lunes, febrero 12, 2007

Sabana Grande, diez años después (anti.memorias)



A pesar de que vivo prácticamente en el bulevar de Sabana Grande, no había tenido ocasión de irlo a visitar para sentirlo despejado, como hace tantos años, o hace una década, para ser exactos, cuando solía recorrerlo diariamente de punta a punta.

El viernes pasado me dispuse a hacerlo, y arranqué desde Chacaíto con La Previsora como meta. Apenas había caminado algunos metros, cuando frente a Recorland, cerca de la prefectura de El Recreo, lo vi. A pocos metros era prácticamente el mismo, pero la cercanía daba cuenta de un rostro mallugado por los años y la mala vida. Warry She. Así se llama.

Estaba a la entrada de un pequeño centro comercial llamado Metro. Relajado, con cuatro sillas para la clientela, rodeado de matas y con una pared llena de fotos. Sobre una mesa varios libros de Ghandi y Sai Baba. Al momento de mi abordaje estaba atendiendo a un cliente al que le quitó 20 mil bolívares. Esperé que culminara y me acerqué al riguroso saludo de hermanos. Pero mientras yo procuraba ponerle seriedad al reencuentro, Warry She me hablaba absortó sobre su nueva visión de la parasicología. No hubo manera de que contestara cómo estaba su mamá, hermanos y demás parientes y amigos. Seguía hablándome incoherencias astrológicas. Estaba ensayando conmigo, lo sé. Tarotista tracalero que se respete tiene que ensayar recursos y poses de desquiciado, y en este caso Warry se estaba valiendo de su hermano del alma para tirarse una práctica relámpago. Emplazado a la cordura, dijo la locura de que tenía una hija en no sé qué país, y mostró una fotografía de una adolescente que, ciertamente, en nada se le parecía. Estaba relajado, con los pies cruzados sobre la silla y con su indumentaria clásica pero descatalogada. Al cabo de quince infructuosos minutos, hube de irme gracias a que dos mujeres preguntaron cuánto valía el show.

En el año 96, Warry She se llamaba Shazam y estafaba incautos en el callejón La Puñalada (Shazam no sólo porque el nombre tenía pegada para los fines consiguientes, sino porque se apegada algo a la realidad: cada vez que se abría una botella, él aparecía. Más en confianza le mentábamos Chapita, virtud de que cuando no estaba pegado del pico de una botella, estaba en el piso).

A finales de ese año lo conocí, un día que me acerqué el periódico Letras (que operada desde el mismo callejón) para retirar una paca de 100 ejemplares de cuya venta debía quedarme con la mitad y devolver la otra, habiendo cumplido impecablemente el artículo uno del acuerdo, pero hasta el sol de hoy en completa deuda con el artículo dos del buen producto que tuve a bien pregonar a la entrada del metro de Ciudad Universitaria.

Con la curiosidad de gato que tengo para todo acto tumultuario (a partir de dos personas es bueno), me acerqué al loco que le leía las cartas a una mujer frente al hotel Royal.

Ese fue el flechazo de nuestra amistad, que empezó a robustecerse por un hecho de la política. A principios del 98 se produjo la última gran huelga universitaria, lo que puso en peligro la subsistencia de quienes religiosamente hacíamos la cola en el comedor de la UCV. La ausencia del comedor empezó a ser mitigada por Shazam, quien desde las nueve de la mañana llegaba a La Puñalada a levantar los billeticos que permitían la compra de las empanadas que me ayudaban a no convertirme en esqueleto. Y así, la rutina se cumplía incluso los domingos. Las empanadas se repetían en la cena, y eventualmente un buen día alcanzaba hasta para medio pollo.

Creo que las clases de reanudaron después de la Semana Santa del 97, pero yo seguía asistiendo a La Puñalada, con tal fidelidad que algunos compañeros de clases empezaron a regar la bola según la cual yo me la pasaba leyendo las cartas en Sabana Grande (dicho con burlita, claro). Con la llegada del comedor empecé a esparcir mis visitas a Sabana Grande, lo que no desdecía de mi amistad con Shazam, truhán nacido en Trujillo y víctima cotidiana de Policaracas, que por entonces vacunaban sin piedad. Yo hacía de espía, pues mientras Shazam estaba ocupado en La Puñalada estafando a un cliente, yo visteaba por el bulevar a la caza de la cercanía de algún Policaracas hijo de puta.

A finales del 98, cuando ya no iba todos los días al bulevar, dado que me había convertido en el asistente de Leonce, graduando de ese diciembre que había sido designado por sus compañeros para organizar la rumba de graduación, que esa vez se realizó en el C.C.C.T. (estuvo a punto de terminar en tragedia porque en el camino se descubrió que Leonce –niño bien nacido en Terrazas del Club Hípico e hijo dizque de una eminente profesora de la Escuela de Medicina de la UCV- estaba tratando de ganarse cualquier cantidad de real pretendiendo no pagarle a Guaco con el ardid de que la fiesta era de la Escuela de Comunicación Social y no privada, como en realidad era).

Cierta mañana me había correspondido ir a la imprenta Negrín (en la Solano López) a buscar las entradas de la fiesta. No estaban listas y me regresaba a pie a la UCV por el bulevar. Al pasar frente a La Puñalada no vi a Shazam, pero no me preocupé y seguí mi camino. Pero al cruzar frente al Metro (donde hoy se está construyendo el nuevo edificio sede de Cametro), lo encontré esposado, agachado y contra una pared, a merced de un coñitoesumadre de Policaracas de apellido Guariguata, quien a cada rato hacía ademán de darle un pescozá (igualito que cuando Ron Damón, después de darle mamarro e’ coquito a El Chavo, le enseñaba el brazo y le decía “no te doy otro nomás porque…).

Yo no pude hacer menos que sembrarme en el sitio a unos diez metros, creyendo ingenuamente que así adquiría la condición de testigo y que eso me serviría para impedir que a Shazam le cayeran a coñazos.

Guariguata se percató de mi presencia y de mi estrategia y me invitó a circular. Me negué. Insistió. Insistí. Abrió más la boca y entonces inventé que estaba esperando a alguien. La cosa se puse realmente tensa, porque ignorante de la ignorancia de los policías, no creía que una cosa tan caricaturesca como aquella llegara a mayores. Llegó.

Shazam desde luego que se aferró a mi presencia, y le decía a Guariguata que me dejara tranquilo, que yo era estudiante de la UCV (Shazam era de los que creía que eso era una gran vaina, que esa condición infundía respeto. Qué ignorante era Shazam). Guariguata (a quien en el recuerdo jamás he dejado de asociar a un gorila en su fisonomía) agotó la paciencia y ordenó a dos subalternos que me pusieran los ganchos. Yo no podía creerlo y forcejee. Menos podía creer que llamara a una patrulla y que me encaletara junto a Shazam, con rumbo totalmente incierto. Antes de que me metieran en la jaula, le rogué a un chamo con cara de estudiante que pasara por Comunicación Social y dijera que se habían llevado preso a Douglas Bolívar. Me llevé esa ilusión. Me aferré a esa ilusión.

Llegamos a un sitio que por entonces no conocía (muchos años después descubrí que era el cuartel general de Policaracas en la Cota 905). Pensé que la arbitrariedad de Guariguata llegaría hasta allí, que nos reseñarían, nos aleccionarían y calabaza.

En efecto, nos reseñaron, pero nos volvieron a meter en la patrulla y yo llegué a creer que nos devolverían a Sabana Grande. Ingenuo. Terminamos en la prefectura de El Valle (también lo determiné algunos años después).

