miércoles, septiembre 30, 2009

Cama y mesa


Seguramente que Fernandito Villalona forma parte del acervo personal de cada uno de ustedes. Al menos mi memoria colapsa de recuerdos con las canciones de este caballero, una potente leyenda musical que iluminó los desconcertados años de la Generación 90, de la que posiblemente yo formé parte pero echadito hacia la esquina, más bien en contra de mi voluntad (un perfecto renegado).

Para las perspectivas pueblerinas, Villalona venía a ser algo así como la lejana luz de un barco que se acerca parsimoniosamente y que se detecta en la noche desde el muelle de una pequeña comunidad perdida en los confines de un país abatido, es decir, una novedad rara pero anhelada, un tema bien sabroso de conversación desprendido de lo incierto, un orgullo injustificado, el titular de primera a falta de mejores acontecimientos. Porque Fernandito ni siquiera era que hacía poesía, sino filosofía, sobre todo para quienes teníamos la angustiante afición de problematizar las cosas más sencillas de la vida, como ir a bailar –o a hacer las veces- a la discoteca Los Gallegos de Valle de La Pascua, de donde Ramón Blanco y este servidor se largaban ofendidos a plena madrugada porque el disc jockey incurría en la sensatez de hacer rodar el acetato que contenía el tema “Amaneciendo”, lo que quiere decir que nos proclamábamos propietarios municipales de Fernandito Villalona. Era una manera de drenar la irreverencia con la que empezábamos a curtirnos, claro, pero eso lo sé ahora.

Nosotros entendíamos que se escuchara a Wilfredo Vargas, porque era cosa del vulgo –cuán equivocados por tantos años, Dios mío, cómo no entender entonces que El jardinero iba a ser un mito milenario-, pero Villalona estaba en un templo, era nuestra religión y como tal le teníamos su altar con sus velones encendidos. Era algo que irremediablemente habría de quedarse para siempre en nuestras vidas.

Cuántas tertulias madrugadoras, cuántas clases echadas por la borda, cuántas incendiarias discusiones con Henry Arteaga –un vallemetío que recaló desde Barquisimeto con los primeros long play de Villalona-, cuántas novias inasibles, cuántos besos perdidos por no saber decir te necesito, cuánta tristeza añejada, cuánta vida estropeada, cuánto talento sin florecer, cuánta pobreza sonrojada, cuántos aguaceros de ilusiones, cuántos llantos comprimidos, cuántos odios macerados, cuánto malditismo derramado, cuánta voluntad para que tener que entender al mundo por ultraje, cuánta buena voluntad con los iguales, cuánto estímulo por inyección propia y cuánto egoísmo inoculado por la atmósfera.

Todo ese verguero se me ha venido encima recientemente cuando en el bulevar de Sabana Grande he detectado parado tomándose una cerveza al mismísimo Fernandito Villalona.

Instintivamente no hice sino llamar a Ramón, quien garantizado de que yo me le acercaría, me imploró que le introdujera una sonda a los latidos de su corazón para extraer elementos con los que en una próxima congregación analizar, en retrospectiva, qué había detrás de los temas “Cama y mesa” y “Seré”.

Hice el recorrido, que tuvo tantos atajos como quepan en seis cervezas, y que oportunamente estaré transmitiendo por este mismo canal en día y hora indescifrables.


Posteadito: ¿Alguien sabe dónde conseguir confiables dólares del mercado intangible? Lamento este feo, pero tengo una urgencia familiar que desde luego no aspiro ni tengo tiempo de resolver vía Cadivi, y nunca como ahora me vendría bien una buena amistad. Senqiuverimucho.

Enriquecida por El Caracazo


Por cuenta de El Caracazo, Liliana Ortega y Cofavic (es la misma cosa, esta dama se adueñó de lo que nació como una genuina trinchera de lucha popular) reciben subvención de al menos 30 poderosas instituciones mundiales, entre las que se cuentan, faltaba más, la embajada de Estados Unidos, ONU, USAID y la Fundación Konrad Adenauer, etcétera largo. Pero usted se mete en la página de Cofavic (cofavic.org.ve) y le salen con la trampa de que la sección donde debe informar de su financiamiento está en construcción.

Es tan boyante la cuenta bancaria de Cofavic, que todos sus trabajadores, desde el más humilde hasta su directora ejecutiva (Liliana Ortega) y su presidenta Hilda Páez ¡ganan sus salarios en dólares!

La señora Ortega es la directora ejecutiva de Cofavic, y es la vocera , pero para barnizar de popular a su ONG puso como presidenta a la señora Hilda Páez, madre de un joven asesinado en El Caracazo. Ortega le tiene montada una custodia personal para asegurase de que no tenga acercamiento con los movimientos populares de Petare, donde vive la señora Páez (su hijo fue asesinado en el barrio Maca).

A las multimillonarias corporaciones que la financian, Ortega le rinde cuentas con informes constituidos exclusivamente por recortes de prensa de El Nacional y El Universal. Donde estos medios dicen que hay ejecuciones extrajudiciales, ella manda a una periodista para que recabe notas de prensa locales y así arma cuadernos que entrega a sus asalariantes.

Estuvo años acorralada por los adecos y copeyanos que no reconocieron los crímenes de El Caracazo, pero la Revolución los reconoció y los indemnizó, y ella se quedó sin alegato y se refugió en el arte de crear intrigas entre los familiares de las víctimas para que exijan el dinero de la indemnización, para que se echen cuchillo entre ellos.

El pueblo de Venezuela, en la memoria de los caídos durante El Caracazo, debería auditar la propiedad y las cuentas de Cofavic. Nos quedaríamos locos con los resultados.

lunes, septiembre 14, 2009

La América en punto de inflexión


Al cabo de una vertiginosa década de renovación política, la América inicia un nuevo punto de inflexión. Comienza el venidero 25 de octubre con las presidenciales en Uruguay, donde el Frente Amplio se proyecta a retener el poder, sólo que transfiriéndolo de un tibio Tabaré Vázquez a un candente Pepe Mujica. Continúa en diciembre de este año con la cantada victoria de Evo en Bolivia.

Pero las relaciones de poder se pondrán a prueba este mismo diciembre en Chile, donde por primera vez –post dictadura- el anquilosado Partido Socialista y la Concertación cederán el poder, bien a Sebastián Piñera, con lo cual el imperio buscará abiertamente imbricarlo con Bogotá, o al joven senador disidente Marco Enríquez-Ominami, que ha sostenido posiciones cercanas al ALBA.

En 2010 toca a Colombia, pero no es la misma situación de 2006, porque Uribe está desgastado y eso lo aquilatan bien las fuerzas imperiales, que si deciden jugar con Santos, quizá cometan un error histórico, pues el Santos guerrerista y racista es el adversario soñado para la izquierda, cuyo chance estribaría en Gustavo Petro y mucho más todavía en Piedad Córdoba.

Brasil vota en 2010, y no es tan seguro que el PT gane (por el exceso romanticismo de Lula), aunque su eventual derrota no será facturada por la reacción, sino por el Partido Comunista.

En 2011 se elige en México y Perú, pero ambos resultados serán directamente proporcionales a lo que haya ocurrido en Colombia y en las parlamentarias venezolanas de 2010, donde el proceso revolucionario y sus vástagos continentales tendrán su personal punto de inflexión.

martes, agosto 11, 2009

A BORDO DE LA FLOTA CUBANA DE PESCA


Hace unas noches estaba escuchando en Globovisión una entrevista que le hacían a Soledad Bravo, una muy buena cantante venezolana que toda su vida ha vivido a costillas, principalmente, del trabajo creador de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, insignias de la trova cubana, nada menos.

Soledad ahora no cree en lo que pregonaba en sus cantos, no cree en el poema del son desangrado y hasta se permitió cantar esa noche la canción El elegido, de Silvio. No dejó de causarme una leve irritación arrítmica reconocerla tan pitiyanki (que está en su derecho) y tan elegida, porque hay que estar descompuesto mentalmente para entonar El elegido tan bellamente y al mismo tiempo andar diciendo que estamos en una dictadura encubierta.

Le hice estos comentarios sueltos a una amiga, quien se atragantó con la empanada que engullía para decirme que yo no había visto llaga, porque la muy Soledad hace un tiempito que había tenido las santas de dedicar, escúchese bien, dedicar, la canción de El elegido a Nixon Moreno. Mi arrechera ascendió a la escala de pre infarto.

Como se sabe (cosa de la que él se ha quejado), toda canción de Silvio se desparrama en múltiples y libres interpretaciones, cada cual más loca e infundada (como aquella de que con el unicornio azul se estaba refiriendo a su anhelo por un bluyín; o como que con Te doy una canción estaba suplicando por el polvillo). Lo que demuestra que sus canciones son poemas monumentales, capaces de habitar a cada persona con un ADN personalísimo.

