivo que paga para callarle la boca a su dramaturgo estelar no es otra cosa que un inescrupuloso, un ser ruin. Más o menos con estos mismos adjetivos Martínez atacaba a su subvencionador. Marcel Granier era una piltrafa humana, no se cansó de describirlo Martínez.


Por eso es que, al recordar aquellos capítulos que corrían en paralelo, resultan conmovedores dos escritos periodísticos recientes que rescatamos de El Nacional. Conmovedores no por Martínez (sino por la intelectualidad del país), ni por Granier, que ningún interés tendrá en querer dejar de ser el inescrupuloso que es (a fin de cuentas, su negocio es la televisión).

El 14 de noviembre de 2005, en la página B/12 de El Nacional y con la firma de Armando Coll, Ibsen Martínez es entrevistado. De la cosecha del periodista se dejan caer comentarios del tipo: “...canal del que saliera hace más de una década en no muy buenos términos”. Decir “en no muy buenos términos” ya es una edulcuración de la historia y pretende pasarle un trapito de dignidad al viraje que, ya verán, hace Martínez con Granier.

Otros comentarios de Coll: “...y en la que provocó mucha incomodidad a sus ejecutivos”. “...se dedicó a denigrar del medio y sus propietarios”. Más pretensiones de ablandar la historia y de este modo suavizar la terrible y penosa transición de Martínez, a quien ahora Granier le resulta un caballero, ni más ni menos. No, estimado Coll, el libretista no denigró ni incomodó, insultó con las fórmulas más soeces que a cualquiera puedan ocurrírsele.


En su nueva versión de lo ocurrido a principios de los 90, Martínez prácticamente retrata a Granier como un ángel.

“He hecho las paces con mucha gente. En el caso de Granier (...), se trató de un malentendido entre unos gerentes y un empleado. Incurrí en algo que siempre es muy fácil de hacer: la pataleta. Y el argumento era que siempre desvirtuaban los propósitos de un autor. Y siempre me hice el loco en las declaraciones públicas que hice con respecto a los esfuerzos de Granier por resolver este asunto de una manera operacional”. San Granier.

De seguidas Martínez literalmente suelta los argumentos con los que Granier debería llegar algún día al Vaticano.
“Yo cedí a una demagogia muy culturosa, que es hacer chistes a costa de Granier. Hubo un descomedida ensañamiento contra la figura de un hombre cuyo negocio es la televisión”.

Todo lo dicho por Martínez en esta entrevista con Coll (y lo expresado en su columna del 2 de enero de este año), tiene como propósito general el de hacer una dolorosa confesión, pero que suene suavecito: El irreverente libretista vuelve a RCTV, y no podía hacerlo sin hacer las paces con Granier, si me permiten el eufemismo.

Ocurre que versionará la televisión el libro “La criolla principal”, cuya autora es su mujer, la historiadora Inés Quintero:

“... se dio la feliz coincidencia de que, a sabiendas de que había interés por parte de Granier de adquirir los derechos, le hice saber por amigos comunes mi deseo de ser el adaptador (...) Granier y yo sostuvimos una muy estimulante conversación... No tengo talento para la telenovela. No tengo ni la destreza ni la paciencia”.


El 2 de enero la prensa tiene baja sintonía


Lo dicho, el 2 de enero pasado Martínez tituló su artículo “La criolla principal de Bárcenas a Río” (El Nacional, A//). Y discurre casi enteramente hablando de un software para libretistas, así como de la crucial diferencia entre un argumento y una situación dramática. Ya en las postrimerías, va al grano.

“Sucedió que el Grupo IBC se interesó por llevar el libro de Quintero a la pantalla... y a mí me han encomendado ocuparme del guión. Esto último habría sido imposible si Marcel Granier no hubiera pasado caballerescamente por alto todos los chistes de mal gusto y más de un despropósito que, a costa de su persona, y luego del memorable capítulo 218 de “Por estas calles”, me dediqué a hacer en mi airado articulismo de apedreador de vitrinas que cultivaba yo por entonces”. Este párrafo de Martínez debería engalanar el museo de la intelectualidad venezolana, en su sección de los lameculos.

Y el siguiente debería estar en la entrada del mismo museo:

“El día que hablamos del proyecto en sus oficinas de RCTV, hace pocos meses, le ofrecí las excusas del caso a Marcel, que es como todo el mundo lo llama en Venezuela, pero ello no tendría ningún valor, ¿no creen ustedes?, si no las ofreciera también desde mi página de los lunes”. Respiren hondo, tanto servilismo descompone.

¿Por qué no son suficientes las excusas en privado para Don Marcel? Ibsen mismo lo dice: porque no tendría ningún valor. ¿Valor para quién? Para Marcel Granier. Marcel quiere excusas públicas y eso es lo que está satisfaciendo Martínez, que lo hace un 2 de enero, cuando el rating de prensa está en su mínimo. Quiso hacerlo sin que mucha gente lo advirtiera, es todo.

La degradación de Ibsen Martínez está tan encausada, que en algún tramo se atreve a presentar ante sus lectores a Inés Quintero como ¡la hermana de Valentina Quintero!

Muy bien, señor libretista, hará la versión que le piden (o que usted suplica, a costa de la humillación) y lo triturarán en el rating. Y está bien que no tenga talento para los culebrones, pero los volverá a escribir chapuceramente cuando Don Marcel se lo ordene en privado, que es como suele maniobrar.

martes, enero 24, 2006

¡Caracas hermosísima!

Se está realizando esta semana en Caracas el VI Foro Social Mundial (otro mundo es posible). Las calles de Caracas están agolpadas de ciudadanos (en su mayoría jóvenes) de todos los confines del mundo, lo que impregna de frescor las imágenes que se observan de la capital. La avenida Bolívar está tomada por una megaexposición del Gobierno Nacional. Todo pulcro, ordenado. Supe que ayer se montaron sobre una tarima una buena cantidad de cantantes a deleitar a las juventudes. Entre ellos el salsero Jerry Rivera.