Ahí nos dejó la patrulla, a la orden del policía de guardia que nos ordenó quitarnos las trenzas de los zapatos y fue entonces cuando entré en conciencia de que estaba preso.

Y raptado por el espíritu del preso, lleno de terror le dije al oficial que si podía hacer una llamada (hice esta petición inspirado en las películas gringas donde a todo detenido hasta le recuerdan que tiene derecho a realizar una llamada). Pienso que lo hice a conciencia de que se reiría en mi cara, lo que me serviría para anotar otra violación de mis derechos humanos. Amable hasta la pared del frente, el policía dijo que cómo no, faltaba más, tómese el tiempo que requiera (de todo el cuento que llevo echado, ya sé que ésta última parte es la que más difícil de creer).

No se me ocurrió mejor fórmula que llamar a la casa a Leonce (ya eran como las 5 de la tarde), cuyo número tenía memorizado porque como era su asistente de la fiesta, manteníamos contacto permanente. Leonce tomó debida nota de mi situación y dijo que informaría del caso a los muchachos del Centro de Estudiantes.

Pasaron tres horas desde la llamada a Leonce, una eternidad para un preso, como se sabe. Me sentí una piltrafa humana. Nadie había dado medio por mí. Qué popularidad tan desgraciada.

Nos colocaron a Shazam y a mí en una celda amplia como con veintes presos más. Shazam y yo hacia la pared del fondo con la puerta al frente, él vigilando hacia la izquierda y yo la hacia la derecha, y ambos mirando al frente, donde se encontraba un delincuente juvenil que con ojos vidriosos nos miraba, al acecho. Estaba escrito que esa noche íbamos a tener que rifarnos el pellejo y el honor. Como a las nueve ocurrió un milagro.

Llegó el celador con una hamburguesa que me habían mandado mis amigos del Centro de Estudiantes, quienes se habían trasladado al sitio con la profesora Luisa Villamizar para rescatarme. Me hicieron saber que esa noche no podía hacerse nada por mi liberación, pues el desgraciado de Leonce les avisó tarde. La profesora Villamizar apenas se enteró llamó al rector de la UCV, quien a su vez le pegó un telefonazo al gobernador de Caracas, quien apenado ordenó mi liberación. Pero el prefecto ya se había ido a su casa y no hubo manera de localizarlo para que firmara mi ex carcelación. Todo eso me mandó a decir la adorada profesora con el celador. Me mandó otras palabras de aliento y me hizo saber que al día siguiente ella misma volvería para garantizarse que yo saliera. A los lejos, las voces de Carlos Andrés Pérez (pana con el que perdimos la presidencia del Centro de Estudiantes, y de quien por cociente electoral apoyamos desde la secretaría general), Norka López, Noel Ríos… me ofrecían gritos de solidaridad.

El celador era inteligente y se percató que yo ya no era un preso cualquiera. Así que a los minutos de irse mi hinchada me movió junto a Shazam hacia otra celda de igual dimensión, pero de uso exclusivo. En el techo había una ventaba de hierro que dejaba colar la luz de una luna clara y el frío decembrino insoportable. Shazam y yo dormimos abrazados luchando contra el frío.

A las siete de la mañana estaban de nuevo los muchachos con la profesora Villamizar, más contentos que yo, acaso porque siempre he lucido la cara de culo que Dios me puso.

Toda esta evocación me vino al tropezarse en estos días con Warry She, antes Shazam.

Al descubrir a Warry en Sabana Grande y recordar todo aquello, rápidamente me brotó en la memoria un inesperado y anecdótico encuentro que tuve en octubre pasado con la profesora Luisa Villamizar en la UCV.

Nos topamos y alcancé a dudar de que pudiera recordarme. Pero ella no vaciló un instante en preguntarme si no era yo aquel que estuvo preso en El Valle y que ella… Me impresionó tal memoria. Le dije que sí, claro, y no dejé de consignarle mi asombro de que se hubiera acordado. Ella, sin más, aseguró que cómo no, que tal vez ahora podía tener unos 25 kilos extras, pero que la cara estaba igualita.


*Cada vez que evoco a Norka López, no dejo rememorar la lejana y pegostosa tarde cuando, mientras almorzábamos en un tugurio, que me dijo con piadosa sinceridad que admiraba el valor que yo tenía de ir al periódico con aquella camisa de cuadros de diversos colores con preferencia del verde completamente chillona.

lunes, diciembre 25, 2006

La vuelta a Venezuela en Navidad

Por tercera vez en mi vida me encuentro pedaleando en La Grande Sabana. A los efectos de este instante, de hecho estoy en la población llamada La Línea, a pocos metros una vez cruzada la frontera internacional entre Santa Elena de Ûairén y Brasil. Me devaneo los sesos entre jalar para atrás o seguir hasta Boa Vista (a unas dos horas). Me decido por lo primero.
En La Línea hay el venezolano a montón. La Línea es una ciudad sincrética. El bolívar lo aceptan encantados de la vida. Toda comida se reduce a una buena carne. Venden las hamacas y chinchorros más baratos de mi vida (hasta en 20 mil lucas los dejan).
El viajecito me lo pegué desde Caracas atravesando todo el Guárico (lógica parada en Valle de La Pascua) hasta llegar a El Tigre (Anzoátegui) y finalmente hasta Puerto Ordaz, donde habita la familia Lanz-Fernández en la urbanización Santa Bárbara. Ochocientos kilómetros, e igual cantidad de kilometraje hasta Santa Elena.
Lo que viene es mejor: de Santa Elena ruletearé hasta San Fernano de Apure y después a Guadualito (vaya usted a saber los 2 mil y pico de kilómetros que ello supone).
Segunda semana de enero de vuelta a Caracas en recorrido que comprende Barinas, Portuguesa, Cojedes, Carabobo y Aragua. Ando armado con una bicha de 8 megapixel y una portátil en la que voy descargando.
Nos vemos en la vía

viernes, junio 30, 2006

Pásense el lunes

El cuento es que me metí en el parto de un periódico bautizado Noticias Inéditas y bien saben ustedes que este oficio no tiene paz con la miseria. Esa verga de ser editor (revisor de textos) y miembro del Consejo Editorial (ofrecer ideas) no se la deseo ni a mi peor enemigo (modestia aparte). Una edición entra a rotativa y uno termina con un dolorón de cabeza, que se va extinguiendo cuando ya comienza el parto de la siguiente edición. He pedido un sustituto.
Pero lo que realmente quería compartir con la dos chicas que sé exploran esta página de cuando en cuando, es que hay otra cosa que entró en imprenta: un libraco de mi autoría modestamente titulado: "La falla tectónica de la Revolución Bolivariana: propuesta de un Sistema Comunicacional transformador". Ahí les dejo esa; para lo demás, pásense el lunes.