Una que otra aclaratoria ha hecho Silvio al respecto. Por ejemplo, que efectivamente en 1969 compuso quizá su poema más nostálgicamente desgarrador y amoroso como lo fue De la ausencia y de ti (un título que por sí sólo nos vuelve mierda a los melancólicos), dedicado a una mexicana que en La Habana le esguachingó el corazón (actualmente son panas). Que esta canción sea clasificada por el mismo Silvio como una de las más nostálgicas, hay que echarle bolas, siendo que cada verso que este caballero canta es una nostalgia en sucesión.

Otra aclaratoria de Silvio se corresponde a otro tema suyo descifrado igualmente en 1969, e inspirado en los sucesos acaecidos el 26 de julio de 1953 en el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, cuando más de 100 guerrilleros combatientes contra la dictadura de Fulgencio Batista se vieron frustrados en el asalto al cuartel Moncada.

Uno de los líderes de aquella acción heroica fue Abel Santamaría, quien cayó preso en el asalto en su responsabilidad de tomar el hospital civil.

El descalabro lo puso en manos de sus enemigos, quienes lo torturaron para que delatara a sus compañeros. A los 26 años, y habiendo dejado de lado una vida colmada de suficiencias, aguantó serenamente la tortura, que comenzó a palos y prosiguió con la quema de uno de sus brazos; luego sus ejecutores le sacaron un ojo y Abel soportó estoicamente este salvajismo. Y murió sin abrir la boca. Semejante actitud la de su hermana Haydee (bienaventurada, con los años, de la Casa de Las Américas y madre putativa de los rebeldes de la nueva trova –en realidad, la dedicatoria de Silvio fue para ella-), a quien pusieron a escuchar y ver las torturas a su hermano para que fuera ella quien delatara. No lo lograron y aquel capítulo familiar quedó sellado para siempre en la memoria de los pueblos de América Latina, que honra con el recuerdo a sus mártires.

Del gesto indescriptible y sublime y bello y espeluznante de Abel, quedó su legado para la historia de la Revolución Cubana, que lo reconoce como a uno de sus héroes. Quince años después, Silvio le compuso, a bordo de la flota cubana de pesca, El elegido, que esta coñitoesumadre de Soledad Bravo ha venido a profanar dedicándosela al delincuente de Nixon Moreno.

martes, julio 28, 2009

AYUDEMOS A OBAMA


Mi amiga Sandra Guinea me escribe un correo desde Centroamérica para reclamarme mi ausencia del tema Honduras. Atribuye mi desánimo a que no es un asunto de Venezuela.

Le digo ahora que la acompaña la razón en una cosa pero la desacompaña en otras. Cierto que no he escrito sobre Honduras, tal vez porque excepcionalmente he andado hablando más del caso Honduras que escribiendo. Pero se equivoca cuando juzga que lo que ocurre no ocurre en Venezuela. Cualquier sesudo sabe que el epicentro de la crisis es Venezuela, y el desenlace está en veremos a la espera de Obama, que no de Estados Unidos.

En algunos programas de radio y en conversaciones informales he venido diciendo, como es obvio, que la embestida es contra la idea de los procesos constituyentes (nada es más poderoso que una idea cuya época ha llegado).

Si el proceso constituyente se agilizaba en Honduras, el ALBA iba a mover el tablero con una jugada de oficio: Nicaragua y El Salvador escoltarían inmediatamente la seña. Y por efecto Belice, y de carambola por la dinámica (y dialéctica) sociopolítica ¿ascendería hasta ¡México!?

Al menos en México el tema iba a ser parte del debate, y en función de la idea constituyente giraría la opción que podría tener López Obrador de refundar a los aztecas. Se suponía que el estallido de Centroamérica causaría alguna ebullición a la mexicana.

Como se ve, se trata de una escalada, de un ascenso hasta imaginario (de Suramérica sube a Centroamérica con pretensiones de hacer cúspides en los yuneisteis).

Antes de que la sangre se asomara en el horizonte, el poder económico estadounidense ha encontrado ocasión de poner en trance a Obama para que diga si es marisco o molusco.

A su modo, Obama había emprendido una lenta pero interesante transformación de la mentalidad gringa. La hegemonía no pretende dejar desarrollar mucho esta cabuya y desde la base militar de Honduras lo reta permanentemente a decir con quién está (el silencio otorga, claro).
De modo que el adefesio militar y político de Tegucigalpa no reta a nadie, no es contra la OEA y LA ONU y Mercosur y Río y ALBA que hacen sus carantoñas.

La jugada consiste en detener a Obama, y la respuesta que se espera es la de Obama, quien no tiene otra opción que el silencio, y será mejor ir comprendiendo esto y acordar la incursión de Zelaya en Tegucigalpa para que el balón quede en manos del poder yankee.

Si Obama decantara por una posición dura a favor de restituir la constitución hondureña, inmediatamente sus adversarios polarizarían al pueblo estadounidense con el estúpido dilema de chavista y antichavista. Es lo que Obama no quiere hacer, pues lo quiere meter como el perro. Hay muchos pobres en Estados Unidos a quienes no tiene por qué disgustarles que el grueso del presupuesto se gaste en ellos. Demasiado ambiente servido para la propuesta de voltear al país. Estados Unidos, a fin de cuentas, es una bomba de tiempo, y los imperialistas no quieren a este tiempo de constituyentes. Si los Estados Unidos es un pueblo de pensamiento de avanzada, ¿por qué va a esquivarle el cuerpo a hablar una nueva constitución?

Obama no tendrá propuesto llegar y lanzar un decreto llamando a la Asamblea Nacional Constituyente, pero sus pequeños (a veces imperceptibles cambios) irían moldeando la rígida estructura del alienado pueblo estadounidense. Es la única vía, porque si Obama intenta su terapia política por electroshock, como sí ha ocurrido en Suramérica, es completamente inviable y sería sacado del poder a través del congreso. Sólo le queda el camino de la vaselina y antes de que la penetración se hiciera irreversible, los dueños de ese país han logrado una jugada inteligente a sus fines: detener la gestación revolucionaria en USA.

Y el poder gringo, se encarna en el rostro y el cuerpo de la Hillary Clinton. A ver, cuando se produjo la entrevista con Globovisión (donde el versátil Leopoldo Castillo se dedicó a leer letra a letra las preguntas del libreto), la intención clara era evitar que el repique del golpe en Honduras viniera por vía de Globovisión. Es que una de las preguntas y su respectiva respuesta delataron este propósito. Es decir, bueno, dimos un golpe y seguramente el ALBA moverá uno de sus alfiles contra un caballo nuestro, será mejor advertir que eso nos disgustaría, precisamente ahora que el canto de mate a los golpistas queda de nosotros. Esperen a ver si nos decidimos.

Así que los minutos conspiran contra el ALBA y no veo más camino para Zelaya que llegarse mañana mismo a Tegucigalpa y martirizarse en serio. La patria grande se lo agradecerá y le hará un pequeño espacio en la Historia. Y queda de nosotros ver cómo ayudamos a Obama, uno de los sufridos de este cuento.

domingo, julio 19, 2009

Luisa Ortega Díaz versus el pueblo

Introito:
Recientemente la fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, publicó en Últimas Noticias una opinión defensora de su propuesta de instaurar una ley de delitos mediáticos. Como en este texto ella expone la nuez conceptual de su planteamiento, me he tomado la atribución de ofrecer mi opinión sobre el tema sobre el de la fiscal general. Abajo, sus ideas en color negro, y los comentarios míos remarcados en rojo.

Por cierto que no he visto que los periodistas dolientes de la Revolución Bolivariana estén discutiendo este asunto. Me temo que hay un conformismo y cierto placer de que haya tenido que venir una abogada a pretender llenar nuestras lagunas mediante un decreto.

pd: a través de su equipo de prensa ya hice llegar o intentar hacer llegar esta reflexión a la fiscal general.

Delitos mediáticos

Por: Luisa Ortega Díaz

El artículo 60 de la Carta Magna establece que toda persona tiene derecho a la protección de su honor y reputación. Este derecho está protegido a través del Código Penal, que establece sanciones para los delitos de difamación e injuria. Es decir, frente a un derecho el Estado otorga la garantía de sancionar a quien exponga a otro al desprecio público.

Hay jurisprudencia[1] que sostiene que el derecho a la información (de la ciudadanía) está por encima del honor, esto en el entendido de que el peor asesino también tendría derecho a no ser sometido al escarnio (la prisión ya supone suficiente castigo). Pero, efectivamente, el Código Penal otorga herramientas a quienes se sientan vulnerados por el ejercicio periodístico. Lo que quiere decir que quien se sienta difamado o injuriado, necesariamente debe concurrir a los tribunales y pasar por el malestar que esto supone desde todos los aspectos, como tener que contratar un abogado y disponer del tiempo para someterse a un maratón judicial.