Como contribución al foro, en mi pequeño apartamento tengo alojados a: un joven matrimonio italiano buena onda que tienen montada una cooperativa; una chamo que es un periodista belga que trabaja en una revista que traducida se llama La Izquierda editada en Bruselas. A un profesor mexicano colaborador y de los más hacendoso (ya reparó el baño). A un escritor estadounidesen cascarrabias y malasangre que vive criticando la improvisación en la casa (ayer se molestó porque mí (el mío) papel higiénico se agotó y no había. Dos argentinos que conforman un grupo de teatro de calle, y un pure español que llegó ayer y que exige casi como que si estuviera pagando un hotel cinco estrellas. Menuda mezcla.

Todos duermen en colchones de aire individuales, aunque el español se posesionó del sofá-cama, para estupor de Eugene Gogol (el estadounidense). Este lunes Salvador (el mexicano) tenía las llaves y se fue a hablar con su familia por internet. Todos estaban esperándolo en la entrada del edificio sin poder entrar al apartamento. Querían lincharlo. Llegó a las 9 y pico y todavía anda arrastrando la pena.

Por eso desde acordamos que Eugene se quedaba con las llaves y garantizaba que a las 8 de la noche ya estaría en casa, así todos deben reportarse a partir de esa hora. Resuelto el problema.

Todos se alistaban para no perderse la marcha. Todo les impresiona. Salvador anda mono enseñando la foto que se tomó abrazado de José Vicente Rangel. A los italianos les sedujeron las urnas callejeras que el lunes arrastraban el cadáver del Magallanes.

El periodista dice que le impresiona la manera en que los venezolanos asumen la política. De Eugene no podría decir mucho, sólo que es inmamable... seguiremos informando.

lunes, enero 09, 2006

Una casa para siempre

Entre las vueltas que en diciembre alcancé a dar por el país, hice debida parada en Choroní nada menos que el mismísimo 31, haciéndole relajada compañía a entrañables amigos que por ahorita viven fuera del país.

Y la verdad es que debería cobrar entrada por relatarles cómo es el "cinco pa las doce" entre la aristocracia de ese pedacito de costa aragüeña (la vaina es de cuento). No es, sin embargo, eso lo que quiero compartir. Deseo descubrirles un lugar en el que Tarzán palidecería de impresión.

Más o menos diez kilómetros antes de llegar al pueblo (Puerto Colombia) está la entrada de lo que al rompe parece un ranchito precario (de la carretera no se ve, sólo se presiente que es un rancho). Por allí se bajan unos 300 metros a través de escaleras de bambú, y al llegar aquella vaina produce un shock de lo sobrenatural que es.

La artista Ana Isabel Villanueva (Ani, aquí pa los panas) construye un casita artesanal en medio de ese trozo del Henry Pittier. El panoroma juro que es para llorar y pedir a gritos quedarse allí para siempre. Una casa para siempre, pues (Vila-Matas dixit)

Ani cree en el desarrollo endógeno y allí brinda chocolate a quien la visita. Obsesionada por ayudar a sacar gente del atolladero que es la vida del miserable, conoce al pelo todos los problemas de los habitantes de Choroní. Anda fascinada con el resurgir de la fé en la gente a partir del alistamiento en la diversas misiones del gobierno. Ani sabe quién tiene problemas de alcoholismo y drogas en la zona, por decir algo; sabe quién está casado con quién y quién le echa los perro a quién. Ani sabe quién se roba las vainas.

Está habilitándole espacios a su precioso rancho para que gente que quiera dar cursos prácticos a la comunidad, pues more gratuitamente en su casa, que es una construcción muy a lo Tarzán. Habitaciones aéreas y rodeadas de un verdor que pa qué.

Instaló un budare en el cual poner a cocer la yuda pal cazabe y enseñar a los moradores de allí a hacer cazabe. Ani es militante de lo endógeno y, por supuesto, tiene un sembradío de yuca para contar con la materia prima. Matas de cacao por todo aquello. Malojillo para todos. Puro tronar de pajaritos y las culebras están a raya por *Lúa, la gata que hace tranquila compañía a Ani.

A pocos metros le pasa el río, lo que faltaba. Y justo frente a la ranchificación de Ani se forma una poza en la que también provoca instalarse vitaliciamente. Cualquier cosa tengo su teléfono y su dirección de correo electrónico.

*Luna en portugués

lunes, diciembre 12, 2005

Festival Nacional de la Canción Infantil Alí Primera

La verdad me siento como un loco que anda por algunos rincones de Caracas pregonándole a los amigos (que me ven con el mismo compadecimiento con el que se ve al loco) sobre la necesidad de que Farruco, entre los quincenales festivales variopintos que monta, coño, que fabrique uno que haga honores a ese ciudadano llamado Alí Primera.

Hace pocos meses lo dijo el vicepresidente José Vicente Rangel: "Alí Primera define la calidad del proceso revolucionario".

Es verdad.


Pero si tan verdad es, también es verdad que Alí Primera (por lo que yo alcanzo a teorizar) es una acentuada referencia musical y política para la generación de los 80, y digamos que también gasta los 90. ¿Pero qué con los niños de la presente generación y las venideras?

¿Quién les inocula el germen de las canciones de Alí? ¿Debe hacerlo la Revolución Bolivariana? Para que la voz de Alí Primera trascienda en lo infinito del tiempo habrá que esperanzarse de que el niño tenga unos padres revolucionarios.

Por eso la Revolución Bolivariana tiene el deber sagrado de resguardar por siempre a Alí Primera. Y a mí se me ocurre que ya va siendo hora que se haga en las escuelas. No en vano, de cada tres palabras de las canciones de Alí una era "Pueblo" y la otra "Revolución". La otra se la reparten entre Simón Bolívar y una metafórica (a veces no tanto) mentada de madre.


Farruco tiene la palabra, Aristóbulo seguro las acciones.

viernes, diciembre 09, 2005

Elogio de la tristeza

Busco y busco y no logro determinar a qué autor es que supongo yo pertenece la frase que he puesto de titular hoy. Pero si fuera que no pertenece a nadie, y que seguramente ha estado rondando en mi mente mucho tiempo sin que hasta ahora hubiera podido exorcizarla, pues bien, me celebro la ocurrencia.


Evoco el tema de la tristeza porque no hay mejor pincel para autoretratarme en estos momentos. Atravieso, como diría un narrador tropical, fuertes tempestades y, prácticamente, estoy dejando el timón a su antojo.