martes, abril 25, 2006

Cuarteles de invierno

Cosa de dos meses estuve dándole reposo al cuerpecito y a la mente, pero ya estoy de vuelta de mis cuarteles de invierno, oteando el horizonte a la caza de nuevas aventuras profesionales a ver en qué nuevo puerto desembarco este año. Por lo pronto, por hoy -luego de comprar y ver la película Capote-, me devoró la novelita A sangre fría, hasta que por fin. Lo cual me lleva a afirmar: admirable la interpretación de Phillip Seymour Hoffman.
De lo demás, nada, puliendo el rifle viendo a ver dónde echo mis plomos.
Si se me permite, apenas incursionaré diciendo que no deja de sonarme ridículo Petkoff haciendo malabarismos para decir que la Misión Barrio Adentro en su santo lugar. Sin que a lo mejor haya razones para ello, me desconcierta ver al eternamente dueño del 6% histórico de la izquierda mencionar la palabra "cestaticket". Lo mismo que si viéramos a Marcel Granier declararse conmovido por la pobreza, ¿se capta la idea? Más petulancia no puede suponerse cuando se oye a Petkoff asegurar que él representa la izquierda moderna, renglón en el que èl mete a Lula, Bachelet (cada vez más excluye a Kirtner).
A los únicos que la candidatura de Petkoff parece haber afectado es a los batichicos de Primero Justicia, que al día siguiente salieron diciendo que sólo los jóvenes podrían generar un cambio en el país, que ellos y tan sólo ellos habían exigido condiciones al CNE para ir a las presidenciales (en este sentido, Petkoff no ha dicho mucho y es claro que si los números no les son tan catastróficos aguantaría hasta diciembre, con lo cual, automáticamente y aún perdiendo como cabe esperar, quedaría erigido como genuino interlocutor de Chávez).
De otra suerte, el Petkoff respondón y altanero fue guardado en este comienzo de campaña. Ante los ataques más alevosos que he visto en televisión, actúa como si antes de arrancar el programa se hubiese tragado una prozac. No se sale de sus casillas. Está haciéndole caso al equipo que lo asesora. En ese sentido, también se la están jugando claramenete a establecerse como la contraparte de Chávez (y el imbécil político que es Borges grita cada día más fuerte). No puede negarse como exitosa la estrategia antagónica que está desarrollando Petkoff.
En su fuero interno, Petkoff está convencido de la invencibilidad circunstancial de Chávez (precios del petróleo en ascenso hace casi imposible una derrota en el contexto del desempeño social de Chávez). Sin contar con que cada día es más fuerte la adhesión al proyecto revolucionario venezolano en América y el Mundo.
La única ganancia de Petkoff (y también gana muchísimo Chávez) es compartir el país con Chávez. Petkoff pierde 60 a 40 y legitima su interlocución y desplaza de la arena al sinfín de patanes políticos llenos de las más insólitas inconsistencias, al estilo del joven Cipriano Heredia, abogado constitucionalista que siempre anda por ahí tirándoselas del tipo más recto que tiene el país. Y hay que verle la cara de embeleso, la aplanadora de sus manos aplaudiendo uno a uno los decretos de Carmona leídos por Daniel Romero. Cipriano estuvo en primera fila, fíjense bien en los paneos de cámara de ese día... ya está bueno por esta ocasión, ya vendrán nuevo balines.

miércoles, abril 05, 2006

Carta de una madre a los secuestradores de sus tres hijos

Este martes en la noche se confirmó el asesinato de los hermanos Faddoul y del chofer de la familia. Una noticia que, como pocas, descompone el cuerpo, vuelve trizas el ánimo, destroza a la Nación. El ministro Chacón refrenda lo que ya venía siendo una desgarradora sospecha en el día y ocurre la penumbra en el país. Un dolor colectivo se cuela en todos los hogares venezolanos. Son momentos en los que el espíritu individual se pone reflexivo tratando de hallar el porqué de esa miseria humana.
Y esta mañana, revisando las páginas de El Universal, descubrimos la carta que hace una semana le mandó la madre de los niños a los secuestradores. Destila e inocula un drama realmente insoportable, enloquecedor. No hay una sola manera de leer ese escrito sin reventar en llanto solidario, de rabia compartida.

"Ustedes no se imaginan el daño tan grande que produce un secuestro en una familia, y, por ende, en una sociedad tan hermosa como la de Venezuela. Bajo el nombre de Dios y con el nombre de miles de madres en todo el mundo, les quiero decir: los perdono. No soy nadie en este mundo. Todos somos extranjeros en la Tierra de Dios. Sólo Dios y los representantes de El, perdonan. Pero yo soy el mundo para Bryan, Kevin y Jason, y tengo la suficiente autoridad de perdonarlos. No sé quiénes son y no sé dónde están o en qué trabajan, cómo viven o cuál su religión, pero sí sé que ustedes tienen padres, hermanos, familia o hijos... bajo esta relación familiar que cada uno de ustedes tienen con sus seres queridos, les imploro misericordia. Les imploro misericordia por Bryan, que como ustedes deben saber es un muchacho excepcional y buen alumno; excelente hermano mayor y un buen hijo. Aparte de todo, se va a graduar dentro de poco con sus amigos del alma. Misericordia por Kevin que nació tristemente con una cruz, que con todo el dinero del mundo no pudimos eliminar la parálisis de su vida, pero con mucho amor, fe en Dios, pudimos compartir su carga y hacerla más liviana. Misericordia por Jason, quien fue un enviado por Dios para ayudarnos con la fuerte labor de Kevin y créanme que sí nos está ayudando muchísimo desde que nació. Misericordia por Miguel que es un excelente amigo y gran padre de dos hermosas criaturas, luchador día a día... No estoy destruida como muchos lo piensan. No he tomado ningún tipo de calmante. Sólo he tomado el calmante de la oración y de la fe. Ahora es que tengo suficientes fuerzas para sacar adelante a esas criaturas que hasta ahora no se preguntan por qué fueron arrancadas de nuestras vidas camino a su colegio... Ya ustedes señores secuestradores conocen a mis hijos. Saben que no son malos y saben que nacieron para no ser negociados... Si Dios los escogió para finalizar con la misión de esas criaturas, no puedo hacer nada para evitarlo. No soy nadie delante de ustedes ni delante de Dios. Sólo les suplico que lo hagan rápido y mientras ellos duermen, les suplico que le den una foto de cualquier santo para que no se sientan solos. Lo único que puedo yo hacer de mi parte es rezarle a sus ángeles para que la subida al cielo, sea rápida y hermosa...".

Enviada por Gladys Diab, el 22 de marzo

martes, febrero 14, 2006

Guerrilla Semiológica

Marcel Granier exige excusas públicas a Ibsen Martínez para poder emplearlo


A ver, sirva la presente para evocar un no muy añejo episodio de la televisión venezolana que ya cruza la década. Era principio de los 90 y en Radio Caracas Televisión destrozaban la liga con el culebrón llamado “Por estas calles”, cuya autoría se le endilgaba a Ibsen Martínez, por mucho que un batallón de dialoguistas eran los verdaderos creadores.

Llegó el momento en que la telenovela debía cerrarse, pero como reventaba los índices de audiencia, los ejecutivos decidieron prologarla, a lo que se negó Martínez, quien, naturalmente, fue apartado del juego y así la truculenta historia continuó.

Pero no sin que Ibsen Martínez atacara inmisericordemente a los patronos de RCTV. Célebre aquella pieza de opinión en El Nacional en la que Martínez (por entonces ya no tan joven) destajaba a Marcel Granier. Y así consuetudinariamente: Granier fue retratado como un hombre sin escrúpulos capaz (literalmente) de asesinar a su madre con tal de conseguir los propósitos de la industria.

Granier se convirtió en el comodín de las mofas de Martínez. No había peor hombre en esta vida, se obtenía de los encendidos artículos del escritor de telenovelas.