Por otra parte, el artículo 58 del texto constitucional, que regula la libertad de expresión, establece el derecho de las personas a la información oportuna, veraz, imparcial y sin censura. Ante la violación de este derecho no existe ninguna protección, pese a que este artículo señala que la comunicación comporta deberes y responsabilidades. Es decir, en caso de que las personas no obtengan información veraz o cierta, no es posible sancionar penalmente a los responsables, pues la conducta se considera atípica.

Este artículo tiene contradicciones y vacíos que me permito exponerle: de suyo, la información tiene que ser veraz, lo contrario lo niega. Así que una primera contradicción viene por la vía del pleonasmo. Lo mismo que oportuna, es decir, el concepto de noticia lleva adherida como siamés la noción de perentoriedad (noticia es algo que pasa y que se informa rápido). Y lo de imparcial se niega en la misma Constitución cuando se afirma que la libertad de prensa y la libertad de opinión y la libertad de expresión se garantizan. De modo que desde el mismo momento en que editar un periódico es lícito, en ese instante se está licenciado la parcialidad. De hecho, en la praxis esto está legitimado cuando nos preguntamos que cuál es la línea editorial de equis medio. Y finalmente, hay un vacío que enmarca todo el problema: en realidad estamos hablando de medios de información (que recaudan y suministran información). La comunicación trasciende orbitalmente a la información, al punto de que estamos en presencia de dos teorías distintas y en ocasiones diametrales. La teoría de la información es apenas uno de los tantos tópicos de la teoría de la comunicación. Tanto es así, que el mismo artículo garantiza que el derecho a recibir “información oportuna…”.

En las últimas décadas hemos sido testigos del auge de los medios de comunicación (información). A través de ellos se conoce lo que ocurre en el mundo, se emiten opiniones, se publicita y hasta se incita: Es conocido cómo en febrero de 1898 el empresario de los medios de comunicación (información) William Randolph Hearst, azuzó la guerra entre EEUU y España apelando a la manipulación de hechos tras una supuesta destrucción del acorazado norteamericano Maine en la bahía de La Habana. Con estas noticias, además, el empresario aumentó las ventas de sus diarios. No manipuló, inventó.

En fin, ciertos medios cuentan los hechos a su manera (irremediable) y, en muchos casos, premeditadamente, sin importar el impacto que la noticia tiene en la población (los medios, justamente, tienen por razón de ser el de impactar a las sociedades). En 1938, el guionista y productor estadounidense Orson Welles generó pánico en Nueva York al adaptar en radio la novela La Guerra de los Mundos, que trata sobre una ficticia invasión extraterrestre. La histeria colectiva generada demostró el poder de los medios de comunicación (información). Buen ejemplo, ¿tuvo la culpa Orson Welles por la excesiva credulidad de los habitantes de Nueva York? El punto es, doctora, que lo emitido en un medio tiene, precisamente, valor en la medida en que unos usuarios disciernen o no sobre lo que se les informa. Si fuese fácil de creer lo que El Nacional o El Universal escriben, o lo que Globovisión emite, el presidente Chávez estuviese liquidado hace algunos años, incluso antes de emerger.

Con el paso del tiempo la historia se repite y las manipulaciones de algunos medios han aupado desde crímenes de guerra, como en Serbia, hasta golpes de Estado, como en Honduras. Y como en Chile y como en Venezuela y en todos lados. También se usan para sostener dictaduras encubiertas como democracias.

Venezuela no escapa de situaciones similares, y frente a éstas no existe garantía de que el Estado imponga las sanciones a quienes en forma dolosa difundan informaciones inexactas o no veraces. Por ello desde el Ministerio Público promovemos la sanción de la Ley contra Delitos Mediáticos, para regular la actuación de los medios.

Doctora Ortega, usted misma ha citado los artículos constitucionales 58 y 60 como garantía de la ciudadanía frente al desempeño de los medios.

En todo caso, doctora Ortega, con su respecto, a mí me parece percibir de su genuina preocupación que la conclusión es que tales artículos son insuficientes, pues la gente no los ejerce. Y se crea un cuello de botella de liberalismo e impunidad.

Digo esto porque, por mucho que le meto coco, no veo factible que podamos con una ley de delitos mediáticos, porque cada noticia que se escriba o se emita deberá estar acompañada de un juez que signifique la garantía de veracidad. Esto no tiene aplicabilidad, porque la conclusión nos pondrá a debatir cuándo una información es verdad o no, y de allí a debatir plenamente el concepto de la verdad, no hay barreras.

Sin contar que tendría que crear usted una fiscalía de medios, en la que se dediquen a leer todos los impresos y todas las televisoras y radios para ir determinando qué es verdad y qué no.

Usted podrá decirme que ello no es necesario, pues no aplica la variante de noticia críminis, sino que se actuara a instancia de un tercero.

Si esto es cierto, ¿no puede ese tercero invocar los artículos 58 y 60 y acudir ordinariamente a un tribunal?

Doctora Ortega, permítame este abuso: creo que la génesis de su preocupación está en el artículo 57 constitucional, que garantiza el derecho a réplica, que se ha vuelto obsoleto de tan poco recurrido.

Inciden factores emocionales: nuestro pueblo sigue percibiendo a los medios y a sus periodistas como templos inaccesibles, como entidades intelectuales contra las cuales hay poca capacidad de confrontación.

Si nosotros logramos extraerle esa debilidad a nuestro pueblo, los tribunales venezolanos se verían atestados cotidianamente de acusaciones de periodistas, como en otras sociedades, por cierto.

De modo que me permito recomendarle que, en lugar de una ley de delitos mediáticos, se cree una fiscalía de atención a las víctimas de los medios de información, la cual sea habilitada (instada) por un individual para incoar juicio.

En resumen, el Ministerio Público puede darle sentido y pertinencia al artículo 57, y en consecuencia colmar a todos los medios de réplicas (que por antonomasia cuestionan el desempeño de un medio) y consecuentemente de juicios, que en el corto tiempo se convertirán en modeladores de la actividad periodística. Más legítimo no puede ser, además. Yo alguna vez pensé en una Defensoría del Pueblo frente a los Medios.


[1] El inefable Arteaga Sánchez es puntal de esta doctrina

jueves, julio 09, 2009

Envirulado



''El humor es la distancia que hay entre lo que somos y lo que creemos ser''


Virulo, conocido por algunos también como Alejandro García Villalón, y que en antiguas temporadas tuvo como alter ego a Konstantín Von Sauerkraut, el personaje protagonista de muchas de sus composiciones humorísticas y quien ahora promete retomar su saga, se volvió a instalar en La Habana luego de 20 de residencias en México, donde existe un tipo de humor choreto que puso en jaque el sideral talento del cubano, a quien le hice esta suerte de entrevista.

En los últimos años, ¿se ha distanciado de Latinoamérica?

Para nada, me he presentado en Venezuela, en Argentina, en Chile, en Colombia y muchas veces en México.

¿Qué variaciones conceptuales les dejaron los discos "Virulo furioso" y "Canciones del corazón y el resto de mis tripas"?

Mis conceptos del humor no han cambiado, creo que el humor no es sólo para divertir sino para mostrar una faceta poco vista del mundo y de los hombres, sigo pensando que el humor es la distancia que hay entre lo que somos y lo que creemos ser, por eso siempre será más cómico un tipo feo que se cree bonito que un feo a secas.

¿Se ha mexicanizado su humor luego de más de 20 años de residencia en este país?

Creo que tal vez me he universalizado más, y sí, por supuesto, estar tanto tiempo en México ha marcado muchas cosas de mi obra, pero no creo haberme mexicanizado, de hecho tengo profundas contradicciones con el humor comercial que se hace actualmente en México y creo que es de lo peor de América Latina.

¿Qué es de la vida de Konstantín Von Sauerkraut? ¿Está senil? ¿Ha tenido mejor suerte en los últimos años?

Ya estoy pensando en continuar la saga y al parecer Konstantín vuelve con fuerzas renovadas y mucho viagra.

¿El público le sigue exigiendo "Génesis"?

Por suerte sí, así que estoy pensando seriamente meterme a cura.

¿Nico Saquito y Miguel Matamoros siguen siendo una inspiración en la obra humorística de Virulo?

Esos son mis padres y que yo sepa uno no puede cambiar de paternidad, y menos siendo un buen hijo... como modestamente me considero.

¿La Habana le sigue siendo imprescindible para su proceso creativo?

Sí, de hecho me acabo de mudar nuevamente para allá, aunque siga estando por temporadas en México.

Usted ha sido un audaz crítico de cierto tipo de "humor" en la televisión mexicana (humor gracejo), ¿mantiene esta visión o ha surgido una renovación que lo ha hecho cambiar de opinión?

La tremenda presencia de la televisión comercial mexicana en los hogares de este país creo que ha sido un poderoso instrumento de banalización y desinformación del pueblo mexicano y definitivamente un atentado contra el pensamiento y la inteligencia, lamentablemente; salvo honrosas excepciones, el humor comercial ha estado a la vanguardia de la estupidez.