Desde luego, hace ya mucho tiempo que dejé atrás los pruritos que en un tiempo significaban el reconocerse una persona triste. "Ese muchacho sí es triste", alcanzaba a decir algún vecino malicioso, y acto reflejo trataba uno de colocarse una sonrisa de comercial de pasta dental para quitarse el bendito estigma de encima.

De hecho, pasado el tiempo y habiéndome hecho yo firme en la asunción de la tristeza como forma de vida, creo que logré cambiar algunas visiones de vida. Por ejemplo, el de una novia errática (valga el pleonasmo) a la que una noche aplasté como una cucaracha cuando me preguntó que por qué estaba triste.

Porque me gustaba, le dije, y vayan ustedes a suponer el desconcierto de la nena. Entonces saqué mis discursito según el cual la tristeza es el mejor de los estados de ánimos porque te mantiene sublimado y raptado. Que la tristeza, sin ir muy lejos, era una muy genuina manera de estar contentísimo. Al coño las convenciones.

Aquella mujer se desorbitó quietamente. Pero me compró la idea y cuando al cabo de muchísimo tiempo logro verla (cada vez más difícil, porque instaló nido de amor en México), me dice: "Gracias por la tristeza". Estoy triunfando, me digo cuando en ello pienso, porque mira que inocularle tristeza a una mujer es una misión extremo difícil (la mujer suele resolverlo todo con un gesto alegre).

Y qué decir de la cerrada influencia de Sabina en cuantiosas vidas. Sabina es una tristeza completica que camina sobre dos paticas. Tiene una frase elocuentemente criminal: "Perdonen la tristeza".

viernes, diciembre 02, 2005

Lisboa y Oporto

Ahora que en estos últimos días he vuelto a ponerme obcecadamente reflexivo en torno a mi vida (más de un año sin entrar en esos pantanos horrorosos), la nostalgía ha empezado a matarme lentamente como un cáncer, lo que me ha llevado a tomar el ciego atajo de desempolvar lecturas pendientes (lo que a veces amplifica la nostalgia, pero no importa).

Así topé en la habilitada biblioteca de mi casucha con una novela que tenía pendiente hace años, cuando le oí decir a un profesor de la UCV (del que pasados los años ya no me fío tanto) que la novela "El viaje", de Sergio Pitol, sin duda que calificaba entre las obras señeras del paraje latinoamericano. La busqué y hete que al día siguiente la prensa revienta que Pitol ganó el Cervantes. Qué poder de invocación.

Ahí la tengo, a tiro, a mano, para cuando una noche de estas la nostalgía me mantenga vivo el sueño, asirla en penumbras y tomarla. Mientras ese capítulo sucede, evoco constantemente a "El viaje vertical" de Vila-Matas, una pieza verdaderamente deslumbrante.

Si a mí me pusieran boca a abajo y me dijeran que no me soltarán hasta que diga qué novela pondría yo sobre la mesa como obra maestra, con el perdón de mi ignorancia colocaría "El viaje vertical" (exceptúo para cualquier caso "Cien años de soledad").

Entre otros detalles porque me resulta un monumento a la nostalgia y a la originalidad. Leer ese viaje es aprender a amar a Lisboa, a Oporto. Vila-Matas sugestiona un amor sublime y lacerante hacia esas ciudades.

martes, octubre 04, 2005

Noticias desaparecidas

Tengo ya un buen tiempo sin leer en los periódicos acerca de un robo a banco. ¿Será que los ladrones ya no se conforman con lo poco que consiguen en caja? ¿O qué es lo que en realidad está pasando? ¿Será que los desaliñados reporteros de sucesos ya consideran un caliche atroz los atracos a bancos y por eso no los escriben? Qué angustia.

jueves, septiembre 15, 2005

Carne fresca

El Sabina tiene nuevo disco

martes, agosto 23, 2005

Muestrario del mejor periodismo venezolano

Recientemente la Conferencia Episcopal Venezolana le concedió a Roberto Giusti una placa como "periodista del año".

Giusti es opinador de El Universal, y tiene el raro privilegio de que sus opiniones son puestas en las páginas dedicadas a la información del día. Ocasionalmente lanza extensos textos opináticos que son presentados como reportajes, otro privilegio extraño.

Giusti se declara antichavista, y se supone que aún así él espera que la gente le mantenga credibilidad. Pero tiene sus trucos Giusti, o tiene uno: puesto en trance de responder si se reconoce como periodista opositor, sale con su maniqueísmo estelar: Si tengo que escoger entre democracia y Hugo Chávez, pues sí soy parcializado, estoy con la democracia. Entre otras vainas, es una respuesta cobarde, servida para mentes inhábiles, infecundas. Giusti provoca orgasmos en Primero Justicia cuando así responde.

Lo anterior viene a cuenta de una entrevista que este lunes sale en la 1- 8 de El Universal calzada con el nombre de Roberto Giusti y a nombre de Fermín Mármol León, ex director de la vieja Policía Técnica Judicial y autor del libro "Cuatro crímenes, cuatro poderes".


El título de la entrevista dice: "VENEZUELA SE CONVERTIRÁ EN EL PARAÍSO DEL NARCOTRÁFICO".

Se pone el lector a hallar el sustento de tal expresión y es al final cuando aparece algo que parece darle un mínimo soporte al titular. Que sólo parece.

En su última pregunta Giusti indaga así: "¿Se convertirá Venezuela en paraíso del narcotráfico?".

Y Mármol León que responde: "Exacto".

¿Qué tenemos ahí? Giusti pone a su entrevistado a decir lo que él quiere. Estrictamente hablando, el titular empleado por Giusti es una falsedad, puesto que según su propia entrevista Mármol León no llegó a pronunciar que "Venezuela se convertirá en el paraíso del narcotráfico".