Tan escaso de escrúpulo era Granier, que el propio Martínez habría de confesarlo (sin pudor): Para que se quedara tranquilo cuando lo apartaron de “Por estas calles”, la Fundación 1BC –que así esbozó el chiste- lo “becó” con el puntual y abundante depósito mensual de dólares. Martínez nunca rechazó la compra que de él hacía Granier. Al contrario, admitió que aprovechó la circunstancia para dedicarse a escribir una novela a la postre autobiográfica con la cual tuvo la aspiración de ganar el Rómulo Gallegos.

Un ejecutivo que paga para callarle la boca a su dramaturgo estelar no es otra cosa que un inescrupuloso, un ser ruin. Más o menos con estos mismos adjetivos Martínez atacaba a su subvencionador. Marcel Granier era una piltrafa humana, no se cansó de describirlo Martínez.


Por eso es que, al recordar aquellos capítulos que corrían en paralelo, resultan conmovedores dos escritos periodísticos recientes que rescatamos de El Nacional. Conmovedores no por Martínez (sino por la intelectualidad del país), ni por Granier, que ningún interés tendrá en querer dejar de ser el inescrupuloso que es (a fin de cuentas, su negocio es la televisión).

El 14 de noviembre de 2005, en la página B/12 de El Nacional y con la firma de Armando Coll, Ibsen Martínez es entrevistado. De la cosecha del periodista se dejan caer comentarios del tipo: “...canal del que saliera hace más de una década en no muy buenos términos”. Decir “en no muy buenos términos” ya es una edulcuración de la historia y pretende pasarle un trapito de dignidad al viraje que, ya verán, hace Martínez con Granier.

Otros comentarios de Coll: “...y en la que provocó mucha incomodidad a sus ejecutivos”. “...se dedicó a denigrar del medio y sus propietarios”. Más pretensiones de ablandar la historia y de este modo suavizar la terrible y penosa transición de Martínez, a quien ahora Granier le resulta un caballero, ni más ni menos. No, estimado Coll, el libretista no denigró ni incomodó, insultó con las fórmulas más soeces que a cualquiera puedan ocurrírsele.


En su nueva versión de lo ocurrido a principios de los 90, Martínez prácticamente retrata a Granier como un ángel.

“He hecho las paces con mucha gente. En el caso de Granier (...), se trató de un malentendido entre unos gerentes y un empleado. Incurrí en algo que siempre es muy fácil de hacer: la pataleta. Y el argumento era que siempre desvirtuaban los propósitos de un autor. Y siempre me hice el loco en las declaraciones públicas que hice con respecto a los esfuerzos de Granier por resolver este asunto de una manera operacional”. San Granier.

De seguidas Martínez literalmente suelta los argumentos con los que Granier debería llegar algún día al Vaticano.
“Yo cedí a una demagogia muy culturosa, que es hacer chistes a costa de Granier. Hubo un descomedida ensañamiento contra la figura de un hombre cuyo negocio es la televisión”.

Todo lo dicho por Martínez en esta entrevista con Coll (y lo expresado en su columna del 2 de enero de este año), tiene como propósito general el de hacer una dolorosa confesión, pero que suene suavecito: El irreverente libretista vuelve a RCTV, y no podía hacerlo sin hacer las paces con Granier, si me permiten el eufemismo.

Ocurre que versionará la televisión el libro “La criolla principal”, cuya autora es su mujer, la historiadora Inés Quintero:

“... se dio la feliz coincidencia de que, a sabiendas de que había interés por parte de Granier de adquirir los derechos, le hice saber por amigos comunes mi deseo de ser el adaptador (...) Granier y yo sostuvimos una muy estimulante conversación... No tengo talento para la telenovela. No tengo ni la destreza ni la paciencia”.


El 2 de enero la prensa tiene baja sintonía


Lo dicho, el 2 de enero pasado Martínez tituló su artículo “La criolla principal de Bárcenas a Río” (El Nacional, A//). Y discurre casi enteramente hablando de un software para libretistas, así como de la crucial diferencia entre un argumento y una situación dramática. Ya en las postrimerías, va al grano.

“Sucedió que el Grupo IBC se interesó por llevar el libro de Quintero a la pantalla... y a mí me han encomendado ocuparme del guión. Esto último habría sido imposible si Marcel Granier no hubiera pasado caballerescamente por alto todos los chistes de mal gusto y más de un despropósito que, a costa de su persona, y luego del memorable capítulo 218 de “Por estas calles”, me dediqué a hacer en mi airado articulismo de apedreador de vitrinas que cultivaba yo por entonces”. Este párrafo de Martínez debería engalanar el museo de la intelectualidad venezolana, en su sección de los lameculos.

Y el siguiente debería estar en la entrada del mismo museo:

“El día que hablamos del proyecto en sus oficinas de RCTV, hace pocos meses, le ofrecí las excusas del caso a Marcel, que es como todo el mundo lo llama en Venezuela, pero ello no tendría ningún valor, ¿no creen ustedes?, si no las ofreciera también desde mi página de los lunes”. Respiren hondo, tanto servilismo descompone.

¿Por qué no son suficientes las excusas en privado para Don Marcel? Ibsen mismo lo dice: porque no tendría ningún valor. ¿Valor para quién? Para Marcel Granier. Marcel quiere excusas públicas y eso es lo que está satisfaciendo Martínez, que lo hace un 2 de enero, cuando el rating de prensa está en su mínimo. Quiso hacerlo sin que mucha gente lo advirtiera, es todo.

La degradación de Ibsen Martínez está tan encausada, que en algún tramo se atreve a presentar ante sus lectores a Inés Quintero como ¡la hermana de Valentina Quintero!

Muy bien, señor libretista, hará la versión que le piden (o que usted suplica, a costa de la humillación) y lo triturarán en el rating. Y está bien que no tenga talento para los culebrones, pero los volverá a escribir chapuceramente cuando Don Marcel se lo ordene en privado, que es como suele maniobrar.

martes, enero 24, 2006

¡Caracas hermosísima!

Se está realizando esta semana en Caracas el VI Foro Social Mundial (otro mundo es posible). Las calles de Caracas están agolpadas de ciudadanos (en su mayoría jóvenes) de todos los confines del mundo, lo que impregna de frescor las imágenes que se observan de la capital. La avenida Bolívar está tomada por una megaexposición del Gobierno Nacional. Todo pulcro, ordenado. Supe que ayer se montaron sobre una tarima una buena cantidad de cantantes a deleitar a las juventudes. Entre ellos el salsero Jerry Rivera.

Como contribución al foro, en mi pequeño apartamento tengo alojados a: un joven matrimonio italiano buena onda que tienen montada una cooperativa; una chamo que es un periodista belga que trabaja en una revista que traducida se llama La Izquierda editada en Bruselas. A un profesor mexicano colaborador y de los más hacendoso (ya reparó el baño). A un escritor estadounidesen cascarrabias y malasangre que vive criticando la improvisación en la casa (ayer se molestó porque mí (el mío) papel higiénico se agotó y no había. Dos argentinos que conforman un grupo de teatro de calle, y un pure español que llegó ayer y que exige casi como que si estuviera pagando un hotel cinco estrellas. Menuda mezcla.

Todos duermen en colchones de aire individuales, aunque el español se posesionó del sofá-cama, para estupor de Eugene Gogol (el estadounidense). Este lunes Salvador (el mexicano) tenía las llaves y se fue a hablar con su familia por internet. Todos estaban esperándolo en la entrada del edificio sin poder entrar al apartamento. Querían lincharlo. Llegó a las 9 y pico y todavía anda arrastrando la pena.