¿Qué descubrimiento humorístico ha hecho en Latinoamérica en los años recientes?

En México: Lazcano Malo y Germán Dehesa (un excelente periodista y humorista mexicano). En Cuba: Telo

Ya pasados los años, ¿se atrevería a contar cómo y por qué nació "El Colibrí", un paréntesis estilístico en su carrera que para muchos es una alcabala en sus conciertos?

Pues surgió de un cuento que le hice a mi esposa una noche en Varadero, Cuba, luego le puse música y luego me di cuenta de que la de "La edad de oro" tenía mucho que ver con la historia.

¿"La edad de oro" sigue siendo una referencia cotidiana para usted?

Creo que es uno de los libros más hermosos y con más respeto por los niños que he leído.

¿Se ha cansado?, ¿hace menos conciertos?

Para nada, al año hago no menos de tres conciertos por semana como promedio, a veces hago 15 conciertos uno detrás del otro y luego descanso y escribo un par de meses.

¿Se siente cómodo cuando se le invoca su condición de fundador de la Nueva Trova Cubana?

Sí, me sigo sintiendo de la nueva trova, parte de la revolución y parte de la cultura de mi país Cuba.

¿Qué se le ha hecho Sara González?

Sarita está bien, con algunos problemas de salud que la han alejado un poco de los escenarios, pero sigue siendo una persona muy querida para mí.

¿Qué valoración hace de los procesos sociales que han echado marcha en América Latina?

Pues que ya era hora de que Latinoamérica se percate que somos nosotros quienes tenemos que resolver nuestros problemas, no nadie de afuera.

¿Y de los cambios introducidos por la Revolución Cubana bajo la presidencia de Raúl Castro?

Pienso que Raúl tiene una visión más pragmática de la realidad cubana y está haciendo lo necesario para que Cuba produzca y eso traiga más recursos y un mejor nivel de vida para los cubanos.

Piensa que esta es la mejor conclusión del humor: "El humor no distrae: concentra, el humor no acepta: cuestiona, y finalmente no gratifica: inocula el veneno de la duda" (definición contenida en un prólogo de uno de sus discos).

Así es.

¿Ahora es más revolucionario?

Creo que sí, y más consciente de lo que eso significa.

martes, junio 30, 2009

Los anecdóticos


Con felina atención he estado este último mes tanteando las derivaciones del evento que con “intelectuales” realizó el Centro Internacional Miranda. Una primera frustración me ha golpeado: casi todos los allí presentes se replegaron como cucarachas una vez que Chávez los tildó de jueces y de presumidos, si bien planteó la necesidad de la crítica y de la autocrítica, aunque se pronunció por la necesidad de que primero definiéramos qué es un intelectual, sobre todo, qué es un intelectual en revolución.

Me ha decepcionado no ver a ninguno de los allí presente salir a batirse en defensa de lo que se dijo. Porque, finalmente, ¿se va a quedar sin paternidad la teoría del hiperliderazgo de Chávez? Por contrario, muchos han salido corriendo a publicar en Aporrea sus intervenciones para que quede claro que ellos no dijeron semejante vaina, que es una cobardona manera de pedir clemencia por lo inexpresado.

Pero desde luego que allí había intelectuales en el sentido exacto de su significado (los pocos), y otros que simplemente creen serlo e interpretan serlo (los muchos). Otros (los poquísimos) simplemente no saben qué hacían allí y por ahí se les ve acuñar maquinalmente que ese evento fue “histórico”, una jactancia inmamable no tanto por lo falso como por lo presumido, porque toda verga que ha venido pasando en estos diez años en Venezuela es HISTÓRICO. ¿Entonces el pueblo no es intelectual?, preguntó Chávez aquel domingo que los regañó.

En cualquier caso, no es mi abierta intención en este artículo meterme ni pelearle con quienes estuvieron allí y no fueron capaces de confrontar a Chávez (negación de la intelectualidad). No. Quería más bien advertir sobre cierta especie de intelectualidad que en el evento del CIM me parece que tuvo escasísima representación. Hablo de los integrantes de un grupito burocrático que con mucha astucia ha sabido apoderarse de una fama de intelectuales, de pensadores, de esclarecedores del momento. Y en esta condición son invocados para eventos, charlas, clases, cargos, asesorías, comisiones de servicio. Toda una red de refugios para no hacer ni aportar nada pero al mismo tiempo quedar como los salvadores de la patria, al menos del momento, del problema.

Se les identifica con cierta dificultad, pero usted puede reconocerlos porque en toda reunión que busque dilucidar una crisis específica, ellos apelarán a su fenomenal y desternillante repertorio de anécdotas (una mejor que otra), que van dosificando cada vez que en el encuentro hay un punto de inflexión. Así va transcurriendo la reunión, con más carcajadas que soluciones. Si uno de los presentes se salta lo anecdótico e intenta perforar al grano, el anecdótico apelará a una leyenda estelar, con la que perseguirá el doble propósito de la risa y el estremecimiento de la conciencia.

En realidad es una técnica para banalizar la situación pero haciéndola chévere, llevadera, pues las anécdotas casi siempre se refieren a libros y escritores, o a grandes políticos, por lo que los interlocutores van ganándose en la impresión de que forman parte de un colectivo intelectual arrecho, que comparten unos chistes que sólo se conocen en circuitos específicos del pensamiento. Es una trampa sicológica de los anecdóticos para salir indemnes de su propia precariedad.

Al final, los demás quedan con una sensación de devastación mental, estragados, como si hubieran hecho un esfuerzo físico inhumano. Y cuando alguien les pregunta que cómo estuvo la reunión, dirán que estuvo de pinga, pero al rato comprenderán que no hubo discusión y de la devastación pasarán a la pequeña depresión.

En tanto, el anecdótico habrá subido un escalón más hacia su templo en el que todo es quietud y es su sueño: una embajada anónima.

domingo, junio 28, 2009

El señor fiscal y su ahora señora van a la marcha del CNP


Circa 1999, quizá 2000 ó 2001 (yo qué sé, no convertí esto en razón de mi existencia). Yo me desempeñaba seguramente que con más errores que aciertos como reportero policial, rol en el que me aburría bastante, de allí que siempre anduviera buscando febrilmente cómo reinventar cotidianamente el periodismo, delirio del que todavía no me curo y por el que sufro mucho, en tanto soy muy infeliz. Pobre de mí.

Así como a Tarek William, en prensa policial solíamos recibir a los familiares de víctimas de la indefensión, que encontraban en los periodistas una luz en el túnel oscuro.

Cierta mañana recibí a una señora que llevaba una conmoción contenida. Su hijo de 18 años recién cumplidos estaba preventivamente preso en La Planta por solicitud de un fiscal público, quien lo involucraba en un asesinato ocurrido en un sector de Caricuao. Mitad solidario y mitad buscando matar el hastío que en las mañanas atacaba a la fuente policial, me fui con la señora madre a su sector y hablé con todo el mundo allí (menos con un ecuatoriano que servía de testigo principal al implacable fiscal). Obtuve suficientes indicios de que el muchacho preso en La Planta no estaba perdido en el camino de la delincuencia, que trataba de estudiar y que, líneas generales, era un muchacho de su casa al que una detención preventiva nada menos que en La Planta le estaba haciendo una invitación VIP al mundo de la perdición.

Total que construí una crónica bastante arrimada a la costillas. Sin dilación, el fiscal se declaró agraviado y solicitó un juicio en mi contra.

Injuria, difamación, infamia, creo que son las tres categorías asociadas al COPP con respecto al ejercicio del periodismo. Dos de estas tipologías suponen la evacuación de pruebas (si tú dices que yo robé tal cosa, ven y trae las pruebas), y la otra no, basta con el que acusador se declare agraviado y punto. El fiscal que se sintió ofendido por mi crónica prefirió la opción más despejada, aquella que no llamaba a la presentación de pruebas, porque esto suponía que pasáramos a identificar si el muchacho estaba injustamente preso en La Planta, para después determinar si entonces tenía sentido la presunta ofensa. Todo ello después de que hubiera ejercido ampliamente su derecho a réplica.

Lo cierto es que yo fui a mi audiencia preliminar sin convocar a jefes, colegas, amigos, familiares ni novias. Cómo no, la empresa que me exprimía puso a mis servicios un extraordinario litigante que al momento de alegar en el tribunal entraba en trance, levitaba de pura pasión a su arte. Como en el acto de conciliación el señor fiscal planteó que él sólo se sentiría resarcido si yo publicaba en dos grandes diario un aviso a página abierta pidiéndole perdón, ni siquiera terminamos de escuchar su idea y pedimos que por favor pasáramos a juicio. Total, yo en mi condición de periodista sólo diga la verdad, de modo que me resultaba cómodo y sencillo presentarme ante la señora jueza a defender la verdad.