El titular de Giusti está entrecomillado, y he allí lo verdaderamente grave (además del irrespesto que ello le supone a Mármol León, de quien no cabe esperar un reclamo al periodista). Este es Giusti, periopolítico que es estereotipo de otros y gloria de la Conferencia Episcopal Venezolana, amén.

domingo, julio 17, 2005

Gualberto Ibarreto está de regreso

Hoy estuvo Gualberto Ibarreto en el evento del Teresa Carreño "Venezuela, cantos de la tierra". Realizó un verdadero performance en apenas dos canciones ("guácara me dan por nombre, mi forma es de caracol" y "ah cuerpo cobarde cómo se menea, yo tengo una pea que Dios me la guarde"). El ex profeso entrelíneas del cantor dejó saber que volvía, que estaba ideológicamente de regreso a casa, con su público de toda la vida.
Habló de sus problemas de alcoholismo y pidió al público que lo quisiera por siempre, y que cuando se portara mal lo regañara, pues él era un derecho adquirido de propiedad del pueblo venezolano.
Citó que él no había guardado correspondencia con el cariño que le tiene el pueblo, y enseguida cundieron los aplaudos en lo que pareció una aceptación del regreso a su casa. Gualberto paraba de cantar a medio vamino y se plantaba frente al público a explicar pasajes del tema y luego, súbitamente, arrancaba acompañado después en los coros por gente como Cecilia Todd y Marina Bravo, de Pomarrosa.
El vozarrón eterno que el licor no ha mellado (todo lo contrario), la correctísima, la emotiva, la espeluznante pronunciación, el claro dominio de la escena, de sí mismo. ¡Carajo, ahora es que queda Gualberto para rato!

El evento, en general, estuvo memorable. Hermosa la escenificación de Serenata Guayanesa con la Pulga y el Piojo. Fenómeno lo de "Caraota, Ñena y Tajá". Crsitóbal Jiménez, María Laya...Bien todos, bien todo. Cero por ciento de desperdicio. Que se repita. Que se repita en las plazas. Un domingo muy diferente, excelente las imágenes de fondo según la ocasión.