Por eso desde acordamos que Eugene se quedaba con las llaves y garantizaba que a las 8 de la noche ya estaría en casa, así todos deben reportarse a partir de esa hora. Resuelto el problema.

Todos se alistaban para no perderse la marcha. Todo les impresiona. Salvador anda mono enseñando la foto que se tomó abrazado de José Vicente Rangel. A los italianos les sedujeron las urnas callejeras que el lunes arrastraban el cadáver del Magallanes.

El periodista dice que le impresiona la manera en que los venezolanos asumen la política. De Eugene no podría decir mucho, sólo que es inmamable... seguiremos informando.

lunes, enero 09, 2006

Una casa para siempre

Entre las vueltas que en diciembre alcancé a dar por el país, hice debida parada en Choroní nada menos que el mismísimo 31, haciéndole relajada compañía a entrañables amigos que por ahorita viven fuera del país.

Y la verdad es que debería cobrar entrada por relatarles cómo es el "cinco pa las doce" entre la aristocracia de ese pedacito de costa aragüeña (la vaina es de cuento). No es, sin embargo, eso lo que quiero compartir. Deseo descubrirles un lugar en el que Tarzán palidecería de impresión.

Más o menos diez kilómetros antes de llegar al pueblo (Puerto Colombia) está la entrada de lo que al rompe parece un ranchito precario (de la carretera no se ve, sólo se presiente que es un rancho). Por allí se bajan unos 300 metros a través de escaleras de bambú, y al llegar aquella vaina produce un shock de lo sobrenatural que es.

La artista Ana Isabel Villanueva (Ani, aquí pa los panas) construye un casita artesanal en medio de ese trozo del Henry Pittier. El panoroma juro que es para llorar y pedir a gritos quedarse allí para siempre. Una casa para siempre, pues (Vila-Matas dixit)

Ani cree en el desarrollo endógeno y allí brinda chocolate a quien la visita. Obsesionada por ayudar a sacar gente del atolladero que es la vida del miserable, conoce al pelo todos los problemas de los habitantes de Choroní. Anda fascinada con el resurgir de la fé en la gente a partir del alistamiento en la diversas misiones del gobierno. Ani sabe quién tiene problemas de alcoholismo y drogas en la zona, por decir algo; sabe quién está casado con quién y quién le echa los perro a quién. Ani sabe quién se roba las vainas.

Está habilitándole espacios a su precioso rancho para que gente que quiera dar cursos prácticos a la comunidad, pues more gratuitamente en su casa, que es una construcción muy a lo Tarzán. Habitaciones aéreas y rodeadas de un verdor que pa qué.

Instaló un budare en el cual poner a cocer la yuda pal cazabe y enseñar a los moradores de allí a hacer cazabe. Ani es militante de lo endógeno y, por supuesto, tiene un sembradío de yuca para contar con la materia prima. Matas de cacao por todo aquello. Malojillo para todos. Puro tronar de pajaritos y las culebras están a raya por *Lúa, la gata que hace tranquila compañía a Ani.

A pocos metros le pasa el río, lo que faltaba. Y justo frente a la ranchificación de Ani se forma una poza en la que también provoca instalarse vitaliciamente. Cualquier cosa tengo su teléfono y su dirección de correo electrónico.

*Luna en portugués

lunes, diciembre 12, 2005

Festival Nacional de la Canción Infantil Alí Primera

La verdad me siento como un loco que anda por algunos rincones de Caracas pregonándole a los amigos (que me ven con el mismo compadecimiento con el que se ve al loco) sobre la necesidad de que Farruco, entre los quincenales festivales variopintos que monta, coño, que fabrique uno que haga honores a ese ciudadano llamado Alí Primera.

Hace pocos meses lo dijo el vicepresidente José Vicente Rangel: "Alí Primera define la calidad del proceso revolucionario".

Es verdad.


Pero si tan verdad es, también es verdad que Alí Primera (por lo que yo alcanzo a teorizar) es una acentuada referencia musical y política para la generación de los 80, y digamos que también gasta los 90. ¿Pero qué con los niños de la presente generación y las venideras?

¿Quién les inocula el germen de las canciones de Alí? ¿Debe hacerlo la Revolución Bolivariana? Para que la voz de Alí Primera trascienda en lo infinito del tiempo habrá que esperanzarse de que el niño tenga unos padres revolucionarios.

Por eso la Revolución Bolivariana tiene el deber sagrado de resguardar por siempre a Alí Primera. Y a mí se me ocurre que ya va siendo hora que se haga en las escuelas. No en vano, de cada tres palabras de las canciones de Alí una era "Pueblo" y la otra "Revolución". La otra se la reparten entre Simón Bolívar y una metafórica (a veces no tanto) mentada de madre.


Farruco tiene la palabra, Aristóbulo seguro las acciones.

viernes, diciembre 09, 2005

Elogio de la tristeza

Busco y busco y no logro determinar a qué autor es que supongo yo pertenece la frase que he puesto de titular hoy. Pero si fuera que no pertenece a nadie, y que seguramente ha estado rondando en mi mente mucho tiempo sin que hasta ahora hubiera podido exorcizarla, pues bien, me celebro la ocurrencia.


Evoco el tema de la tristeza porque no hay mejor pincel para autoretratarme en estos momentos. Atravieso, como diría un narrador tropical, fuertes tempestades y, prácticamente, estoy dejando el timón a su antojo.

Desde luego, hace ya mucho tiempo que dejé atrás los pruritos que en un tiempo significaban el reconocerse una persona triste. "Ese muchacho sí es triste", alcanzaba a decir algún vecino malicioso, y acto reflejo trataba uno de colocarse una sonrisa de comercial de pasta dental para quitarse el bendito estigma de encima.

De hecho, pasado el tiempo y habiéndome hecho yo firme en la asunción de la tristeza como forma de vida, creo que logré cambiar algunas visiones de vida. Por ejemplo, el de una novia errática (valga el pleonasmo) a la que una noche aplasté como una cucaracha cuando me preguntó que por qué estaba triste.

Porque me gustaba, le dije, y vayan ustedes a suponer el desconcierto de la nena. Entonces saqué mis discursito según el cual la tristeza es el mejor de los estados de ánimos porque te mantiene sublimado y raptado. Que la tristeza, sin ir muy lejos, era una muy genuina manera de estar contentísimo. Al coño las convenciones.

Aquella mujer se desorbitó quietamente. Pero me compró la idea y cuando al cabo de muchísimo tiempo logro verla (cada vez más difícil, porque instaló nido de amor en México), me dice: "Gracias por la tristeza". Estoy triunfando, me digo cuando en ello pienso, porque mira que inocularle tristeza a una mujer es una misión extremo difícil (la mujer suele resolverlo todo con un gesto alegre).

Y qué decir de la cerrada influencia de Sabina en cuantiosas vidas. Sabina es una tristeza completica que camina sobre dos paticas. Tiene una frase elocuentemente criminal: "Perdonen la tristeza".

viernes, diciembre 02, 2005

Lisboa y Oporto

Ahora que en estos últimos días he vuelto a ponerme obcecadamente reflexivo en torno a mi vida (más de un año sin entrar en esos pantanos horrorosos), la nostalgía ha empezado a matarme lentamente como un cáncer, lo que me ha llevado a tomar el ciego atajo de desempolvar lecturas pendientes (lo que a veces amplifica la nostalgia, pero no importa).