No quise que la otrora poderosa empresa pegara lecos en mi favor con el artilugio de que se estaba atacando a la libertad de expresión, no inmiscuí a compañeros de fuente ni de redacción en el asunto (prácticamente no se enteraron), no amargué a familiares y novias con el temita. No. Yo detesto el papelito de víctima y acuso de patético al que lo asume. Yo quería ser consecuencia con lo que he creído, esto es: los tribunales repletos de periodistas defendiendo la golilla de la verdad.

Tuve un par de sesiones de asesoramiento con mi abogado, quien trazó una elemental estrategia de demostrar que no había móvil en el hecho imputado (lo cual era verdad). Y así llegamos rapidito al juicio, a instancias nuestras. Cuando yo estuviera en el banquillo siendo interrogado por la sensualota abogada acusadora, antes de contestar su pregunta debía mirar hacia mi coach: si se tocaba la corbata, debía responder no a la pregunta, caso contrario sí. No debía explayarme, mejor si me limitaba a responder.

Hubo un momento de duda, producto de una pregunta que yo había previsto, pero que mi abogado insistió en que me defendiera con la respuesta que él me diera en el instante. Lo desobedecí en esta respuesta y esto puso en jaque el juicio a nuestro favor, según me reclamó el jurisconsulto en una pausa. A cambio, me felicitó y dijo que ya estábamos ganados cuando ante una pregunta de la morena acusadora me entró un espíritu y me tiré un discurso memorable, concentrado en citar jurisprudencia de Alberto Arteaga Sánchez, a quien el fiscal tenía como Dios del derecho.

Concluido el juicio, y mientras la jueza deliberaba, en la afueras del tribunal Américo Morillo –quien se presentó un rato a hacer la foto del caso- no paraba de manifestarme su asombro al verme erigido en verdugo de la retórica.

La jueza que termina su deliberación y sale y la anuncia: absuelto. Abrazo sin sobresaltos entre el abogado defensor y su cliente. Y enseguida me devolví a mi fuente policial y en la tarde regresé a la redacción y entregué mis dos páginas y en la noche me fui a mi casa y me comí mi arepa frita con queso y mantequilla y la tacita de café con leche, que sabe a gloria después de haber demostrado en el tribunal que los periodistas somos amos y señores de la verdad. Y lo demostré sin que la jauría se enterara del juicio, ni aplicó la solidaridad automática. Fui un ejercicio de diversión y de aprendizaje (es in incalculable lo que un periodista aprende de su oficio luego de pasar por un juicio).

Pero los que sí estuvieron todo el tiempo arrechos fueron el fiscal Luis Izquiel y su entonces novia defensora (ahora esposa): la exuberante Delsa Solórzano, que ahora es una adalid de la defensa de la libertad de expresión, y que en nombre de ella seguro marchará este sábado al lado de los periodistas que se envanecen declarándose antichavistas.


PD: Habían pasado seis o siete horas y los medios de información del Estado no hallaban qué hacer con la noticia del fallecimiento del cantante Michael Jackson. De hecho, ninguna televisora ni portal lo había reportado todavía en horas de la noche. Mientras CNN reportaba el ingreso de 10 mil correos en dos horas, los medios revolucionarios ignoraron el acontecimiento, como si con ello desaparecieran esta verdad. Lo único que lograron fue que los socialistas se fueran en masa a otros canales. Es verdad que es una exageración de CNN encadenarse con la noticia, pero no es una exageración menor desaparecerla. Este viernes en la tarde escuché una escueta reseña de Tves en la voz de la flaca Alesandra Perdomo. Mientras tanto, Silvio Rodríguez se reúne en La Habana con Juanes, quien se declara al mismo tiempo admirador del trovador y de Álvaro Uribe.

miércoles, junio 24, 2009

Lecciones de romanticismo




A finales de la rarísima década de los 80 las salas de cine de Venezuela se abarrotaron por la exhibición de la película “Dirty dancing”, en la que un musculoso y guapísimo Patrick Swayze interpretaba a un proletario profesor de baile gringo que prendaba de su corazón a una aburguesada muchacha a la que conoció en un campamento de vacaciones en el que trabajaba el instructor. Ella encarnaba a la típica inocencia de la perdida juventud estadounidense y él parecía más bien un emigrante centroamericano, a pesar de su arrasador aspecto de niño bien.

“Dirty dancing”, ambientada en los años 60, contó con una inolvidable banda sonora que no solamente se ganó los premios cinematográficos que la mayoría de los cineastas anhela, sino que se instaló para siempre en la nostalgia de quienes cuyos corazones vibraron a los compases de un Patrick Swayze que en el imaginario venía a sustituir al también mítico bailarín de “Staying alive”, Tony Manero, alias John Travolta, quien a principios de la misma década había causado los mismos maremotos vaginales que después ocasionaría Swayze, y que en 1978 había iniciado Travolta con Danny Zucko en “Vaselina”.

Entre las millones de latinoamericanas que padecieron este sarampión ochentero, está mi nena, quien sufrió este revolcón sentimental en retro.

Veinte años después, que en el tránsito permitió que Swayze protagonizara una muy buena y quizá imprescindible película de acción llamada “Punto de quiebre”, se conoció la infausta noticia de que Swayze atraviesa una enfermedad degenerativa que lo tiene con los días contados. Recientemente declaró que el médico le había dicho que le quedaban dos años de vida. Y demacrado tuvo que tomarse una foto al lado de su esposa y lanzarla a la jauría de los medios para acallar versiones de su supuesto fallecimiento.

Seguramente que aprovechados de esta infeliz circunstancia, los zamuros de un canal del cable andan repitiendo casi diariamente “Dirty dancing”. Y el tiempo no ha minado ni un grado de sentimentalismo que este film suscita en mi nena, quien por contrario la sigue viendo tantas veces como la repiten, y se queda embelesada frente al televisor pegando gritos casi imperceptibles de esquizofrénica emoción contenida. Ha llegado a más: me obliga a ver y analizar ciertas escenas en las que según ella Swayze destila romanticismo hasta en la manera de mirar a su mami.

Especialmente me amarra para que observe la escena final*, que transcurre más o menos así: Swayze ha sido votado del campamento acusado malamente de robar la cartera de una huésped. En el baile final, empero, regresa e irrumpe en el salón y se dirige a la mesa donde está la joven con su familia. Y dice poco más o menos: Nadie pone a mi nena en un rincón, y le extiende la mano y se van al centro de la pista y empieza el contorneo. Presuroso, el disc jockey deja sonar la legendaria banda sonora de la película y separados por unos pocos metros, Swayze se va acercando a ella y mientras más cerca, apela a su dedo índice y se lo muestra como diciéndole: ven. Este gesto, acompañado del movimiento caderìstico y sobre todo, sobre todo, la manera en que él la mira, provoca el colapso de mi chica, quien adquiere un tonito de súplica y pide que la mire de idéntica manera.



*http://www.youtube.com/watch?v=WpmILPAcRQo&feature=fvst

domingo, junio 14, 2009

BOLÍVAR GIGANTE


Uno de los principales imanes del presidente Chávez es su dedicación a pasearse por la historia del país y recrearse en ella, detenerse en ella y casi siempre reinterpretarla desde enfoques increíblemente verosímiles –por ejemplo, Bolívar no murió sino que fue asesinado-. Muchas veces, sencillamente Chávez nos enseña por primera vez el pasado. En su faceta de pedagogo de la historia patria, sus aportes son invaluables y sólo en el porvenir esta virtud será comprendida en su colosal dimensión.

La diferenciación del Páez militar, faceta que admira, del Páez político, que abomina, es un meollo de su audaz autoría que no ha hallado resistencia ni siquiera en los historiadores más enceguecidos.

Así que el Hugo Chávez profesor de Historia pasará a la historia como el gran descubridor para una inmensa mayoría de venezolanos.

En lo personal, desde luego que no escapé de lo se repetía autómatamente en la escuela y el liceo: que fuimos descubiertos por Colón, que Francisco de Miranda fue el precursor de la independencia y que Simón Bolívar, además de ser el padre de la patria, era un hombre delgado y bajito, prácticamente de metro y medio. Y con esas características históricas uno se hacía una construcción de Bolívar: pequeño pero gigante, etcétera.

Por lo que se comprenderá el tremendo sacudimiento que sufrí al descubrir que en realidad Bolívar medía 1, 67 metros. Dios mío, casi un jugador de baloncesto.

El hallazgo lo realicé en el libro “Simón Bolívar, biografía”, de Alfonso Rumazo González, de Ediciones de la Presidencia de la República de Venezuela.
Hace algunos meses, a la buena sombra de Carlos Lanz, estuve nada menos que el Salón Ayacucho de Miraflores ofreciendo una charla. Lanz haciendo una argumentación de la manipulación sicológica toyovisionaria por medio de la noticia y en mi caso sosteniendo que el periodismo venezolano de academia es una trampa imperial que enajena al individuo y lo pone a repetir como loro que el periodismo es para decir la verdad.