jueves, junio 30, 2005

Teodoro Petkoff como problema

Teodoro Petkoff como problema


Teodoro Petkoff ha bautizado recientemente un libro titulado "Dos izquierdas". No lo he leído. Pero podría hacer un certero resumen de lo que allí encontraría: que la izquierda afiliada al chavismo es borbónica porque ni aprende ni olvida, y que hay una diferencia diametral entre la izquierda que representan Chávez y Castro y la que encarnan Lula, Kirchner y Lagos (porque a Petkoff Lagos le es de izquierda). Esto es todo lo que hay en ese libro, no tengo ninguna duda. Lo encuentro obvio porque es lo que ha venido diciendo el novicio editor en los últimos años, con lo cual no hace sino recoger lo que balbucea una reducida intelectualidad acomodada hacia la derecha.
Lo de borbónico porque ni se aprende ni se olvida creo que lo tomó Petkoff de Roberto Hernández Montoya, presidente del Celarg, quien post golpe de Estado y en una comparecencia en el teatro Chacaíto aplicó el fraseo a la cadena de torpezas cometida por la oposición, que parecía no reparar ni aprender de sus fracasos anteriores para seguir cometiendo una torpeza tras otra. Fuerza, pues, Petkoff la frase de la que literalmente se enamoró. Se enamoró porque en cada entrevista que da o programa que hace o editorial que escribe, se acuerda de lo borbónico y lo expresa con el mismo éxtasis de quien acaba de descubrir el agua tibia. Con la frase, a Petkoff le sucede lo que al que escucha una cita célebre que por siempre recordará. Pero la ocurrencia primero es de Hernández Montoya, hasta que llegó a oídos de Petkoff, quien repitiéndola insaciablemente busca patentarla. Anda Teodoro como el loro viejo: repitiendo. Por lo demás, la frase no es ni remotamente aplicable a la izquierda chavista, que vive aprendiendo a gobernar con paradigmas y a olvidar las chapucerías de sus adversarios.
A lo segundo: Cuando Petkoff trata de establecer la rayita entre Chávez y Lula, busca vender la idea según la cual no debe creerse que sea el presidente venezolano precursor de los vientos de cambio que azotan todo el continente y algunas partes del mundo. Es decir, afirma Petkoff que Chávez es consecuencia y no causa. Miente. Miente con la misma facilidad con que mienten los chicos de Primero Justicia y mentían los hoy carcamales de Acción Democrática.
Porque este cuento comenzó en diciembre de 1999. Hasta entonces era inimaginable que alguien en la vida le pegara un grito al gobierno de Estados Unidos o al menos se hubiese resistido a una orden del mismo país. No. Antes que Lula llegó Chávez y comenzó a suplicar la necesidad de hacer un bloque sub continental. Lula llegó en el 2002, tres años después, y se ha unido a Chávez, a diferencia de lo que afirma Petkoff.
Porque si a ver vamos, si la cosa es por Lula, ¿por qué no había llegado a la presidencia las tres veces anteriores que lo había intentado?. Lula llegó tres años después, hay que tener eso claro Teodoro, cuando ya Chávez no sólo se había declarado adversario firme de la oligarquía, sino antiimperialista, que es la fase superior del combate ideológico y que da cuenta de una oligarquía nacional incapaz de rivalizar con Chávez. ¿Qué ha hecho Lula que haga pensar a Petkoff que está liderizando el proceso izquierdista del continente? Nada menos que plegarse a la posición venezolana. Con todo, todavía en Brasil el uno por ciento (1%) de los habitantes de ese gigante amazónico es dueño del cuarenta y seis (46%) de la tierra. Eso no es izquierda. No hay un Instituto Nacional de Tierras en Brasilia. Pero el Partido de los Trabajadores (que no necesariamente Lula) no puede bajarse los pantalones frente a Estados Unidos.
Si dos cosas son Chávez-Castro y Lula-Kichner, ¿por qué Brasil no lideró el combate contra la grosera pretensión de poner a la ONGS a avalar las democracias? Todos los medios y periodistas habilitados en Florida admitían y escribían que la polarización era de Estados Unidos y Venezuela, pero en Venezuela (y Petkoff incluido) se inventaron los mejores sofismas para ocultar esa verdad tan histórica.
Teodoro, bien visto, sí hay dos izquierdas, la que representa Chávez con sus aliados del continente y el mundo, y la que visionas tú en Venezuela junto a un grupito que habiendo militado en partidos y movimientos presuntamente socialistas, jamás lograron reunir un saco de votos. En el fondo lo que te sacude es el resentimiento de no haber sido tú. Y te secundan pretendidas voces intelectuales mediáticas como César Miguel Rondón, quien el 12 de abril te dijo en tu cara que había que echarle una mano a Pedro Carmona Estanga una vez que El Breve ya había pulverizado la democracia venezolana con sus “considerandos”. O como Ibsen Martínez, quien no vive sino haciendo loas de ti, el mismo que el 20 de abril se vomitó contra los mismos medios en los que sigue viviendo acomodado. Ese ha sido el signo recurrente de tu izquierda: la que cohabita cómodamente con la oligarquía y que de vez en cuando le suelta un gritico que le ha sido autorizado. Dicho aquí de paso, te refresco un comentario antológico de César Miguel Rondón: "Yo volveré a ser de izquierda cuando salga Chávez". Ahí te queda esa perla para el sociólogo que pueda haber en ti.
Supongo que Petkoff también dirá en su libro que socialista arrecho es Pompeyo Márquez, a quien en las postrimerías de su vida Petkoff usó para pretender hacer polarizar a Chávez con un izquierdista de pura cepa. Para tal propósito convocaron a Ibsen, quien de lo más inocentón apeló la dramaturgia que bien conoce para decir que como Santos Yorme no ha habido otro en este país, que era un héroe de la lucha contra Pérez Jiménez y dijo a quienes lo leen que si ustedes vieran visto cómo ese hombre escapaba de la peores encerronas policiales y de cómo todos los luchadores sociales de la época lo simbolizaban. Todo para que, en efecto, Pompeyo encabezara toda tribuna de la Coordinadora Democrática para leer y declamar el libreto enviado desde los canales de televisión. Pompeyo fue otra parada tuya. Eso sí, jamás te atreverás a salir al ruedo a decir “Chávez, ahora somos tú y yo”. Deseas, es tu delirio, y así lo has llegado a decir, que la derecha te aclame como su opción. Eso sí que es ser reaccionario.
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¿Cuántos gritos, cuántos fó le hizo el gobierno izquierdista y socialista de Caldera a Estados Unidos? ¿Qué acto de socialista rebeldía cometió su ministro de Planificación contra Estados Unidos? Sólo callaron. Esa es tu izquierda, la que calla y lo otorga todo y lo que no tiene. Teodoro, es la misma izquierda del MAS que fundaste: un movimiento al socialismo que se mueve al ritmo que le ordena la derecha desde la televisión.
Fíjate a lo que has tenido que recurrir: a buscar una izquierda importada para enfrentarla a Chávez. ¿Es que no hay gallo en el patio? Porque en el fondo, en tu libro lo que debe haber es una voz alter ego que nos dice que una cosa diferente y fea es la izquierda de Chávez y Castro, y otra muy distinta y bonita es la de Lula, Kichner y la tuya, porque aspiraciones presidenciales tienes, no lo vas a negar.
Chirac y Zapatero, que son socialistas, son amigos de Chávez. Blair que es socialista enemigo de Chávez y amigo de Bush, es amigo Petkoff, es ilusión de Petkoff. Seguramente en tu libro Blair está presente como modelo de gobierno de izquierda y ejemplo a seguir. Tu libro dirá que Evo Morales no es de izquierda, que Lucio no se sabía pero ahora que ha caído como lo hizo pues sí era izquierdista del ala Chávez Castro. López Obrador déjame ver, espérate un poquito, no vaya a ser que hoy diga que es como Lula y mañana tenga que reclasificarlo si llegara a guiñarle ojos al presidente venezolano.
Dice Tulio Hernández que la zanja trazada por Teodoro diferencia a una izquierda retrógrada y la otra moderna porque negocia, una izquierda de mercado (¿al mejor postor?) . Lo cual hasta cierto debe ser, porque sin Chávez hace un buen rato ya se hubiera negociado el Alca y desde enero pasado los pueblos latinoamericanos lo tuvieran clavado en la espalda. Cierto que a Brasil no le interesa el Alca, pero sin Chávez se habría limitado a negociar unos puntos y allí tendríamos el Alca, propuesta que comenzó a gestarse durante el gobierno de Caldera que ni pío dijo. Lula y Kirchner jamás se han reconocido de izquierda, Teodoro les asigna esa categoría. Teodoro dice que Lagos es socialista. Já.
Si tanto es de izquierda, ¿cómo ha materializado Lula ese perfil? Lo dicho, el 46% de la tierra de Brasil en manos de la oligarquía. Lula comulga, rinde pleitesía al liderazgo continental de Chávez. Dirá Teodoro en su libro que desde Brasilia jamás saldrá un grito hacia Estados Unidos. Pero Estados Unidos sí se lo pega a quien le dé la gana, incluso al gigante Brasil. ¿O es que se va a ignorar que Chávez estuvo como tres años gritando solo en las cumbres de la OEA sin que Brasil ni Argentina ni Paraguay ni Chile dijeran presentes?
Pero hay un hecho crucial que Petkoff ignora. Estoy seguro que lo ignora. En
la cumbre OEA de Fort Laudardale ¡Brasil y Argentina! solicitaron discutir el regreso de Cuba. Como lo dijeron Lula y Kirchner, eso es demostración de amplitud, de democracia (porque Teodoro dice que hay una izquierda democrática y a la otra no la define ni como no democrática ni como antidemocrática, la deja ahí). Pero de haber sido chavista la propuesta, entonces Teodoro gritaría ¡ahí está, yo se los he venido diciendo, Chávez pidiendo el regreso de su amigo Castro!
Teodoro también desconoce al Kichner alzado, el que vocifera contra el FMI, el que dice las vainas tal cual las piensa sin esperar que los asesores (maña derechosa) se las arreglen. ¡Kirchner tiene la impronta chavista para qué negarlo!
Una izquierda democrática, dice Teodoro, una izquierda que instiga y celebra golpes de Estado y otra que hace muchas elecciones y las gana, otra que se somete un referéndum histórico y vapulea. La izquierda de Chávez no es moderna ni negocia, ¿por qué las trasnacionales no se fueron corriendo despavoridas? Visto está entonces que la izquierda chavista se lleva bien con el mercado. Pero a Petkoff solamente le parece retrógrada, ha de ser porque vive imponiendo hito tras hito, como desocupar a Estados Unidos de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA para sentarse Venezuela. Los anteojos de Petkoff no ven esto. Teodoro ve a una izquierda que no va al mercado, la misma que vende todas sus propuestas en la Asamblea de la OEA y la misma que hace doblar la cerviz a medio continente diciéndole que no a Derbez y a su mánager.
Ojalá pronto Teodoro salga con un libro cuyo título le proponemos: "Las muchas derechas". Y así hablaría de cada uno de los partidos que hacían vida en la Coordinadora Democrática. No creo que llegue a tanto, Teodoro y sus amigos no ven derechismo en Venezuela. A veces ven a "cierta oposición" sin jamás nombrar a nadie. A Teodoro, por ejemplo, a Tulio, por ejemplo, a Ibsen, por ejemplo, les da frío en las bolas decir que Primero Justicia es una organización del extremo neoconservador. De hecho hay dos derechas: Primero Justicia y el resto. Una que usa colonia y aparece en televisión, la otra que usa pachulí y muy de vez en cuando sale en pantalla.Teodoro y sus acólitos presuntamente intelectuales se dicen de izquierda pero que en televisión les dá pánico decir que son de izquierda.