Así topé en la habilitada biblioteca de mi casucha con una novela que tenía pendiente hace años, cuando le oí decir a un profesor de la UCV (del que pasados los años ya no me fío tanto) que la novela "El viaje", de Sergio Pitol, sin duda que calificaba entre las obras señeras del paraje latinoamericano. La busqué y hete que al día siguiente la prensa revienta que Pitol ganó el Cervantes. Qué poder de invocación.

Ahí la tengo, a tiro, a mano, para cuando una noche de estas la nostalgía me mantenga vivo el sueño, asirla en penumbras y tomarla. Mientras ese capítulo sucede, evoco constantemente a "El viaje vertical" de Vila-Matas, una pieza verdaderamente deslumbrante.

Si a mí me pusieran boca a abajo y me dijeran que no me soltarán hasta que diga qué novela pondría yo sobre la mesa como obra maestra, con el perdón de mi ignorancia colocaría "El viaje vertical" (exceptúo para cualquier caso "Cien años de soledad").

Entre otros detalles porque me resulta un monumento a la nostalgia y a la originalidad. Leer ese viaje es aprender a amar a Lisboa, a Oporto. Vila-Matas sugestiona un amor sublime y lacerante hacia esas ciudades.

martes, octubre 04, 2005

Noticias desaparecidas

Tengo ya un buen tiempo sin leer en los periódicos acerca de un robo a banco. ¿Será que los ladrones ya no se conforman con lo poco que consiguen en caja? ¿O qué es lo que en realidad está pasando? ¿Será que los desaliñados reporteros de sucesos ya consideran un caliche atroz los atracos a bancos y por eso no los escriben? Qué angustia.

jueves, septiembre 15, 2005

Carne fresca

El Sabina tiene nuevo disco

martes, agosto 23, 2005

Muestrario del mejor periodismo venezolano

Recientemente la Conferencia Episcopal Venezolana le concedió a Roberto Giusti una placa como "periodista del año".

Giusti es opinador de El Universal, y tiene el raro privilegio de que sus opiniones son puestas en las páginas dedicadas a la información del día. Ocasionalmente lanza extensos textos opináticos que son presentados como reportajes, otro privilegio extraño.

Giusti se declara antichavista, y se supone que aún así él espera que la gente le mantenga credibilidad. Pero tiene sus trucos Giusti, o tiene uno: puesto en trance de responder si se reconoce como periodista opositor, sale con su maniqueísmo estelar: Si tengo que escoger entre democracia y Hugo Chávez, pues sí soy parcializado, estoy con la democracia. Entre otras vainas, es una respuesta cobarde, servida para mentes inhábiles, infecundas. Giusti provoca orgasmos en Primero Justicia cuando así responde.

Lo anterior viene a cuenta de una entrevista que este lunes sale en la 1- 8 de El Universal calzada con el nombre de Roberto Giusti y a nombre de Fermín Mármol León, ex director de la vieja Policía Técnica Judicial y autor del libro "Cuatro crímenes, cuatro poderes".


El título de la entrevista dice: "VENEZUELA SE CONVERTIRÁ EN EL PARAÍSO DEL NARCOTRÁFICO".

Se pone el lector a hallar el sustento de tal expresión y es al final cuando aparece algo que parece darle un mínimo soporte al titular. Que sólo parece.

En su última pregunta Giusti indaga así: "¿Se convertirá Venezuela en paraíso del narcotráfico?".

Y Mármol León que responde: "Exacto".

¿Qué tenemos ahí? Giusti pone a su entrevistado a decir lo que él quiere. Estrictamente hablando, el titular empleado por Giusti es una falsedad, puesto que según su propia entrevista Mármol León no llegó a pronunciar que "Venezuela se convertirá en el paraíso del narcotráfico".

El titular de Giusti está entrecomillado, y he allí lo verdaderamente grave (además del irrespesto que ello le supone a Mármol León, de quien no cabe esperar un reclamo al periodista). Este es Giusti, periopolítico que es estereotipo de otros y gloria de la Conferencia Episcopal Venezolana, amén.

domingo, julio 17, 2005

Gualberto Ibarreto está de regreso

Hoy estuvo Gualberto Ibarreto en el evento del Teresa Carreño "Venezuela, cantos de la tierra". Realizó un verdadero performance en apenas dos canciones ("guácara me dan por nombre, mi forma es de caracol" y "ah cuerpo cobarde cómo se menea, yo tengo una pea que Dios me la guarde"). El ex profeso entrelíneas del cantor dejó saber que volvía, que estaba ideológicamente de regreso a casa, con su público de toda la vida.
Habló de sus problemas de alcoholismo y pidió al público que lo quisiera por siempre, y que cuando se portara mal lo regañara, pues él era un derecho adquirido de propiedad del pueblo venezolano.
Citó que él no había guardado correspondencia con el cariño que le tiene el pueblo, y enseguida cundieron los aplaudos en lo que pareció una aceptación del regreso a su casa. Gualberto paraba de cantar a medio vamino y se plantaba frente al público a explicar pasajes del tema y luego, súbitamente, arrancaba acompañado después en los coros por gente como Cecilia Todd y Marina Bravo, de Pomarrosa.
El vozarrón eterno que el licor no ha mellado (todo lo contrario), la correctísima, la emotiva, la espeluznante pronunciación, el claro dominio de la escena, de sí mismo. ¡Carajo, ahora es que queda Gualberto para rato!

El evento, en general, estuvo memorable. Hermosa la escenificación de Serenata Guayanesa con la Pulga y el Piojo. Fenómeno lo de "Caraota, Ñena y Tajá". Crsitóbal Jiménez, María Laya...Bien todos, bien todo. Cero por ciento de desperdicio. Que se repita. Que se repita en las plazas. Un domingo muy diferente, excelente las imágenes de fondo según la ocasión.