Concluido lo cual nos obsequiaron la biografía de Bolívar escrita por Rumazo González (fallecido en 2002), en cuya primera parte, titulada UN HUERFANO RICO, se extrae:

“En el primer cuarto del siglo XIX Napoleón en Europa; Bolívar, es América. Pero Napoleón se quedó inmóvil para siempre en la gloria del pasado; Bolívar, continúa vivo y actuante.

Mediano de estatura –un metro sesenta y siete centímetros- tenía cuerpo fino, elegante y nervioso, como una espada toledana”.

El hallazgo me produjo una vergüenza íntima, una ruborización. Cómo es posible que tenga una versión tan desfigurada de la verdad, por qué he sido tan irresponsable con las cosas que creo.

¿Cuántas otras muchísimas cosas tendré equivocadas? A ver si me pongo a leer, o presto más atención cuando Chávez hable. Lo mismo les recomiendo.

sábado, junio 06, 2009

El periodismo latinoamericano según Gabo


Según aviso publicitario insertado en la página 76 del diario Últimas Noticias del sábado 23 de mayo, el Colegio Nacional de Periodistas (CNP) de Venezuela ha convocado al Premio Arturo Uslar Pietri a la Comunicación, a entregarse el 27 de junio, Día del Periodista, que se conmemora en evocación de Simón Bolívar y El Correo del Orinoco (por tanto el premio nacional debería llevar el nombre del padre de la patria).

Como la dirección actual del CNP se auto reconoce adversaria del gobierno revolucionario, y como son estos mismos periodistas quienes se refugian en fórmulas legales para exceptuar y criminalizar a quienes hacen periodismo popular sin estar colegiados; como son estos mismos periodistas quienes se sujetan como sanguijuelas a Ley del Ejercicio de Periodismo, y por tanto también se sujetan a la Constitución nacional, vale la pregunta: ¿Se está pretendiendo boicotear el Premio Nacional de Periodismo que coordina el Ministerio de Comunicación e Información? Apelando a sus mismos recursos técnicos, habría que revisar a ver si este llamado paralelo no es violatorio de la ley.

No obstante obviando las eventuales implicaciones de ley que esa iniciativa pueda contener, queda clara la maniobra divisionista, acción que después será endilgada insólitamente al Gobierno.

El aviso de prensa señala que un comité no revelado hará una pre selección de los trabajos postulados y la escogencia final se hará a través de internet. Se entregarán 5 mil bolívares fuertes a los ganadores, pero la inscripción de todo trabajo cuesta 50 bolívares, que no ayuda en nada, pero es que estos jóvenes que hoy dirigen el CNP no podían quedarse sin saciar aunque sea mínimamente sus espíritus mercantilistas.

El anuncio señala que los ganadores serán escogidos de acuerdo con los siguientes criterios:

*Calidad narrativa
*Investigación original de los hechos
*Tratamiento de la información
*Profundidad interpretativa de los hechos
*Valores ético profesionales
*Aprovechamiento adecuado de los recursos expresivos y tecnológicos de acuerdo al medio.

Apasionado oficiante y estudioso del periodismo, hace varios años que Gabriel García Márquez fundó la Fundación Iberoamericano Para un Nuevo Periodismo (fnpi.org), que lleva aproximadamente diez años concediendo un premio de periodismo, que en el caso escrito especifica las mismas bases que hoy usa el CNP en su primer premio Arturo Uslar Pietri. ¿Quién se copió de quién?

Se obtiene, en cualquier caso, que a este CNP le interesa mucho lo que ocurre en la FNPI, un extraordinario laboratorio de periodismo para América Latina. Les interesa este rezumar del Gabo sobre el oficio periodístico, pero no parece interesarles mucho lo que sobre el oficio ha dicho Gabo, quien en ponencia titulada “El mejor oficio del mundo” y leída ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), dijo:

“A una universidad colombiana se le preguntó cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario”.

“Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes (…) Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo (…). Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran”.

“La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico”.

“Pero en su expansión se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. El resultado, en general, no es alentador. Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica”.

“La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor”.

“Es cierto que estas críticas valen para la educación general, pervertida por la masificación de escuelas que siguen la línea viciada de lo informativo en vez de lo formativo. Pero en el caso específico del periodismo parece ser, además, que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro (…) Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante”.

“Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo (…) Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón”.

“El objetivo final debería ser el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público. Es decir: rescatar para el aprendizaje el espíritu de la tertulia de las cinco de la tarde”.

En esta exposición, el Gabo propone al menos tres interesantes discusiones:

A) ¿Es en realidad el periodismo escrito un género literario?
B) ¿Es el periodismo un oficio estrictamente vocacional?
C) ¿Es el periodismo un oficio que se enseña y se aprenda mediante talleres prácticos?

Bien leído, el Gabo lamenta que la academia haya arrasado con el espíritu del verdadero periodismo, y propone a cambio regresar a los orígenes cuando se aprendía en talleres prácticos. ¿Por qué no se discuten estas cosas? ¿Por qué el CNP no se inmiscuye en esta discusión histórica?
A cambio, opta por crear premios paralelos de 5 mil bolívares con costo por inscripción. Con este pequeño pero importantísimo gesto capitalista se reafirman en la oposición y se confunden de cabo rabo al denominarse contrapoder, porque en realidad lo que hacen en acumular méritos para un lugar preponderante en la anti historia.
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El mejor oficio del mundo*

Gabriel García Márquez



A una universidad colombiana se le preguntó cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario.

Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.

El periódico cabía entonces en tres grandes secciones: noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: a los diecinueve años -siendo el peor estudiante de derecho- empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.

La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo... como nosotros mismos lo llamábamos. Alberto Lleras Camargo, que fue periodista siempre y dos veces presidente de Colombia, no era ni siquiera bachiller.

La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico. Ahora ya no son sólo para la prensa escrita sino para todos los medios inventados y por inventar.

Pero en su expansión se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. El resultado, en general, no es alentador. Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica.

La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor. Algunos, conscientes de sus deficiencias, se sienten defraudados por la escuela y no les tiembla la voz para culpar a sus maestros de no haberles inculcado las virtudes que ahora les reclaman, y en especial la curiosidad por la vida.

Es cierto que estas críticas valen para la educación general, pervertida por la masificación de escuelas que siguen la línea viciada de lo informativo en vez de lo formativo. Pero en el caso específico del periodismo parece ser, además, que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante.
No es fácil entender que el esplendor tecnológico y el vértigo de las comunicaciones, que tanto deseábamos en nuestros tiempos, hayan servido para anticipar y agravar la agonía cotidiana de la hora del cierre. Los principiantes se quejan de que los editores les conceden tres horas para una tarea que en el momento de la verdad es imposible en menos de seis, que les ordenan material para dos columnas y a la hora de la verdad sólo les asignan media, y en el pánico del cierre nadie tiene tiempo ni humor para explicarles por qué, y menos para darles una palabra de consuelo. “Ni siquiera nos regañan”, dice un reportero novato ansioso de comunicación directa con sus jefes. Nada: el editor que antes era un papá sabio y compasivo, apenas si tiene fuerzas y tiempo para sobrevivir él mismo a las galeras de la tecnología.

Creo que es la prisa y la restricción del espacio lo que ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella, pero que es también el que requiere más tiempo, más investigación, más reflexión, y un dominio certero del arte de escribir. Es en realidad la reconstitución minuciosa y verídica del hecho. Es decir: la noticia completa, tal como sucedió en la realidad, para que el lector la conozca como si hubiera estado en el lugar de los hechos.

Antes que se inventaran el teletipo y el télex, un operador de radio con vocación de mártir capturaba al vuelo las noticias del mundo entre silbidos siderales, y un redactor erudito las elaboraba completas con pormenores y antecedentes, como se reconstruye el esqueleto entero de un dinosaurio a partir de una vértebra. Sólo la interpretación estaba vedada, porque era un dominio sagrado del director, cuyos editoriales se presumían escritos por él, aunque no lo fueran, y casi siempre con caligrafías célebres por lo enmarañadas. Directores históricos tenían linotipistas personales para descifrarlas.

Un avance importante en este medio siglo es que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal. Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de personas generalmente bien informadas o de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre, o de observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes. Pero el culpable se atrinchera en su derecho de no revelar la fuente, sin preguntarse si él mismo no es un instrumento fácil de esa fuente que le transmitió la información como quiso y arreglada como más le convino. Yo creo que sí: el mal periodista piensa que su fuente es su vida misma -sobre todo si es oficial- y por eso la sacraliza, la consiente, la protege, y termina por establecer con ella una peligrosa relación de complicidad, que lo lleva inclusive a menospreciar la decencia de la segunda fuente.