jueves, junio 09, 2005

Estoy vivo

A pesar de las ausencias

jueves, abril 21, 2005

Todos quieren con Marilyn

Sigo cotidianamente las incidencias de una telenovela que Radio Caracas Televisión pasa en las noches llamada "Todos quieren con Marilyn". Es de factura colombiana, pero la estelarizan dos venezonalos. No me acuerdo de ella, pero el tipo es el mismo del famoso video en el que sale con la actriz catira que le mete los cinco dedos por el culo.
Bueno, la historia es ahì regularzona, divertida por encima del promedio (nunca compararse con "Betty la fea".

Pero hay un personaje que me tiene encantado. Trabaja como fichera y se hace llamar Brigitte. Me gusta no sólo porque es bien bonita y está reqetebuena, sino porque actúa con desenvoltura y gracia, con natarulidad, espontaneidad. En fin, que me las creo todas.
Pero muy en el fondo yo me decía de que alguna otra parte o novela conocía a Brigitte. Al cabo de dos meses lo descubrí: Brigitte es la misma tipa que trabajò en "Pedro el escamoso". Era la hija de la señora puta que tenía dos hijas, una de las cuales mojigatona que estaba sinceramente enamorada de Pedro.
Una vez hecho el descubrimiento, vino la reflexión: Carajo, qué en serio se toman los actores y actrices colombianas su trabajo, mira que sudar piedras para reconocer a una actriz de un trabajo a otro! Lo mismo el homosexual Hugo Lombardi de "Betty la fea": Cómo sospechar que el actor en verdad no era marico en la vida real?

jueves, abril 14, 2005

Machismo femenino

Contó Margareth Cornivel que antier venía apretujada como todo el mundo en el Metro y que iba un tipo aparentemente solo y de pie que aparentemente intentó meterle mano a una mujer que al percatarse de la presunta intención le metió unos pescozones al susodicho que no dijo nada pero sí una mujer que al ladito venía y que se erigió para reclamarle a la otra: "Un momentico que a mi marido sólo le pego yo".

martes, abril 05, 2005

Anécdotas del mejor periodismo

Un amigo echaba en estos días un cuento según el cual un pana suyo, en los primeros años como reportero, fue mandado a las afueras de Caracas a localizar el epicentro de un terromoto que había azotado a la ciudad. Se fue acompañado de un veterano fotógrafo.

Llegaron a la localidad y empezaron a preguntar. Las indicaciones los llevaban a internarse más y más hacia la zona rural, hasta que el reportero gráfico detuvo aquella locura con otra genialidad. Le dijo al periodista que se pusiera delante de su cámara señalando con su dedo hacia el suelo. Foto de primera plana con la siguiente leyenda: "Nuestro periodista Funalo de Tal señala el epicentro del terremoto".

La anécdota me disparó hacia otras, que me concedió el legendario reportero gráfico Pepe Sánchez. En los años cimeros del periodismo de sucesos, la foto de un cadáver caliente valía oro en polvo. Quien primero llegaba a la escena del crimen, se garantizaba sus imágenes y acto seguido entraba en candente proceso de negociación con los familiares de la víctima para que le permitiera esconder el cuerpo del resto de los reporteros. La táctica consistía en meter al muerto en la maletera del carro y regresarlo al final de la tarde, cuando los demás hubiesen desistido de sus pretensiones por agotamiento.
Pero cuando el cadáver ya estaba recogido, entonces la bursatilidad se orientaba hacia las fotografías en vida del asesinado. El que primero llegaba, trataba de alquilar las fotos hasta el día siguiente, cuando ya el tubazo estuviera consumado.

Pero la joya de Pepe Sánchez es esta: el grupo de reporteros y fotógrafos estaba cansado de recibir coñazos informativos del equipo de El Nacional. Por eso, en una ocasión en que se enteraron de la localización de un cadáver en una población enmontañada vecina a Caracas, todos partieron a echar la foto sin avisarle a la gente de El Nacional, que se enteró con una hora de retraso.

La avanzada no consiguió nada y al cabo de una hora desistió. De regreso consiguieron a los representantes de El Nacional, a los que le informaron en coro que ya estaban jodidos, porque ellos habían tomado las fotos y el cuerpo ya había sido retirado del sitio. Buscaban así mofarse de El Nacional y, por si acaso, hacerlo retroceder, no fuera a ser que terminaran encontrando al muerto.