jueves, junio 30, 2005

Teodoro Petkoff como problema

Teodoro Petkoff como problema


Teodoro Petkoff ha bautizado recientemente un libro titulado "Dos izquierdas". No lo he leído. Pero podría hacer un certero resumen de lo que allí encontraría: que la izquierda afiliada al chavismo es borbónica porque ni aprende ni olvida, y que hay una diferencia diametral entre la izquierda que representan Chávez y Castro y la que encarnan Lula, Kirchner y Lagos (porque a Petkoff Lagos le es de izquierda). Esto es todo lo que hay en ese libro, no tengo ninguna duda. Lo encuentro obvio porque es lo que ha venido diciendo el novicio editor en los últimos años, con lo cual no hace sino recoger lo que balbucea una reducida intelectualidad acomodada hacia la derecha.
Lo de borbónico porque ni se aprende ni se olvida creo que lo tomó Petkoff de Roberto Hernández Montoya, presidente del Celarg, quien post golpe de Estado y en una comparecencia en el teatro Chacaíto aplicó el fraseo a la cadena de torpezas cometida por la oposición, que parecía no reparar ni aprender de sus fracasos anteriores para seguir cometiendo una torpeza tras otra. Fuerza, pues, Petkoff la frase de la que literalmente se enamoró. Se enamoró porque en cada entrevista que da o programa que hace o editorial que escribe, se acuerda de lo borbónico y lo expresa con el mismo éxtasis de quien acaba de descubrir el agua tibia. Con la frase, a Petkoff le sucede lo que al que escucha una cita célebre que por siempre recordará. Pero la ocurrencia primero es de Hernández Montoya, hasta que llegó a oídos de Petkoff, quien repitiéndola insaciablemente busca patentarla. Anda Teodoro como el loro viejo: repitiendo. Por lo demás, la frase no es ni remotamente aplicable a la izquierda chavista, que vive aprendiendo a gobernar con paradigmas y a olvidar las chapucerías de sus adversarios.
A lo segundo: Cuando Petkoff trata de establecer la rayita entre Chávez y Lula, busca vender la idea según la cual no debe creerse que sea el presidente venezolano precursor de los vientos de cambio que azotan todo el continente y algunas partes del mundo. Es decir, afirma Petkoff que Chávez es consecuencia y no causa. Miente. Miente con la misma facilidad con que mienten los chicos de Primero Justicia y mentían los hoy carcamales de Acción Democrática.
Porque este cuento comenzó en diciembre de 1999. Hasta entonces era inimaginable que alguien en la vida le pegara un grito al gobierno de Estados Unidos o al menos se hubiese resistido a una orden del mismo país. No. Antes que Lula llegó Chávez y comenzó a suplicar la necesidad de hacer un bloque sub continental. Lula llegó en el 2002, tres años después, y se ha unido a Chávez, a diferencia de lo que afirma Petkoff.
Porque si a ver vamos, si la cosa es por Lula, ¿por qué no había llegado a la presidencia las tres veces anteriores que lo había intentado?. Lula llegó tres años después, hay que tener eso claro Teodoro, cuando ya Chávez no sólo se había declarado adversario firme de la oligarquía, sino antiimperialista, que es la fase superior del combate ideológico y que da cuenta de una oligarquía nacional incapaz de rivalizar con Chávez. ¿Qué ha hecho Lula que haga pensar a Petkoff que está liderizando el proceso izquierdista del continente? Nada menos que plegarse a la posición venezolana. Con todo, todavía en Brasil el uno por ciento (1%) de los habitantes de ese gigante amazónico es dueño del cuarenta y seis (46%) de la tierra. Eso no es izquierda. No hay un Instituto Nacional de Tierras en Brasilia. Pero el Partido de los Trabajadores (que no necesariamente Lula) no puede bajarse los pantalones frente a Estados Unidos.
Si dos cosas son Chávez-Castro y Lula-Kichner, ¿por qué Brasil no lideró el combate contra la grosera pretensión de poner a la ONGS a avalar las democracias? Todos los medios y periodistas habilitados en Florida admitían y escribían que la polarización era de Estados Unidos y Venezuela, pero en Venezuela (y Petkoff incluido) se inventaron los mejores sofismas para ocultar esa verdad tan histórica.
Teodoro, bien visto, sí hay dos izquierdas, la que representa Chávez con sus aliados del continente y el mundo, y la que visionas tú en Venezuela junto a un grupito que habiendo militado en partidos y movimientos presuntamente socialistas, jamás lograron reunir un saco de votos. En el fondo lo que te sacude es el resentimiento de no haber sido tú. Y te secundan pretendidas voces intelectuales mediáticas como César Miguel Rondón, quien el 12 de abril te dijo en tu cara que había que echarle una mano a Pedro Carmona Estanga una vez que El Breve ya había pulverizado la democracia venezolana con sus “considerandos”. O como Ibsen Martínez, quien no vive sino haciendo loas de ti, el mismo que el 20 de abril se vomitó contra los mismos medios en los que sigue viviendo acomodado. Ese ha sido el signo recurrente de tu izquierda: la que cohabita cómodamente con la oligarquía y que de vez en cuando le suelta un gritico que le ha sido autorizado. Dicho aquí de paso, te refresco un comentario antológico de César Miguel Rondón: "Yo volveré a ser de izquierda cuando salga Chávez". Ahí te queda esa perla para el sociólogo que pueda haber en ti.
Supongo que Petkoff también dirá en su libro que socialista arrecho es Pompeyo Márquez, a quien en las postrimerías de su vida Petkoff usó para pretender hacer polarizar a Chávez con un izquierdista de pura cepa. Para tal propósito convocaron a Ibsen, quien de lo más inocentón apeló la dramaturgia que bien conoce para decir que como Santos Yorme no ha habido otro en este país, que era un héroe de la lucha contra Pérez Jiménez y dijo a quienes lo leen que si ustedes vieran visto cómo ese hombre escapaba de la peores encerronas policiales y de cómo todos los luchadores sociales de la época lo simbolizaban. Todo para que, en efecto, Pompeyo encabezara toda tribuna de la Coordinadora Democrática para leer y declamar el libreto enviado desde los canales de televisión. Pompeyo fue otra parada tuya. Eso sí, jamás te atreverás a salir al ruedo a decir “Chávez, ahora somos tú y yo”. Deseas, es tu delirio, y así lo has llegado a decir, que la derecha te aclame como su opción. Eso sí que es ser reaccionario.
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¿Cuántos gritos, cuántos fó le hizo el gobierno izquierdista y socialista de Caldera a Estados Unidos? ¿Qué acto de socialista rebeldía cometió su ministro de Planificación contra Estados Unidos? Sólo callaron. Esa es tu izquierda, la que calla y lo otorga todo y lo que no tiene. Teodoro, es la misma izquierda del MAS que fundaste: un movimiento al socialismo que se mueve al ritmo que le ordena la derecha desde la televisión.
Fíjate a lo que has tenido que recurrir: a buscar una izquierda importada para enfrentarla a Chávez. ¿Es que no hay gallo en el patio? Porque en el fondo, en tu libro lo que debe haber es una voz alter ego que nos dice que una cosa diferente y fea es la izquierda de Chávez y Castro, y otra muy distinta y bonita es la de Lula, Kichner y la tuya, porque aspiraciones presidenciales tienes, no lo vas a negar.
Chirac y Zapatero, que son socialistas, son amigos de Chávez. Blair que es socialista enemigo de Chávez y amigo de Bush, es amigo Petkoff, es ilusión de Petkoff. Seguramente en tu libro Blair está presente como modelo de gobierno de izquierda y ejemplo a seguir. Tu libro dirá que Evo Morales no es de izquierda, que Lucio no se sabía pero ahora que ha caído como lo hizo pues sí era izquierdista del ala Chávez Castro. López Obrador déjame ver, espérate un poquito, no vaya a ser que hoy diga que es como Lula y mañana tenga que reclasificarlo si llegara a guiñarle ojos al presidente venezolano.
Dice Tulio Hernández que la zanja trazada por Teodoro diferencia a una izquierda retrógrada y la otra moderna porque negocia, una izquierda de mercado (¿al mejor postor?) . Lo cual hasta cierto debe ser, porque sin Chávez hace un buen rato ya se hubiera negociado el Alca y desde enero pasado los pueblos latinoamericanos lo tuvieran clavado en la espalda. Cierto que a Brasil no le interesa el Alca, pero sin Chávez se habría limitado a negociar unos puntos y allí tendríamos el Alca, propuesta que comenzó a gestarse durante el gobierno de Caldera que ni pío dijo. Lula y Kirchner jamás se han reconocido de izquierda, Teodoro les asigna esa categoría. Teodoro dice que Lagos es socialista. Já.
Si tanto es de izquierda, ¿cómo ha materializado Lula ese perfil? Lo dicho, el 46% de la tierra de Brasil en manos de la oligarquía. Lula comulga, rinde pleitesía al liderazgo continental de Chávez. Dirá Teodoro en su libro que desde Brasilia jamás saldrá un grito hacia Estados Unidos. Pero Estados Unidos sí se lo pega a quien le dé la gana, incluso al gigante Brasil. ¿O es que se va a ignorar que Chávez estuvo como tres años gritando solo en las cumbres de la OEA sin que Brasil ni Argentina ni Paraguay ni Chile dijeran presentes?
Pero hay un hecho crucial que Petkoff ignora. Estoy seguro que lo ignora. En
la cumbre OEA de Fort Laudardale ¡Brasil y Argentina! solicitaron discutir el regreso de Cuba. Como lo dijeron Lula y Kirchner, eso es demostración de amplitud, de democracia (porque Teodoro dice que hay una izquierda democrática y a la otra no la define ni como no democrática ni como antidemocrática, la deja ahí). Pero de haber sido chavista la propuesta, entonces Teodoro gritaría ¡ahí está, yo se los he venido diciendo, Chávez pidiendo el regreso de su amigo Castro!
Teodoro también desconoce al Kichner alzado, el que vocifera contra el FMI, el que dice las vainas tal cual las piensa sin esperar que los asesores (maña derechosa) se las arreglen. ¡Kirchner tiene la impronta chavista para qué negarlo!
Una izquierda democrática, dice Teodoro, una izquierda que instiga y celebra golpes de Estado y otra que hace muchas elecciones y las gana, otra que se somete un referéndum histórico y vapulea. La izquierda de Chávez no es moderna ni negocia, ¿por qué las trasnacionales no se fueron corriendo despavoridas? Visto está entonces que la izquierda chavista se lleva bien con el mercado. Pero a Petkoff solamente le parece retrógrada, ha de ser porque vive imponiendo hito tras hito, como desocupar a Estados Unidos de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA para sentarse Venezuela. Los anteojos de Petkoff no ven esto. Teodoro ve a una izquierda que no va al mercado, la misma que vende todas sus propuestas en la Asamblea de la OEA y la misma que hace doblar la cerviz a medio continente diciéndole que no a Derbez y a su mánager.
Ojalá pronto Teodoro salga con un libro cuyo título le proponemos: "Las muchas derechas". Y así hablaría de cada uno de los partidos que hacían vida en la Coordinadora Democrática. No creo que llegue a tanto, Teodoro y sus amigos no ven derechismo en Venezuela. A veces ven a "cierta oposición" sin jamás nombrar a nadie. A Teodoro, por ejemplo, a Tulio, por ejemplo, a Ibsen, por ejemplo, les da frío en las bolas decir que Primero Justicia es una organización del extremo neoconservador. De hecho hay dos derechas: Primero Justicia y el resto. Una que usa colonia y aparece en televisión, la otra que usa pachulí y muy de vez en cuando sale en pantalla.Teodoro y sus acólitos presuntamente intelectuales se dicen de izquierda pero que en televisión les dá pánico decir que son de izquierda.