Aun a riesgo de ser demasiado anecdótico, creo que hay otro gran culpable en este drama: la grabadora. Antes de que ésta se inventara, el oficio se hacía bien con tres recursos de trabajo que en realidad eran uno sólo: la libreta de notas, una ética a toda prueba, y un par de oídos que los reporteros usábamos todavía para oír lo que nos decían. El manejo profesional y ético de la grabadora está por inventar. Alguien tendría que enseñarles a los colegas jóvenes que la casete no es un sustituto de la memoria, sino una evolución de la humilde libreta de apuntes que tan buenos servicios prestó en los orígenes del oficio. La grabadora oye pero no escucha, repite -como un loro digital- pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral. Para la radio tiene la enorme ventaja de la literalidad y la inmediatez, pero muchos entrevistadores no escuchan las respuestas por pensar en la pregunta siguiente.

La grabadora es la culpable de la magnificación viciosa de la entrevista. La radio y la televisión, por su naturaleza misma, la convirtieron en el género supremo, pero también la prensa escrita parece compartir la idea equivocada de que la voz de la verdad no es tanto la del periodista que vio como la del entrevistado que declaró. Para muchos redactores de periódicos la transcripción es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la semántica, naufragan en la ortografía y mueren por el infarto de la sintaxis. Tal vez la solución sea que se vuelva a la pobre libretita de notas para que el periodista vaya editando con su inteligencia a medida que escucha, y le deje a la grabadora su verdadera categoría de testigo invaluable. De todos modos, es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional.

Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.

El objetivo final debería ser el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público. Es decir: rescatar para el aprendizaje el espíritu de la tertulia de las cinco de la tarde.

Un grupo de periodistas independientes estamos tratando de hacerlo para toda la América Latina desde Cartagena de Indias, con un sistema de talleres experimentales e itinerantes que lleva el nombre nada modesto de Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es una experiencia piloto con periodistas nuevos para trabajar sobre una especialidad específica -reportaje, edición, entrevistas de radio y televisión, y tantas otras- bajo la dirección de un veterano del oficio.

En respuesta a una convocatoria pública de la Fundación, los candidatos son propuestos por el medio en que trabajan, el cual corre con los gastos del viaje, la estancia y la matrícula. Deben ser menores de treinta años, tener una experiencia mínima de tres, y acreditar su aptitud y el grado de dominio de su especialidad con muestras de las que ellos mismos consideren sus mejores y sus peores obras.

La duración de cada taller depende de la disponibilidad del maestro invitado -que escasas veces puede ser de más de una semana-, y éste no pretende ilustrar a sus talleristas con dogmas teóricos y prejuicios académicos, sino foguearlos en mesa redonda con ejercicios prácticos, para tratar de transmitirles sus experiencias en la carpintería del oficio. Pues el propósito no es enseñar a ser periodistas, sino mejorar con la práctica a los que ya lo son. No se hacen exámenes ni evaluaciones finales, ni se expiden diplomas ni certificados de ninguna clase: la vida se encargará de decidir quién sirve y quién no sirve.

Trescientos veinte periodistas jóvenes de once países han participado en veintisiete talleres en sólo año y medio de vida de la Fundación, conducidos por veteranos de diez nacionalidades. Los inauguró Alma Guillermoprieto con dos talleres de crónica y reportaje. Terry Anderson dirigió otro sobre información en situaciones de peligro, con la colaboración de un general de las Fuerzas Armadas que señaló muy bien los límites entre el heroísmo y el suicidio. Tomás Eloy Martínez, nuestro cómplice más fiel y encarnizado, hizo un taller de edición y más tarde otro de periodismo en tiempos de crisis. Phil Bennet hizo el suyo sobre las tendencias de la prensa en los Estados Unidos y Stephen Ferry lo hizo sobre fotografía. El magnifico Horacio Bervitsky y el acucioso Tim Golden exploraron distintas áreas del periodismo investigativo, y el español Miguel Ángel Bastenier dirigió un seminario de periodismo internacional y fascinó a sus talleristas con un análisis crítico y brillante de la prensa europea.

Uno de gerentes frente a redactores tuvo resultados muy positivos, y soñamos con convocar el año entrante un intercambio masivo de experiencias en ediciones dominicales entre editores de medio mundo. Yo mismo he incurrido varias veces en la tentación de convencer a los talleristas de que un reportaje magistral puede ennoblecer a la prensa con los gérmenes diáfanos de la poesía.

Los beneficios cosechados hasta ahora no son fáciles de evaluar desde un punto de vista pedagógico, pero consideramos como síntomas alentadores el entusiasmo creciente de los talleristas, que son ya un fermento multiplicador del inconformismo y la subversión creativa dentro de sus medios, compartido en muchos casos por sus directivas. El solo hecho de lograr que veinte periodistas de distintos países se reúnan a conversar cinco días sobre el oficio ya es un logro para ellos y para el periodismo. Pues al fin y al cabo no estamos proponiendo un nuevo modo de enseñarlo, sino tratando de inventar otra vez el viejo modo de aprenderlo.

Los medios harían bien en apoyar esta operación de rescate. Ya sea en sus salas de redacción, o con escenarios construidos a propósito, como los simuladores aéreos que reproducen todos los incidentes del vuelo para que los estudiantes aprendan a sortear los desastres antes de que se los encuentren de verdad atravesados en la vida. Pues el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.


*Discurso del Gabo pronunciado el 7 de octubre de 1967, en Los Ángeles, EEUU, ante la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

martes, junio 02, 2009

Zulianía y falconía hacia Caracas


Por muchos años, por no decir que toda la vida, estuve creyendo que era mayor la distancia entre Caracas y Maracaibo yéndose por Coro en vez de Barquisimeto. Así que las veces que la vida me emplazó a ir al templo de la gaita, ni pendejo, yo me iba por Barquisimeto y me echaba la boquilla de 660 kilómetros, medidos desde el kilómetro cero nacional en la Valle Coche y hasta cruzar los 8 kilómetros de puente Rafael Urdaneta.


En Maracaibo solía inquirir a los conocidos sobre la cantidad de kilómetros entre Maracaibo y Coro. Había una especie de consenso en torno a 280 kilómetros, a los que yo sumana los 420 que hay de Coro a Caracas y la suma me daba 700 kilómetros, unos 40 más con respeto al camino por Barquisimeto. Así que nunca se me ocurrió hacer ese desvío.


Hasta este fin de semana que me atreví por dos razones demenciales: un antojo de chivo en coco, y la otra para pasar por los médanos de Coro y llenar una bolsa de arena para que la gata de la casa se diera el lujo de sonrojarse en esa exquisitez. Además, todavía era temprano.


En mi pequeño tanquecito de guerra recorrimos los 240 kilómetros de que van del puente sonre el lago hasta Coro, lo que venía a revelar que hay la misma distancia yéndose por cualquiera de los dos caminos, pero por vía de Coro es más rápido por la magnífica condición de la carretera Falcón Zulia, sin contar que también está machete la Falcón-Carabobo, hasta la llegada a Morón que tiene sus problemas. En fin, que resultó mucho más cómoda la cosa haciendo parada en Coro y no Barquisimeto. De nada.

jueves, mayo 21, 2009

La oligarquía colombiana mira hacia el precipicio


La oligarquía colombiana está a un pasito de cometer un error histórico: designar a Juan Manuel Santos como candidato y eventual sucesor de Uribe.

Si termina de darlo, su indiscutible y mejor oponente será la emblemática senadora Piedad Córdoba, quien ante Santos irá estrechando día a día sus posibilidades hasta desplazarlo y ganar la presidencia de Colombia, para asombro mundial.

Porque con Santos, la oligarquía estará fecundando el ambiente óptimo para Córdoba: una polarización incendiaria.

Santos, un belicista confeso y practicante, enemigo abierto de Chávez y Venezuela y por inevitable extensión de Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Cuba, Honduras, ahora El Salvador, no muy amigable con Uruguay y Paraguay e incluso tampoco con Brasil y Argentina, quedará expuesto en su dimensión exacta ante el pueblo colombiano, es decir, un obcecado rival de los procesos de cambios que se vienen reproduciendo en América Latina, diferente de Uribe, un delfín del imperio que se cuida de las formas y hasta sabe camuflarse de chavista y de ¡fidelista! Santos no podrá hacer algo semejante, y un discurso demagógico y oportunista hacia los pobres resultará simplemente indigerible.

Por la propia dinámica, su contendora más formidable será Piedad Córdoba, sin duda la voz más consistente que se ha manifestado contra Uribe, pero al mismo tiempo quien mejor se ha identificado con Chávez y con lo que ha venido ocurriendo en estos diez años en el territorio latinoamericano. Con Santos y Piedad no habrá matices: blanco o negro (literalmente, así que el racismo también recrudecerá en una sociedad cuyo cogollo últimamente ha venido creyéndose sueco).

Y la opción de victoria de la senadora está fundamentada en el hecho de que Uribe ha reclamado para su gobierno logros de diversas índoles, principalmente de orden político en su combate con la FARC, pero nunca se la ha oído esgrimir la disminución de la enorme pobreza, que como arma secreta operará como un monstruo salido de la entrañas de una sociedad abatida por el capitalismo salvaje. Piedad, a diferencia, es una hija y genuina representativa de la pobreza colombiana y a ella encarna.