Periodista y fotógrafo de El Nacional, sintiéndose tubeados pero sin confesar ese pavor, dijeron que continuarían de todos modos. Se internaron por la zona boscosa y la búsqueda afanosa por supuesto que no concluyó en nada.
Hasta que la locura raptó la mente del fotógrafo, quien le ordenó al conductor que se echara al suelo, donde lo regó de hojas secas y ramas. Click. Tubazo histórico. Al cabo de 30 años todavía dolía quejode.

lunes, marzo 21, 2005

Componer una canción

Ultimamente no salgo de Vive y Catia TV. Será porque allí viven poniendo videos de Silvio Rodríguez y Alí Primera. Lo que siempre hace venirme el punzante recuerdo devenido en eterna frustración, entre muchas: ¿Será que un día por fin voy a ir a Lara a comprarme la bendita guitarra y hacer mi enseñanaza autodidacta?
¿Será que algún día voy a componer una canción? Vaya. Componer una canción. Vive me tiene jodida la existencia con un temita de Silvio que no sé por qué misteriosa razón siempre me destroza la mínima ilusión de escribir una composición, porque la letra es tan simple pero emotiva que me hace empequeñecer bien de admiración o de impotencia. ¿Cuándo será el día, Dios mío santo, que yo garrapatee una historia musical capaz de estremecer conciencias y corazones al mismo tiempo? A veces la imaginación se despliega cual papagayo y desarrollo una escena en la que aparezco en una taguara abierta, sentado en una sillita y echándolo bolas dos horas con temas sean de Silvio, Alí o de tantos juglares que pueblan el continente. O de Rummy Olivo, o de Reinaldo Armas. Si la asistencia es variopinta, de Shakira, que también es arrecha a la hora de componer.
¿Qué es lo que hay que sentir para componer una canción? A la luz de Silvio Rodríguez, el más puro y desolador tormento. Hay que ser atormentado para ser capaz, para ser vital. Y hay que ser lo suficientemente disciplinado para sentarse a darle breve forma a lo que se siente. Ah, disciplinado.

jueves, febrero 24, 2005

En Nueva York era la protesta

La última vez que vi a Jofre, era una inmensidad de hombre. La penúltima vez habíamos hablado en El Rosal. Le zampábamos a par de bichas de McDonald' s y por entonces planificábamos cómo atracar al discapacitado del callejón La Puñalada que vendía tarjetas telefónicas usadas que por entonces la gente tenía fiebre de coleccionar. Jofre arrebataría el álbum y correría en zancadas hasta la Casanova, en cuya esquina yo recibiría el botín, lo metería en mi bolso de bluyín y caminaría a contrapelo haciendo notar más todavía mi cara de güevón.
La penúltima vez casi paramos huesos en prisión. Ex profeso se había levantado un pure marico en uno de los botiquines de Las Mercedes, a quien luego del latazo de rigor pudo birlarle unos cheques de su chequera.
Nos citamos al día siguiente en Sabana Grande a las 6 y 30 de la mañana. Andaba alterado porque tenía dos cheques que urgíale hacer efectivo apenas el maldito banco abriera su puerta. No quiso contar cómo obtuvo esa aproximación a la firma del pato (supongo que ahorró contar los detalles más íntimos de la noche de anoche), pero había garrapateado algo que él aseguraba va y pasaba por la firma del maricón.
Quería llegar dos horas antes para, en la panadería vecina, detectar a un cajero cagatintas y emburrarlo con una coba. Lo abordó con esa facilidad para caerle bien a la gente y casi que pasaron juntos, uno detrás del otro. Quién sabe el mojón que le metió al tipo, pero el cajero prometió pagarle los cheques sin revisar tanto la firma.
Media hora después (yo esperaba afuera, ese era siempre mi triste papel) salió despavorido casi con unas esposas en las manos, porque las firmas no sólo resultaron muy chimbas, sino que el culoalegre de Las Mercedes resultó ser un gerente de banco que esa misma noche, una vez saciado, había hecho el reporte del extravío de sus cheques. Pero la última vez nos encontramos en Nueva York. Hablamos cinco minutos, pues estaba retrasado en su propósito de asistir a la marcha que ese día realizarían por calles de la Gran Manzana la Asociación de Obesos de Estados Unidos en contra de la multinacional y multicalórica McDonald's. Fue la última vez que lo vi... era una inmensidad de hombre, casi infinito (...)

miércoles, febrero 23, 2005

Sigamos adelante

Ayer de nochecita hablaba con un amigo de la infancia que no sé por qué andaba con una citadera de sus años infantiles. Que si representó a Carabobo no sé cuantas veces en el seleccionado de beisbol que iba a los Juegos Nacionales, que si formaba parte del equipo de natación de quinto años... y así, hasta ser hoy en día un frustrado Grande Liga que no soportó el escrutamiento de un gringo que lo evaluó en una granja que los Marineros tienen por Güigüe.
Permanecí callado durante todo el acto de evocación. Luego de la despedida, hice retrospección y quise averiguar la razón de fondo que me mantuvo silente. No encontraba una razón verdadera al hecho de que no pudiera yo esbozar a flor de piel hazañas deportivas de mi juventud inicial.
Pero esta mañana tropecé con un razonamiento que me parece explica de modo genuino mi desinterés. Ocurre que al esforzar la memoria, mi recuerdo recurrente no es una imagen. Es un sonido, un coro. De mis años primarios en la escuela, lo que más sacude mi mente es un cántico deleznable: ¡Eso no importa, eso se repara, sigamos adelante que no ha pasado nada!

miércoles, febrero 16, 2005

Frase verídica



"Alí Primera define la calidad del proceso revolucionario". José Vicente Rangel.

lunes, febrero 14, 2005

La manzana se pasea...

Vainas de la vida, el pasado viernes llegaron a mis manos dos entradas para un concierto que Ilan Chester daría en el teatro Teresa Carreño. El Ilan de siempre, el buen, el bueno de Ilan: sus canciones de los 80, su piano, su cuerpo ahora regordete pero antes raquítico, sus lentes correctivos de ahora y sus culos de botella de antes. El órgano y el piano de antes y los de ahora. El talento eterno. Qué manera tan arrecha de reecontrarse con el alma de uno.
Ilan echó un paseo por su reporterio. Satisfizo con todos los temas. A mitad de camino la asistencia la pidió Cerro Ávila y él, desdoblando juguetonamente la voz, dijo que esa era la última, ni güevón que fuera.
Así, canción tras canción, el público (que alcalzaría el 40 por ciento de la capacidad del Teresa) se hacía cómplice del bien llamado músico de Venezuela, quien también es bueno contando chistes.
Temas de la Onda Nueva desde luego que brillaron por su presencia. En un plasma colocado al final del escenario, se observaba al Ilan de hace 25 años. Patético. Claro, patético ahora que uno lo ve con ojos modernizados, pero en el 83, 84 y 85, ese esperpento de hombre hacía del delirio de las pavas venezolanas.
El momento carcajeante de la velada (apartando todo lo carcajeante que puede ser Ilan en sí mismo) fue la presentación al público de un cuatrista excepcional que acompañó al músico de Venezuela a la hora de los temas de la Nueva Onda. "Es verdad, los amores que se tienen en la vida, nunca se olvidan, son aromas que se quedan en el aire, y una estela de fragancia van dejando..." Momento cumbre. El chamo del cuatro hizo sonar su instrumento como si de toda una orquesta de instrumentos de cuerdas se tratara.