jueves, junio 09, 2005

Estoy vivo

A pesar de las ausencias

jueves, abril 21, 2005

Todos quieren con Marilyn

Sigo cotidianamente las incidencias de una telenovela que Radio Caracas Televisión pasa en las noches llamada "Todos quieren con Marilyn". Es de factura colombiana, pero la estelarizan dos venezonalos. No me acuerdo de ella, pero el tipo es el mismo del famoso video en el que sale con la actriz catira que le mete los cinco dedos por el culo.
Bueno, la historia es ahì regularzona, divertida por encima del promedio (nunca compararse con "Betty la fea".

Pero hay un personaje que me tiene encantado. Trabaja como fichera y se hace llamar Brigitte. Me gusta no sólo porque es bien bonita y está reqetebuena, sino porque actúa con desenvoltura y gracia, con natarulidad, espontaneidad. En fin, que me las creo todas.
Pero muy en el fondo yo me decía de que alguna otra parte o novela conocía a Brigitte. Al cabo de dos meses lo descubrí: Brigitte es la misma tipa que trabajò en "Pedro el escamoso". Era la hija de la señora puta que tenía dos hijas, una de las cuales mojigatona que estaba sinceramente enamorada de Pedro.
Una vez hecho el descubrimiento, vino la reflexión: Carajo, qué en serio se toman los actores y actrices colombianas su trabajo, mira que sudar piedras para reconocer a una actriz de un trabajo a otro! Lo mismo el homosexual Hugo Lombardi de "Betty la fea": Cómo sospechar que el actor en verdad no era marico en la vida real?

jueves, abril 14, 2005

Machismo femenino

Contó Margareth Cornivel que antier venía apretujada como todo el mundo en el Metro y que iba un tipo aparentemente solo y de pie que aparentemente intentó meterle mano a una mujer que al percatarse de la presunta intención le metió unos pescozones al susodicho que no dijo nada pero sí una mujer que al ladito venía y que se erigió para reclamarle a la otra: "Un momentico que a mi marido sólo le pego yo".

martes, abril 05, 2005

Anécdotas del mejor periodismo

Un amigo echaba en estos días un cuento según el cual un pana suyo, en los primeros años como reportero, fue mandado a las afueras de Caracas a localizar el epicentro de un terromoto que había azotado a la ciudad. Se fue acompañado de un veterano fotógrafo.

Llegaron a la localidad y empezaron a preguntar. Las indicaciones los llevaban a internarse más y más hacia la zona rural, hasta que el reportero gráfico detuvo aquella locura con otra genialidad. Le dijo al periodista que se pusiera delante de su cámara señalando con su dedo hacia el suelo. Foto de primera plana con la siguiente leyenda: "Nuestro periodista Funalo de Tal señala el epicentro del terremoto".

La anécdota me disparó hacia otras, que me concedió el legendario reportero gráfico Pepe Sánchez. En los años cimeros del periodismo de sucesos, la foto de un cadáver caliente valía oro en polvo. Quien primero llegaba a la escena del crimen, se garantizaba sus imágenes y acto seguido entraba en candente proceso de negociación con los familiares de la víctima para que le permitiera esconder el cuerpo del resto de los reporteros. La táctica consistía en meter al muerto en la maletera del carro y regresarlo al final de la tarde, cuando los demás hubiesen desistido de sus pretensiones por agotamiento.
Pero cuando el cadáver ya estaba recogido, entonces la bursatilidad se orientaba hacia las fotografías en vida del asesinado. El que primero llegaba, trataba de alquilar las fotos hasta el día siguiente, cuando ya el tubazo estuviera consumado.

Pero la joya de Pepe Sánchez es esta: el grupo de reporteros y fotógrafos estaba cansado de recibir coñazos informativos del equipo de El Nacional. Por eso, en una ocasión en que se enteraron de la localización de un cadáver en una población enmontañada vecina a Caracas, todos partieron a echar la foto sin avisarle a la gente de El Nacional, que se enteró con una hora de retraso.

La avanzada no consiguió nada y al cabo de una hora desistió. De regreso consiguieron a los representantes de El Nacional, a los que le informaron en coro que ya estaban jodidos, porque ellos habían tomado las fotos y el cuerpo ya había sido retirado del sitio. Buscaban así mofarse de El Nacional y, por si acaso, hacerlo retroceder, no fuera a ser que terminaran encontrando al muerto.

Periodista y fotógrafo de El Nacional, sintiéndose tubeados pero sin confesar ese pavor, dijeron que continuarían de todos modos. Se internaron por la zona boscosa y la búsqueda afanosa por supuesto que no concluyó en nada.
Hasta que la locura raptó la mente del fotógrafo, quien le ordenó al conductor que se echara al suelo, donde lo regó de hojas secas y ramas. Click. Tubazo histórico. Al cabo de 30 años todavía dolía quejode.