Así como Uribe se escondió siempre en recovecos para no reconocerse de derecha, lo propio ocurrió en la izquierda, que frustró ilusiones en las personas de Antonio Navarro Wolf y Gustavo Petro (ambos del M-19), quienes fueron tragados por un sistema con el que pretendieron convivir para sobrevivir. Así que un portazo del anquilosado Polo Democrático a Piedad, es conveniente para ella y para los pueblos latinos, porque ella tiene que significar lo inaudito.

No dejará la reacción, en todo momento, de asociarla a Chávez y acusarla de estar financiada por Venezuela. Peor para ellos, pues la misma oligarquía introducirá a Chávez en el sentir de un pueblo hermano que, transcurridos diez años, ya está suficientemente enterado de los beneficios de la Revolución Bolivariana.

Pero la victoria de Piedad no ocurrirá el día de la elección, probablemente ocurra antes, cuando la oligarquía colombiana asocie indiscriminada a Piedad con la FARC, organización de la que cabe suponer un aporte memorable: en plena campaña electoral anunciar su desmovilización y el fin de la guerra colombiana en homenaje a la candidatura de Piedad, acción que dejaría sin bandera al guerrerista Santos. Porque Piedad es una extensión política de los propósitos de las FARC, en más de 50 años de resistencia.

Con Colombia, quedará también sellado el destino de un México con Manuel López Obrador como presidente –siempre que se alinee mejor con lo que ocurre en América Latina- y ni se diga en Perú, donde Ollanta Humala arribará al poder en forma automática. Luego el continente quedará preparado para surcar el atlántico.

(Chile es una burbuja de acero forjada en dictadura y por tanto los chilenos han de enfrentarse solos al demonio. Quizá les convenga de cara al porvenir escoger a Piñera).

jueves, mayo 14, 2009

Mensajitos del tipo 256


Ustedes habrán notado que desde hace un tiempito en la parte inferior de la pantalla de Venezolana de Televisión ruedan mensajitos que el pueblo envía durante la programación del canal. El número al que debe comprarse el derecho a la opinión siempre es el mismo, en el caso de VTV el 256, y la palabra a enviar dependerá de la hora y del programa de turno. Por ejemplo, cuando es Tania Díaz quien lleva la voz cantante, entonces usted antecede la palabra “dando” a su opinión y listo, siéntase realizado después de haber pagado 0,50 más básico, más iva. Como si VTV no tuviera presupuesto nacional para darse este lujo de traficar la opinión.

Entiendo, en todo caso, que quienes se lucran no son los periodistas de turno. Es decir, no me imagino a Tania pasando por caja a ver cuánto le toca por la cantidad de mensajes que se recibieron mientras ella se abnegaba frente a la pantalla. Y así con todos: tampoco creo que María Teresa se meta ni medio con ese sistema ni mucho menos Vanessa (a lo mejor Nolia sí). Los reales del pueblo entonces quedan en las arcas del canal. ¿Hay necesidad de pechar al soberano por decir algo?

En fin, que no es de VTV y de sus prácticas mercantiles de quienes quiero hablar. Esta tarde he sido enterado por un amigo que trabaja en la emisora juvenil Activa, del circuito Radio Nacional de Venezuela, de que allí también practican este capitalista oficio de cobrar por derecho a la opinión.

A diferencia de VTV, donde las anclas no se llevan medio del festín en tanto que figuran en una nómina que les asigna el canal, está bien que en Activa de Radio Nacional se cobre por el fulanito mensaje, pero está muy mal que la radio se embolsille el botín.

Por una humilde razón: la programación de Activa está conformada en su mayoría por productores independientes, gente pujante que no está en la nómina y a la que no le dan ni para pagar la camionetica. No, si quieren ganarse algo, los productores independientes deben irse a las instituciones públicas a rogar una pauta antes de que les tiren las puertas en las narices.

Y así ha estado mucha gente: años esperando que la emisora les pase un bolívar. A mí se me ocurre que sería tremendamente justo si Radio Nacional llega y dice que quienes sean productores independientes y no tengan cuñas, pues que sus ingresos estén constituidos por la facturación en mensajitos que se produzca en el tiempo en que dura el programa de cada uno. Esto no solamente es justo, sino que tampoco arruina a una emisora subsidiada por el Estado.

A todas estas, no entiendo cómo los productores independientes comecables no han hecho una causa común en esto de reclamar los reales que ingresan a la radio producto de sus esfuerzos y talentos.

Productores que pelan bolas en las emisoras del Estado, uníos.

Dense el gusto de al menos escuchar a nuestros jerarcas radiales decir que no es posible distribuir el cobro que realizan al pueblo por opinar, que dónde se ha visto eso.

Bueno, y aquellas emisoras comunitarias y/o alternativas que no reciben pasta del Gobierno, hijos, implementen tales mensajerías para que quienes trabajan con ustedes al micrófono se ganen al menos dos lochas. Quizá las comunidades respectivas se solidaricen y diezmen a favor de quienes sostienen la programación.

domingo, mayo 03, 2009

BANDA SONORA


Como a ustedes, me va mejor cuando escribo con mi propia banda sonora como fondo cerebral.

Escribir mientras escucho mi selección musical me concede una sensación de agonía, de quiebre, de quema de nave, de entrada a una dimensión alejada de toda realidad.Escribir con musiquita, casi siempre nos traslada a un mundo cósmico.

Me ha vuelto a suceder esta tarde, mientras por el chat converso con el juglar Rubén Blandes tratando de hacer un viaje de su alma política. Mientras discurre la cháchara –cháchara a la que Rubén le hurta el cuerpo- hago que se repita sin cansancio el número “El padre Antonio y su monaguillo Andrés”, una canción que desde la primera vez me ha causado instintiva indignación por ser una historia que si bien en las primeras no supe que era basada en hechos reales, me bastaba saber que un cura bueno había sido asesinado para llorar internamente de la arrechera.

Hoy mientras la escucho insistentemente al tiempo que con Rubén jugamos al gato y al ratón, me percató de una consigna soltada por el poeta como epílogo de su denuncia: “Aquí matan a la gente, pero no a la idea”.

Este desgarre de Rubén me remontó al justo instante en que sentí que la rebeldía podía ser una buena causa. Comenzaban los 90 y en la Universidad de Carabobo, en la pared de entrada que daba hacia las aulas de Educación poco después de traspasar el arco universitario, me topé con un graffiti cuyo mensaje estribaba en un espeluznante canto de lucha: “Podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera”.

Leí aquella vaina y me quedé un rato contemplándola. Me sentí importante y que me quedé con la frase y la plagié tantísimas veces en tantísimos intentos de amoríos. Eran aquellos tiempos no tan remotos en que las policías mataban impunemente a los estudiantes y poquísimas las sotanas que salían a batirse en defensa de la juventud masacrada.

Así que trataba infructuosamente de que Rubén me dijera si todavía él se consideraba un hombre de izquierda, o que si luego de cinco años de servicio público consideraba que había servido a un proyecto reivindicador de los escoñetados de América Latina y el mundo (tiene en marcha su cuenta regresiva de los días que le faltan para deshacerse del compromiso patrio).

Se va por las ramas ante la inquisición. No piso acelerador, de puro comprensivo, pues Rubén emprendió gira y hará parada en Venezuela (está confirmada Barquisimeto) y es algo lógico que quiera evitar los pantanos.

Si me hubiera dado el dedo, le agarro todo el brazo y lo encallejono pretendiendo saber si aquel alegre cantante de los 80 que fustigaba al tiburón que se acercaba a una orilla en la que solo se hablaba español; si el poeta que se lamentaba que en lugar del sol amaneciera un dólar; nada menos que el cantante de "Plantación Adentro"… de haberse presentado la ocasión yo le hubiera preguntado si aquel muchacho insolente había muerto devenido en esquirol del salvaje capitalismo. Pero supo aguantar el swing ante las curvitas afuera. Se guarda su opinión sobre la Revolución Bolivariana (hace rato que tira piedras hacia Cuba).

Busqué otros atajos para sostener la cordialidad. Hace unos cuatro o cinco años que ando asido del acertijo que habita la canción “Amor y control”. Allí está la clave de un ejercicio narrativo que me tengo prometido. La pista está en lamento que parece decir algo así como you, nuuu, un falsete, un quiebre de voz que quiere transmitir dolor del alma. Sigo en esta cacería, algún día se sabrá de la jornada.

Mientras me distraigo en elucubraciones, Rubén se me ha escapado del chat. Se desapareció metiendo las mismas zancadas del mítico Pedro Navaja. Por cierto, ¿en qué país andará hoy prófugo Pedro Navaja? ¿O se habrá metido a paramilitar?

viernes, mayo 01, 2009