Ilan admitió haber conocido al chamo hace poco. Lo llamó al centro y le alabó su talento. Se enredó un poco para informar a la audiencia que el cuatrista era su imitador. Dos canciones fueron suficientes para demostrarlo y hacer doblar de la risa a los asistentes.

El cuatrista no sólo imita perfectamente la voz de Ilan, sino incluso el tono, el tempo. Imagínese el lector a Ilan lento e bola entonado el estribillo "la manzana se pasea de la mesa al comedor, no me piques con cuchillo pícame con tenedor".
Luego otra: "Mi burrito sabanero va camino de Belén, si me ven, si me ven, voy camino de Belén". Ilan mata el ritmo de estas canciones que corren en la Fórmula Uno.
Y vino Cerro Avila. Momento de reflexión. ¿En verdad no hay ningún símbolo que caracterice al caraqueño? Ahí estaba Cerro Avila para proponerse. La gente escucha el tema y sale impulsada de sus asientos frenéticamente a revolcarse con algo que le pertenece. Los caraqueños encuentran en Cerro Avila la mejor forma de materializar una pertenencia, reflejar un modo de ser, una manera de pensar. Nada define mejor a esta capital que su cerro. No en vano a la gente le pica el culo tan arrechamente cuando escucha la canción de Ilan. No de gratis Ilan sabe que debe reservársela para el fin, para que su público se vaya rememorando la letra, analizándose a sí mismo. Queriendo, amando y gimoteando por esta infernal capital.

pd:
Los caza crónicas

De modo casi que natural, uno asiste a estos eventos con otros ojos. El inconsciente siempre nos dice que no hay acontecimiento que no sea susceptible de una buena crónica. Así que en esa onda andábamos en ése y todo evento.
Pero apenas estábamos entrando, advertimos a un rival que alguna fama de buen cronista tiene. Iba en actitud de cazar una crónica. Se le veía en los ojos, es la mirada esquiva.
Se sentó en el ala derecha entre los primeros puestos. Andaba solo. Se caló todo el concierto inconmovible en su puesto. Apenas se asustó cuando Ilan convocó al escenario a los tamboreros de Herencia para que le hiceran acompañamiento en una canción. Todo el mundo empezó a mover el rabo, y él, temeroso de quedar en evidencia en primera fila de no moviendo el esqueleto, se replegó hacia la parte de arriba a observar desde allí la aclamación de ¡otra, otra, otra! Se despidió el músico y el cronista se internó hacia el centro del teatro como buscando calor, como buscando escuchar algún comentario con el que alimentar su crónica. Como buscando escuchar ¡Ilan, toma mi cuca, cógeme! Vino el fuego del tambor final y ahí sí que huyó el cronista.
Era Enrique Rondón Nieto.

jueves, febrero 03, 2005

Cabrujiano, por siempre

Soy lo mucho o lo poco -o lo nada- que soy porque un día providencial de mi vida descubrí que José Ignacio Cabrujas existía. A lo mejor yo había oído hablar de él, o de sus novelas, o lo había visto en pantalla. Por descubrir digo que en una ocasión me tropecé con sus crónicas en El Nacional. Nunca más volví a ser el mismo (..)

Por aquel entonces (mal) habitaba yo en Valencia, sin orientación, sin bitácora de vida. Y apareció el remolino de Cabrujas a empujarme, a afianzarme como ser humano profundamente atormentado en su interioridad. Cabrujas empezó a enseñarme el país (..)

No había sábado en la vida que yo no saliera a matar por un ejemplar de El Nacional (juro que es literal). Y después de consumir la crónica de Cabrujas, organizaba la vida en función de esperar la siguiente con desbordada ansiedad.

Fui conociendo al país, los hechos, los personajes, la historia, las injusticias... fui creándome importantes, sólidas referencias de vida, del pasado, del presente, del futuro. Empecé a garrapatear, a querer escribir como él, a copiarlo. Me hizo irónico, punzante, corrosivo, miserable. ¡Qué bien!

Me convertí en coleccionista de las viejas crónicas, las que no tenía, las que no había leído. Arquélogo de Cabrujas, eso. Obtuve muchas cosas viejas, igual de fascinantes. Hasta agarré con el pana Pedro Ruiz e hicimos una chorrera de entrevistas a la gente de Cabrujas pensando en un documental cuando cumplía cinco años de muerto. Allí están Román Chalbaud, Tania Sarabia, Gustavo Rodríguez, Franklin Virgüez... estaba Rafael Briceño...Laureano Márquez... Qué bueno sería, Pedro, si por fin hiciéramos ese libro.
Y "El país según Cabrujas" no ha sido más que mi biblia de consulta para cuando la vida me desorienta. Cuando ello ocurre, muy al estilo del evangélico con su bibilia, abró un artículo al azar y allí está el alivio, la calma. Cabrujas es un vicio. Más que eso: una obligación.


Quise escribir estas tres líneas porque acabo de leer en el periódico que Yoyiana Ahumada -a quien dejé en herencia casi toda la arquelogía cabrujiana que recolecté- dictará un seminario auspiciado por la Fundación Cultura Urbana denominado: "Cabrujas: ese ángel terrible. Vigencia de un diálogo con el país".

Por favor, que alguien me haga la caridad de pedirle a Yoyiana que me invite.






martes, febrero 01, 2005

¡Eureka!

¡Qué arrecho es el poder!